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ATRAYENDO EL EXITO

Dr. H. Spencer Lewis (No. 4 y final) (Pasado Imperator de la Antigua y Mística Orden Rosae Crucis, health AMORC)
Envidiando el éxito de otros

Se sentía mortificado, pero lo estuvo más cuando una tarde, al salir de una alcantarilla, se encontró cerca de una magnífica residencia. Vio que subía por la vereda de la casa un hombre bien vestido, un maletín de doctor en la mano y con una sonrisa que animaba su semblante se apresuraba a llegar al pórtico. Entonces, este trabajador que acababa de cerrar la tapa de la alcantarilla tras de la labor cotidiana, se encaminó a la esquina de la casa y se asomó por una gran ventana que daba al salón de recibo. Vio entrar al hombre, quitarse el sombrero, poner su maletín en un estante, sentarse frente a su escritorio y tomar el periódico. Después de algunos momentos entraron sus dos hijas y le besaron rodeándolo con sus brazos.

El hombre se apartó de allí, pues ya no quiso ver más. Y ahora me preguntaba: “¿Por qué un hombre puede vivir así y yo tengo que vivir de este modo?”. “Oh, no, pero, ¿por qué tengo que trabajar en algo que ni siquiera es útil a la humanidad? Él puede salir y hacer bien por donde va, salvar vidas y sentir que es uno de los instrumentos de Dios, mientras y sé que sólo soy uno de los instrumentos más bajos en el mundo”.

Le expliqué que en cuanto a curar enfermedades, ayudar a los enfermos  y salvar vidas, él podría hacer más para proteger la salud de la gente al desempeñar su trabajo en debida forma que lo que el doctor hiciera; que  ese trabajo o alguno similar era por de pronto su misión en la vida. Alguien tenía que hacerlo. Unos hombres construían los cañas y otros tenían que conservarlos en estado de limpieza; que uno que estuviera familiarizado con el trabajo eventualmente llegaría a tener un empleo mejor; pero que  tal trabajo debía hacerse a pesar de que pareciera insignificante. El éxito de cada uno depende en hacer lo que le corresponde y hacerlo bien.

Entonándose con la Universalidad

Si usted se pone en entonamiento con las leyes y principios universales, con las necesidades y requerimientos del Universo, gradualmente irá colocándose en el lugar debido. Hay un lugar para cada uno en el Cosmos y no tenemos que ir a buscarlo alrededor del mundo para poder hallarlo. Usted puede traer hacia sí ese espacio abierto… Ante todo, hágase universal en su manera de pensar, dándose cuenta de que es uno entre la multitud de Dios y que Él no separó a los hombres en razas o nacionalidades… Eso es efecto del clima, la evolución y las condiciones que han sobrevenido al hombre desde que fue creado. Dios no hizo bautistas, presbiterianos, judíos, gentiles, católicos romanos o Rosacruces. Esas son cosas que han acontecido o que hemos creado nosotros. Tampoco Dios nos hizo buenos a unos y malos a otros.

Puede que usted tenga complejo de superioridad o de inferioridad, y ambos son igualmente malos..  Ambos preparan la caída. La igualdad no significa ir por ahí diciendo: “Soy tan bueno como cualquier otro”, sino decir sencillamente: “Soy como los demás, con mis buenos y malos puntos”. “Soy un hermano, y todos somos hermanos y hermanas”, diciéndolo con sinceridad. Desde el momento en que comience a entonarse con esa actitud universal y no contemple sus penas, quebrantos,, necesidades y privaciones como cosa personal e individual –desde el instante en que cambie su actitud haciéndose universal–  comenzará a atraer el éxito. Desde ese momento abrirá las puertas para que fluya la inspiración Cósmica.

Esto no es algo que sólo consta en las Sagradas Escrituras o algo puramente filosófico, sino que es lo que millares de personas han comprobado como verdadero. Usted sabe, y yo también, que en este mundo hay ahora un Imperio Invisible compuesto de hombres y mujeres que van acercándose rápidamente al éxito que desean siguiendo una ley definida…

   No es cuestión de religión, credo o doctrina teológica, sino de una ley universal  –la misma ley que hace creer los árboles, que hace abrirse las amapolas por la mañana y cerrarse por la noche. Esas leyes no son religiosas sino Divinas porque Dios las inventó. Mientras más pronto se armonice usted con estas leyes, más pronto cambiará su vida y entrará en completa armonía.

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