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El líder comunitario considera fundamental que las comunidades se organicen y construyan alternativas económicas y políticas desde los territorios. Foto Diario Co Latino / Cortesía

Cabañas enfrenta pobreza creciente y abandono de la agricultura, advierte Peter Nataren

Redacción Nacionales

@DiarioCoLatino

El líder de la Comunidad Santa Marta, en el departamento de Cabañas, Peter Natarén, sostiene que el departamento de Cabañas enfrenta una combinación de pobreza, deterioro de la producción agrícola, migración y reducción de las remesas que refleja el abandono histórico de las zonas rurales y plantea nuevos desafíos para las familias del departamento.

Natarén, quien nació en el campamento de Mesa Grande, Honduras, y posteriormente retornó con su familia a El Salvador, señaló que Santa Marta se prepara para conmemorar 39 años de existencia.

La comunidad, explicó, fue construida por generaciones de personas retornadas del exilio y, pese a las dificultades económicas, ha desarrollado experiencias productivas y educativas que la distinguen de otras zonas rurales.

Sin embargo, sostuvo que esa capacidad de organización no ha logrado revertir las condiciones estructurales de pobreza que afectan a Cabañas.

Durante la entrevista en Encuentro con Julio Villagrán, Natarén hizo referencia a datos presentados sobre pobreza extrema y afirmó que Cabañas aparece entre los departamentos más afectados. Desde su perspectiva, las cifras contradicen el discurso de un país que habría experimentado una transformación económica durante los últimos años.

“Los pobres se van multiplicando”, sostuvo al analizar la situación del departamento y de las comunidades rurales.

Agricultura pierde capacidad productiva

Uno de los principales problemas señalados por el dirigente comunitario es el retroceso de la agricultura. Según las cifras del Banco Central de Reserva mencionadas durante la entrevista, entre 2007 y 2025 Cabañas habría experimentado una reducción de -29 % en su producción agrícola.

Para Natarén, la falta de rentabilidad ha contribuido a que las nuevas generaciones abandonen el campo. La migración de jóvenes hacia Estados Unidos, particularmente entre 2003 y 2024, dejó comunidades con una población agrícola cada vez más envejecida y con menos capacidad para sostener la producción.

A ello se suman los costos de los insumos. Como ejemplo, explicó que producir una manzana de maíz, equivalente a unos 7,000 metros cuadrados, puede representar un gasto cercano a los 1,500 dólares, incluyendo fertilizantes y mano de obra. Aunque el precio del maíz puede generar ingresos, estos no serían suficientes para sustituir el aporte económico de las remesas.

La situación también se relaciona, según dijo, con la creciente dependencia de las importaciones de alimentos. El dirigente cuestionó que productores salvadoreños deban competir con granos provenientes de países donde la agricultura recibe mayores subsidios.

Remesas bajo presión

La economía de numerosas familias rurales depende parcialmente de las remesas enviadas por sus familiares desde Estados Unidos. Natarén considera que cualquier reducción de esos ingresos tiene un efecto inmediato sobre el consumo y la economía comunitaria.

Durante la entrevista mencionó una disminución reciente de las remesas y advirtió que esto puede reducir la capacidad de las familias para adquirir alimentos y otros productos básicos.

A su juicio, el problema no se limita a los ingresos familiares, sino que alcanza la seguridad alimentaria del país. Una economía que importa una parte importante de sus alimentos, sostuvo, queda expuesta ante crisis internacionales.

Minería no resolvería la pobreza

Ante la posibilidad de utilizar la minería como una alternativa económica para Cabañas, Natarén expresó su rechazo y argumentó que la explotación de recursos minerales no garantizaría una transformación de la economía local.

El dirigente comunitario señaló que territorios como San Isidro son utilizados para actividades agrícolas y que una eventual explotación minera podría generar desplazamiento de familias. También expresó preocupación por la contaminación del agua y sostuvo que análisis de laboratorio mencionados durante la entrevista han detectado presencia de arsénico en determinadas fuentes de agua.

Natarén cuestionó además el modelo económico de la minería, al considerar que una parte importante de los beneficios podría quedar fuera del territorio, mientras las comunidades asumirían los riesgos ambientales y sociales.

En ese contexto, defendió la necesidad de fortalecer la agricultura, generar tecnología apropiada para el campo y crear condiciones que permitan a los jóvenes permanecer en sus comunidades.

El río Lempa y el impacto ambiental

Otra de sus preocupaciones está relacionada con el posible impacto de las actividades mineras sobre los recursos hídricos. Natarén advirtió que una eventual contaminación de los afluentes que desembocan en el río Lempa tendría consecuencias que trascenderían las fronteras de Cabañas.

El Lempa abastece a comunidades y actividades productivas de distintos departamentos, por lo que, según su planteamiento, cualquier deterioro de la calidad del agua tendría efectos sobre agricultores, pescadores y consumidores.

Organización comunitaria

Para Natarén, la respuesta a la pobreza no pasa únicamente por las decisiones gubernamentales. Considera fundamental que las comunidades se organicen y construyan alternativas económicas y políticas desde los territorios.

El dirigente sostuvo que durante décadas distintos gobiernos no han logrado transformar de manera profunda las condiciones económicas de Cabañas. En su opinión, la población debe recuperar capacidad de organización para exigir políticas públicas que atiendan las necesidades de las zonas rurales.

También puso especial atención en los jóvenes, quienes actualmente tendrían menos posibilidades de utilizar la migración como salida frente a la falta de oportunidades.

“Los jóvenes tienen que tomar acción”, planteó Natarén, al considerar que las nuevas generaciones deben involucrarse en la construcción de alternativas para mejorar las condiciones de vida en sus comunidades.

Santa Marta, agregó, constituye una experiencia de organización comunitaria que demuestra que, pese a décadas de dificultades, las comunidades pueden construir proyectos propios.

Para Cabañas, el desafío ahora consiste en convertir esa capacidad de organización en una estrategia que permita enfrentar la pobreza, recuperar la producción agrícola y defender los recursos naturales.

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