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Del libro inédito “Un Alma Frente al Espejo”

Por Julio Enrique Ávila

 LA NUEVA PRIMAVERA

Lo comprendí aquella fría mañana de enero. Un viento impío ha desnudado de sus flores a los maquilishuats…. ¿Cuántas almas, tras el aquilón de la vida, habrán quedado sin flores y desnudas como los maquilishuats?…. ¿Tendrán estas almas otras primaveras o se quedarán mustias para siempre….?  ¡Qué terribles los huracanes de la vida y qué indefensas las almas!

Sin embargo, admirable destino, todo tiene un hondo sentido que no comprendemos. Los árboles quedaron desnudos y las almas mustias; pero en la tierra hay alfombras de flores para los pies descalzos, y en los espíritus, tras el dolor, atisbos de la Verdad, de la Verdad eterna.

Y todo vuelve a su origen. Las flores y las hojas caídas se tornarán en polvo y volverán a las raíces y subirán por los tallos y serán en las ramas, nuevamente, gloria de color y de fragancia. Y los dolores y las desilusiones se tornarán en lágrimas, y luego en nubes y más tarde tras largo caminar, en agua transparente; y al regreso de la experiencia –pozo profundo, filtro invulnerable- esa agua cálida calmará la sed del corazón reseco y le abrirá horizontes nuevos y gozos perennes e insospechados, en los cielos de la serenidad.

Es cierto, hay un momento de loca zozobra. Las ramas harapientas, crispadas bajo el sol, semejan el estertor de una agonía; y los hombres buscan, temblorosos, el cañón de la pistola o el veneno o el pretil del puente. Mas luego se llega a gustar la pena, se le ama, y entonces empieza el camino verdadero de la vida. Entonces es la resurrección: ¡La nueva primavera!

 

PARÁBOLA DEL CARACOL

 

Que sensación tan rara de vacío, de caminar por una senda perdida, de ceguera del presente y claridad deslumbrante del recuerdo, de vivir en un momento lejano, ignorando e ignorado de todo lo que hay en derredor….

Siento que el aire se ha hecho tan tenue que se escapa de los pulmones, que la luz se ha hecho tan opaca que no la miran los ojos, que la carne se va desgajando de mis huesos como esas flores frágiles que de solo aspirarlas se deshojan. Me siento esqueleto, esqueleto dentro del cual se ha quedado preso mi espíritu como se quedó la música del mar dentro del caracol abandonado….

Un impulso, un aletazo nada más, y la liberación se habría consumado, pero….

Muchas veces he sentido ansias de destrozar los caracoles que caían en mis manos para libertar el gran rumor prisionero, pero he pensado luego que ese rumor volvería al mar y me quedaría sin el caracol y sin el sortilegio. Así, tampoco me he atrevido a destrozar este inútil esqueleto por miedo a perder la música del espíritu prisionero que tornaría a fundirse en el alma universal. Ese temor a perdernos, a no encontrarnos más, nos ha hecho inventar la muerte y ponernos a temblar de sólo imaginarla….

Este absurdo concepto del Yo, concebido como algo aislado, completo en sí mismo, y no como el aliento o la expresión de un Espíritu Supremo, es la raíz de nuestro egoísmo, de nuestro trágico egoísmo. Después viene el concepto material de pensar en nosotros sólo como individuos, como seres permanentes, en lugar de comprender que somos formas transitorias, gotas de agua que venimos y habremos de volver al torrente de la vida del universo.

 

PARÁBOLA DEL MAR

 

Si…. Un poco de humildad….

¿Nunca has sentido compasión frente a este titán orgulloso y colérico que se llama océano? ¿No te ha estremecido la piedad al comprender que ese continuo vaivén, preñado de amenazas, es una continua derrota? ¿Qué su poder, su fuerza, su voluntad de conquista, todo lo que le hace creerse omnipotente, no es más que humilde e incomprendida servidumbre? ¿Que la luna, los vientos, la tierra que lo moldea, lo manejan a su conveniencia? ¿Que ese ajetreo sin descanso, ese bregar eterno, esa tortura demoníaca, no ha podido siquiera vencer la dictadura humana, la débil dictadura humana?

Y sin embargo el mar tiene todo el aparente esplendor de la libertad, de una libertad desenfrenada, capaz de imponer su ley y su capricho. Desmenuza la heroica resistencia de la roca; arrasa la confiada aldea de los pescadores, indefensa a sus orillas; abate al navío que se pasea en sus espaldas, imprevisor y altanero. Pero…. se arrastra como un perro para lamer las plantas del ciclón y se rinde a la luna como la fiera al domador.

Me imagino la fatiga enorme con que este mar abierto anhela un remanso, una rada tras de seguro malecón, donde soñar un tanto en el crepúsculo y acariciar sus maravillosas riqueza interiores, olvidadas en la brega: la magia de sus mandrágoras, la sangre viva de sus corales, y las lágrimas hechizadas de sus perlas!….

Tú y yo, amigo mío, somos algo así como dos mares abiertos, en apariencia fuertes y grandiosos, mas en realidad sumisos ante el huracán de las pasiones. De lejos plácidos y serenos, envueltos en una clámide azul que nos hace bellos, de cerca turbulentos y desgarrados. Por fuera alegres, con esa jocunda alegría de los mares, pero por dentro, si alguien quiere gustar esa alegría se encontrará con que nuestras aguas son amargas, irremediablemente amargas….

Todo lo que se sumerge en el seno del mar es manchado y carcomido, aún el hierro es corroído por su óxido; todo lo que nuestras manos y nuestros pensamientos acarician también es manchado y corroído. Somos el egoísmo. Todo lo manchamos. Si un sediento nos demanda un sorbo de agua, le llenamos su cuenca de sal y de amargura!

¿Quién creería que allá dentro muy dentro, también tenemos tesoros increíbles de bondad, de pureza y de fe? ¡Quién lo creería! Es más fácil ponerse la escafandra y descender al fondo del océano a tomarle sus perlas escondidas, que, buzos de nosotros mismos, bajar a lo íntimo de nuestros espíritus a conocer los tesoros intactos que se pierden….

Tenemos miedo. El miedo es la raíz del egoísmo…. Y si somos infinitamente egoístas, es porque somos infinitamente cobardes….

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