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Campaña electoral, posverdad y grandes mayorías

German Rosa, s.j.

Una imagen dice más que mil palabras. La política se ha convertido en un campo de batalla de las imágenes en las redes sociales.

Los medios de comunicación modernos poco a poco van cediendo el espacio al uso de las redes sociales en las campañas electorales. No desaparece el impacto que tiene la televisión, la radio y la prensa escrita en la generación de ideología y en su capacidad tradicional de influir en el electorado. Sin embargo, el progresivo desarrollo de las redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram, You Tube y WhatsApp, ha mostrado la eficacia de su uso político y la capacidad insospechada hasta hace pocos años, para influir determinantemente en la configuración de las preferencias políticas electorales. A tal grado que se pueden orientar las tendencias políticas empleando el perfil de los electores e invirtiendo los recursos financieros necesarios para aplicar las estrategias que se requieren con este fin en el mundo de las comunicaciones. De manera inadvertida hemos entrado en la era de las campañas electorales de las redes sociales políticas inaugurando una nueva época que llamada “posmediática” que se basa en el uso masivo de las nuevas tecnologías de las comunicaciones, el descentramiento de la actividad en el terreno físico – geográfico, una personalización creciente y la búsqueda del contacto con un electorado siempre más inestable y fluctuante. Hemos entrado en la era digital de las campañas electorales (Cfr. Carelli, P. Giugno – luglio 2018. Il ruolo dei social media nelle elezioni del 2018. Aggiornamenti Sociali, pp. 493 – 500).

El virus político más peligroso de nuestros tiempos es el virus de la mentira, que ataca a través de las redes sociales y de los medios de comunicación, para convencer al electorado que la decisión correcta al momento de votar es por el candidato que ha logrado la hegemonía informativa. De esta manera, el electorado acepta, sin resistencia ni capacidad de pensar, un modo de vida que está totalmente distanciado de los problemas reales y los grandes desafíos de la política real del país.

La “posverdad” (post –truth) es definida en el diccionario Inglés como un adjetivo que hace referencia o indica las circunstancias en las cuales los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que las emociones y a las creencias personales. Con este adjetivo se describe la realidad en la cual los hechos objetivos no parecen tener mucha importancia en las comunicaciones, ni son un criterio fundamental para la opción que hagan los votantes.

La verdad de los hechos es de una importancia secundaria, o irrelevante. Incluso puede ser falsificada. Esta situación nos puede mantener cómodamente en la burbuja digital o en la nube de las redes sociales, que nos ofrecen cada vez menos información, noticias, opiniones, o ideas que puedan desmentir las situaciones políticas porque las personas están convencidas que lo que se encuentra en la página web no se discute.

Incluso en esta era de la posverdad, los procesos electorales muestran cómo los políticos se sienten libres no solamente de expresar cosas “políticamente incorrectas”, sino que son claramente falsas (fake news) para desacreditar a quien se considera un adversario, sin que esto suscite alguna reacción colectiva contraria o provoque consecuencias, porque de hecho, es considerado un comportamiento legítimo. En definitiva, la posverdad cuestiona el valor de los hechos, la fuerza que estos tienen para persuadir y la posibilidad de utilizarlos para desenmascarar una mentira o concluir una discusión o un debate político.

Educar a la población para la era digital y para que pueda ser consciente de los riesgos implícitos de las construcciones falsas de la realidad, esta dimensión educativa – cultural, es parte esencial de la misma democracia representativa y participativa.

Otro aspecto fundamental es que las instancias públicas legítimas para arbitrar las mismas campañas electorales no permitan la manipulación perversa, la desinformación premeditada y con plena alevosía, de la población (Cfr. Costa, G. Febbraio 2017. Orientarsi nell’era della post – verità. Aggiornamenti Sociali, pp. 93 – 100). En este sentido, San Óscar Romero nos ilumina para vivir el compromiso político en una sociedad democrática, y nos dijo lo siguiente en una de sus homilías: “Que se capacite a los niños y a los jóvenes a analizar la realidad de su país. Que los prepare para ser agentes de transformaciones en vez de alienarlos con un amontonamiento de textos y de técnicas que los hacen desconocer la realidad. Así hay muchos técnicos, muchos sabios, muchos profesionales que saben su ciencia, su profesión, pero que son como ángeles, desencarnados de la realidad en que actúa su profesión. Lo primero que debe buscar una educación, pues, es encarnar al hombre en la realidad, saberla analizar, ser críticos de su realidad.

Una educación que sea educación para una participación política, democrática, consciente, ¡esto! ¡Cuánto bien haría! Porque se están perdiendo ¡tantos valores salvadoreños!, porque la educación no los ha hecho responsables de esa participación en el bien común (Homilía 30 de abril de 1978)” (http://servicioskoinonia.org/romero/homilias/A/780430.htm).

Nada peor que la desvalorización pública, la sospecha generalizada sobre la veracidad de la palabra y de los compromisos de los responsables políticos o los gobernantes.

Vivir en la nube cibernética es más agradable que afrontar la cruda realidad de todos los días. La estrategia de construir un mundo futurista, de fantasías, sin horizonte histórico real, resulta muchas veces más fascinante y atrayente porque nos distrae de la realidad que nos interpela o nos asedia con los problemas de la pobreza, la exclusión, la violencia, el desempleo, la migración, etc. ( Cfr. https://www.diariocolatino.com/campana-electoral-posverdad-y-grandes-mayorias/).

Esperamos una campaña de altura que no sea plagada de posverdad que se funda solo en rumores y calumnias.

Ante la amenaza real de la posverdad electoral, el planteamiento de fondo es: ¿cuál es el país que queremos construir? ¿Queremos vivir en un mundo imaginario, irreal? Dicho brevemente, ¿queremos vivir en el mundo mágico de Harry Potter o como Alicia en el país de las maravillas…? O realmente queremos resolver las grandes demandas que nos impone la realidad del país.

El gran dilema que enfrenta el electorado es aclarar lo que es verdad y lo que es producto de la posverdad en la campaña electoral, para tener una participación con conciencia y con conocimiento de causa en el ejercicio de su derecho al sufragio electoral.

La estrategia publicitaria busca de manera eficaz permear la conciencia de los electores, por eso es muy importante reflexionar con plena conciencia cómo ir más allá de la atmósfera de la confrontación propagandística para tomar la decisión política más adecuada, y ésta es la que se funda sobre la verdad y no sobre la posverdad…

¿Cómo identificar las campañas creadas con la posverdad? Identificando si el candidato político construye el puente entre las políticas públicas y los desafíos de la realidad del país en sus propuestas electorales. De lo contrario tendremos en la palestra política un candidato modelo con la moda del momento que es la posverdad.

Hay que poner mucha atención, porque cuanto más crisis económica, social, política, etc., tenemos, más sofisticados serán los mensajes contaminados de la posverdad para confundir la inmensa mayoría de la población.

Esperemos que los candidatos tengan suficientemente en cuenta a las grandes mayorías de la población y que las propuestas que hagan respondan a sus demandas reales… Desearíamos que las políticas que propongan y realicen estén encaminadas a resolver los problemas de las mayorías empobrecidas, excluidas y sin oportunidades en el país. ¡Ojalá!, que los candidatos en la campaña electoral piensen con honestidad, veracidad y realismo en las grandes mayorías y escuchen sus clamores.

Esperamos una campaña honesta y transparente desde lo que dice, lo que se propone e incluso que se informe a los electores de la procedencia del financiamiento de la misma en todo el proceso electoral. San Óscar Romero, cuya canonización fue una erupción volcánica de fe, justicia y esperanza, nos enseñó una verdad fundamental: la autoridad viene del reconocimiento de quien tiene el poder por su capacidad de servir. Y cuanto más se sirve a las mayorías empobrecidas, más legítima es la autoridad. Citamos sus propias palabras: “Hacemos un llamado a la cordura y la reflexión. Nuestro país no puede seguir así.

Hay que superar la indiferencia entre muchos que se colocan como meros espectadores ante la terrible situación, sobre todo en el campo.

Hay que combatir el egoísmo que se esconde en quienes no quieren ceder de lo suyo para que alcance para los demás. Hay que volver a encontrar la profunda verdad evangélica de que debemos servir a las mayorías pobres” (Homilía 2 de abril de 1978” (http://servicioskoinonia.org/romero/homilias/A/780402.htm).

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