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¡CREZCA FECUNDO EL ARBOLITO!

Álvaro Darío Lara

Escritor y docente

 

Como nada. A tropezones. A tientas. Por gracia de dios o del demonio, como gustaba decir Lorca, hemos llegado a los 197 años de nuestra flamante “independencia nacional”. Próximos estamos al esperado bicentenario, este sí, más firme históricamente, que el recién pasado – el del primer grito- que poco o nada dejó de bueno entre nosotros.

“Y a 197 años…”, como empiezan los gordos y acalorados discursos de estilo, el saqueo de la cosa pública es ahora, gracias a los medios y a la presión foránea, más conocido y escandaloso que nunca. Mala fe es lo que, por desgracia, parece más abundar, que virtud ciudadana, y esto es dolorosísimo, para quienes, quizá por ilusa convicción, seguimos creyendo en la dignidad, la honradez y esas cuestiones.

Pero, evidentemente, este mal no es nuevo. Ya los mayores nos dejaron constancia de los pecados de algunos hijos de esta República, afincada en el corazón del trópico.

Yendo entonces, a la pluma elegante y castiza del humorista salvadoreño don José María Peralta Lagos (1873-1944), encontramos en su libro “Burla Burlando”, un retrato a propósito del primer centenario (que sí dejó por lo menos monumentos) del patriótico grito, veamos: “¿Fue un error nuestra independencia? ¿Fue un acierto de nuestros próceres? No lo sé; pero estoy seguro de que si ellos resucitaran, llenos de vergüenza nos escupirían a la cara. En Colombia, todavía en vida del Libertador, se cantaba esta copla: `Bolívar tumbó a los godos; /Y desde ese aciago día, / Por un tirano que había, /Se han vuelto tiranos todos´.  ¡Y es que nada hay que deprima tanto la dignidad humana, como la tiranía de un hombre!… Cien años son suficientes para juzgar de las aptitudes de un pueblo para gobernarse dignamente. Durante un siglo de vida seudo-libre, hemos probado hasta la saciedad nuestra ineptitud para la vida ciudadana, con nuestro desconocimiento del Derecho, con nuestro horror a la Justicia, y el desprecio de todas las conveniencias. ¿Podrá esperarse algo bueno de nosotros? ¿Sabremos aprovechar tan triste experiencia? ¿Tendremos conciencia del peligro que supone la continuación de semejante estado de cosas? ¡Quién sabe! ¡Lo dudo mucho y quiera Dios que me equivoque! Que la parte consciente de la sociedad lo siente y desea un cambio es un hecho innegable y consolador, que no otra cosa significa el actual movimiento unionista. Porque la unión  es nuestra última esperanza, la última carta”.

Asimismo en su artículo festivo “Nuestro Baobab”, del libro de marras, refiriéndose al arbolito que “nuestros buenos padres” plantaron aquel 15 de septiembre, dice Peralta Lagos: “¿Pero cómo sembrarían los próceres el dichoso arbolito, que no ha prosperado? ¿Qué clase de tierra escogerían? ¿Qué especie o variedad elegirían que tan pequeño se ha quedado, tan chiquitín que cupo en una maceta?”.

Sólo la efectiva democracia, el reino de la justicia, y el combate a la corrupción y a la criminalidad, podrán asegurar, estimados amigos, que el arbolito prospere ¡Ojalá!

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