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Del libro “El Mundo de mi Jardín”

Por Julio Enrique Ávila

 

MARIPOSAS

 El capullo ha quedado vacío. Un nuevo par de alas ha venido a visitar las corolas: ¡maravillosa evolución la de las mariposas!

Primero, sufren la prueba de ser bajos gusanos, de arrastrarse. Luego, se alzan en el vuelo… ¡A pintar los espacios con las acuarelas de sus alas!

En los hombres, la evolución es invertida. Primero, son rebeldes, con los ojos mirando a los luceros y el espíritu quemándose en la lumbre de la quimera… Luego, acaban pegados a la tierra, como los gusanos… ¡Con las alas estrujadas entre un talego de oro!

 

MARTIN, EL TITIRITERO

 Martín, et titiritero, era rico: tenía voluntad. Tenía salud. Tenía menos de treinta años.

Además poseía un blanco toldo de lona con el que levantaba su tienda en cualquier campo y mirando hacia cualquier horizonte…

Pero… Era tan pequeña su vivienda, que, a más de él, solo cabía un rayo de sol… ¡El que lo despertaba en las mañanas!

Una noche se desencadenó el aquilón. En la ciudad vecina arrasó palacios y residencias. De los ricos moradores, unos perecieron sepultados, otros fueron recluidos en los manicomios, y los más dichosos, andan todavía por esas calles, lamentándose de su miseria… Llegó el aquilón a la tienda de Martín; y, sin despertarlo, arrancó el blanco toldo de lona. Primero lo hizo curvarse como una vela; luego lo agitó más lejano, como una bandera de paz; y por último, ya pequeño, pequeño, como un pañuelo que dice adiós…

Cuando Martín despertó, por la mañana, solo dijo, maravillado:

¿Cómo ha podido caber todo el sol en mi vivienda?

 

 EL MÁS ALLÁ

 -A mi espíritu le acongoja un llanto interior.

-Por qué? ¿Decepción, fracaso, tortura, alguna cima que no se alcanza?

-No. Es algo tan poco, que no sé…

Esta mañana, el cielo estaba límpido. Pronto aparece por Oriente un leve punto negro. Se agranda. Se distingue un par de alas que baten el espacio con un ritmo preciso. El ave llega al cenit y continúa hacia el Occidente, recta como una flecha, sin vacilaciones… Se achica. Torna a ser un punto negro. Se pierde en el sol…Y el sol vuelve a quedar límpido… ¡Esa es la causa de mi congoja!

-¿Cómo?

-Sí… Aquella ave que ha encontrado el camino de la luz y le sigue sin temor… ¡Mientras mi espíritu está todavía en las tinieblas, muerto de miedo…! Ese leve punto negro es la causa de mi congoja!

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