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Destruyendo El Espino, Bukele confirma el fraude electoral

Por Leonel Herrera*

La negativa presidencial de atender la petición ciudadana de frenar la destrucción de la Finca El Espino, trasladando la construcción del nuevo CIFCO a otro lugar, contiene un dato muy revelador: el bukelismo no teme costos político-electorales.

Es decir, además de confirmar su vocación por la destrucción ambiental y mostrar su desprecio por las demandas de la población, Nayib Bukele no teme que el descontento por la depredación del “último pulmón de San Salvador” le pase factura en los comicios de 2027.

Y esto debería llamar la atención y aumentar la preocupación de la ciudadanía por la falta de garantías, legalidad y transparencia de dicho proceso electoral.

Cualquier gobierno se habría detenido ante una campaña que recogió cientos de miles de firmas electrónicas y cuyos mensajes alcanzaron millones de visualizaciones en redes y plataformas digitales; más aún si se trata de uno, como el de Bukele y sus hermanos, tan susceptible al deterioro de su imagen en redes sociales. Pero éste no lo hizo, ignoró una campaña de tal magnitud y decidió correr el riesgo de los costos políticos por no escucharla.

Como cuando dijo que cerraba y después mantenía el hospital de animales “Chivo Pets”, Nayib Bukele habría dicho que -por los miles de mensajes en redes sociales- revisaría el proyecto y consideraría su reubicación en otro sitio. Pero no: esa misma noche envió maquinaria y trabajadores del Ministerio de Obras Públicas a deforestar el lugar.

¿Por qué semejante exhibición de prepotencia? Claramente es porque, además del mensaje de que no va a ceder en ninguno de sus proyectos y mostrar que con él no vale protestar, el gobernante autoritario no teme que miles de jóvenes indignados por la destrucción de El Espino vayan a votar contra él y su partido el próximo año.

Y la razón de esto es clara: Bukele y sus cómplices tienen tan controlado el sistema electoral y asegurado el fraude, que no ven posible perder parte del poder que concentran, aún cuando la juventud descontenta se volcara a dar voto de castigo. Por eso la destrucción de El Espino confirma el fraude del proceso electoral de 2027.

Esto es altamente peligroso porque, de igual manera, el bukelismo podría no temer a costos electorales por la minería metálica y avanzar en la reactivación de esta nociva industria extractiva antes de las próximas elecciones. De hecho, eso parecen confirmar actividades sospechosas en la mina San Sebastián en La Unión y amenazas de desalojo contra comunidades pobres cerca de la mina El Dorado en Cabañas.

Por eso es urgente aumentar la conciencia ecológica e impulsar estrategias efectivas de resistencia contra la contaminación y la destrucción ambiental. Para esto se necesita un “cierre de filas” de todos los sectores del país frente a las políticas antiambientales del actual gobierno que ponen en serios peligros el agua, los ecosistemas, la salud y la continuidad de la vida de las presentes y futuras generaciones.

Semejante desafío requiere un pacto nacional por la vida gravemente amenazada por la reactivación minera, la posible instalación de plantas nucleares, la importación de desechos radiactivos y la destrucción de ecosistemas en El Espino, la Cordillera El Bálsamo, el Volcán de San Salvador, Valle El Ángel, el Lago de Coatepeque, el Lago de Ilopango, la zona costera y otros lugares del país.

En este sentido, la realización de la vigésima sexta edición de la Caminata Ecológica, el pasado 5 de junio, en el marco del Día Mundial del Medioambiente, resulta muy esperanzadora. La movilización, convocada por las iglesias ecuménicas y la organización franciscana Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC), reivindica la urgencia del cuidado de la “Casa Común”.

El camino es, pues, la organización y la movilización ciudadana.

*Periodista y activista ambiental.

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