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CONVIVENCIA PACÍFICA Y LAICIDAD

Miguel Ángel Dueñas Góchez*

Por donde vivo hay una jauría de perros callejeros. Entre ellos hay dos que sobresalen. Uno es típico “aguacatero” (blanco y parches cafés), mind el otro es una mezcla bastante rara, troche es barbudo, sovaldi sale entre gris y negro, no tan pequeño. Lo bueno de estos caninos es la solidaridad que practican entre ambos. Si una persona les ofrece alimentos y solamente está uno de ellos, este ladra de tal manera que el otro perro atiende el llamado; siempre comen juntos y comparten lo que se les da. En el caso de la persona humana, muchas veces podemos tener lo suficiente para comer o tener de sobra, el problema es que no compartimos lo poco o mucho que tengamos.

Pero sabemos que el ser humano es un ser social. Ninguna persona vive absolutamente aislada del resto, ya que la interacción con otras personas es imprescindible para el bienestar y la salud. Sin embargo, la convivencia no siempre resulta fácil, dado que pueden interferir negativamente ciertas diferencias sociales, culturales o económicas, entre otras muchas posibilidades.

Aunque diversos estudios han demostrado que la convivencia con animales (perros, gatos, aves) resulta muy beneficiosa para los seres humanos, tanto para su salud física como mental, es importante rodearse de semejantes que sean pacíficos, que no atenten contra sus pares, que vivan en base al respeto y la comprensión; y algunas personas no solemos reunir dichas virtudes. Lo antes expuesto, da a entender la manera de poder vivir entre nuestros y nuestras semejantes; interviniendo el Estado laico, donde los derechos de las personas son respetados viviendo en armonía y pacíficamente.

Es por dicha razón que debemos practicar el laicismo así entendido no como patrimonio exclusivo de una ideología, de una cultura, ni de personas agnósticas o ateas, sino que constituye el terreno común, la condición de posibilidad, de todas las culturas, ideologías o credos que sean compatibles con los principios de la democracia constitucional. Constituye, además, el punto de partida de algunas políticas democráticas concretas, invitándonos a ver en los aspectos más opuestos del pensamiento una riqueza humana, y nos abre una vía no a una uniformidad que en el fondo nadie desea, sino a una comunidad de esperanzas, de reciprocidades y de confianza.

*Licdo. en Relaciones Internacionales.

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