Por Julio Enrique Ávila
Autor de «El Salvador, Pulgarcito de América»
I. LA PAZ COMO CONQUISTA
“La paz es la más elevada conquista del espíritu humano; pero a ella sólo se llega por los tormentosos caminos de la lucha. La paz no es el orden, ese orden implantado por una disciplina, que fuerte o patronal, cruel o bondadosa, es siempre la voluntad de un mandatario, que impone las acciones y dirige los pensamientos. No. Para que la paz sea verdadera y perdurable debe haber pureza en las almas: y las almas solo son puras cuando han aprendido, por el dolor, el goce de la responsabilidad, condición esencial del hombre libre. La paz es el respeto para todos y cada uno”
II. SOLDADOS DE LA PAZ
“Seamos soldados de la paz. Aquel que sea modelo de probidad y rectitud será invencible. Nunca las bayonetas ni la metralla han sido capaces de destruir el alma de un pueblo; los pueblos han sucumbido siempre por sus propios vicios. Digamos con el poeta: “sembrad en los espíritus que el grano que arrojéis no se perderá; sembrad plegarias y cosecharéis azucenas, sembrad cardos y cosecharéis amarguras. Sembrad luz, dignidad y justicia y tendréis patria; cultivad la ignorancia, la cobardía y la violencia y tendréis cadenas!”
III. LA PAZ Y LA DESMILITARIZACIÓN
“Para poder concebir siquiera la posibilidad de la paz, es indispensable arrancar de cuajo el concepto guerrero que se tiene de ‘Patria’, pues organismos concebidos y creados para la guerra no pueden vivir en paz, son incapaces para la paz. Todo animal que posee garras fuertes y grandes colmillos es feroz y sanguinario, necesita de una víctima para su festín. ¡Todo país poderosamente armado necesita de víctimas para su grandeza!”
IV. LIBERTAD Y JUSTICIA
“No es posible merecer la paz sin antes haber conquistado la libertad. Una paz sin justicia no es más que una engañosa tregua. Un pueblo esclavizado no puede conocerla, porque en la servidumbre puede existir aparentemente una paz externa, pero existe una lucha interior alimentada por el rencor y el odio. Para gozar la grandeza de la paz, que es amor, hay que ganar la libertad que es comprensión y respeto”
V. EL HIMNO UNIVERSAL DE LA PAZ
“¿Cuándo aparecerá el gran espíritu, el alma-cima, capaz de recoger todo ese anhelo de paz, de buena voluntad entre los hombres; y la angustia y el odio a la guerra que flota hasta en las aguas y los vientos, para crear el gran himno, henchido de amor fervoroso, que haga estremecer las almas en una sola ansia fraternal?
¡Un Himno de la Paz! ¡Un himno poseído por el poder divino que sólo otorga el amor! Una melodía íntima y grandiosa, que borre los colores y los recelos, las fronteras y los idiomas, y que impulse a los hombres, ya hermanos, en los brazos de los hombres!”
* Los siguientes títulos constituyen una propuesta de organización temática de las principales reflexiones sobre el concepto de Paz presentes en la obra de Julio Enrique Ávila. Los fragmentos que acompañan cada apartado corresponden a citas textuales de su libro “El Himno sin Patria”, publicado en 1936, y de su ensayo “Exaltación de José Martí”, publicado en 1945.
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