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Ataque frontal a las raíces que generan la violencia y el crimen

Carlos Girón S.

De forma valiente y muy responsablemente, el Gobierno de la República se propone atacar frontalmente las raíces donde se origina el clima de terror, violencia y el crimen en todas sus formas que abate y tiene a nuestro pueblo con un tacón en la yugular y una daga en el corazón para acabar con él.

La batalla se propone librarla el Gobierno sabedor de que se enfrentará con poderosas fuerzas, como son la económica y la política -por haber en el Congreso una mayoría adicta a la primera-, capaces de desestabilizar no solo al Gobierno sino al país entero. Con todo y eso, el Gobierno debe no arredrarse y seguir adelante con valentía y resolución, sabiendo que el pueblo, sabio y sensato por naturaleza, amante del bien, el orden, la paz y el progreso, le dará su pleno y total respaldo.

Las raíces hacia las cuales se quieren enfilar sus baterías son esas de la publicación, difusión y magnificación, por los diferentes medios, de todos aquellos contenidos relacionados con actos de violencia, hechos criminales, que muestren acciones y maniobras realizadas por hampones de toda laya, narcotraficantes, secuestradores, violadores, extorsionistas y demás delincuentes del bajo mundo.

Toda la gente constata, por ejemplo, en el caso de la televisión, que apenas se enciende un aparato es raro no encontrarse con películas con escenas de criminales de toda clase, con tramas bien diseñadas –que sirven de modelo para criminales en potencia- para despertar o mantener el interés de quienes no se mosquean ante tales escenas, como también con películas obscenas, de desenfrenos y aberraciones sexuales.

En medios impresos, relatos destacados de criminales confesos que describen con detalle sus crímenes, sin dar muestras del menor arrepentimiento.

Igualmente novelas que casi invariablemente presentan escenas de violencia intrafamiliar, muchas de las cuales desembocan en asesinatos. Tales escenas, además de ser morbosas, inducen o incitan a individuos de espíritu débil y carácter flojo, a la comisión de hechos similares.

Luchar contra males de esa índole, como lo proponen el ministro de Gobernación y los diputados efemelenistas, –y como también el pueblo honrado, limpio, trabajador, de alma espartana lo quiere y reclama- no es, ni por cerca, querer imponer censura, coartar su libertad a nadie., a ningún medio. Censura era la que muchos años atrás imponían aquí gobiernos dictatoriales que mantenían dentro de las instalaciones de los medios de comunicación y difusión, agentes que eran los que decidían las cosas que podían o no podían publicarse o difundirse, so pena de cerrarse el medio del que se tratara, por desacato, o peor aun, con destierro de los dueños del medio del que se tratara.

Los propugnadores de una Ley de Espectáculos Públicos, Cinematográficos, Medios de Comunicación y Publicidad, no están inventando nada con su proyecto de ley, sino simplemente están velando por el cumplimiento del mandato constitucional, que señala al Gobierno de la República su obligación y responsabilidad de velar por la salud mental, psicológica y emocional del pueblo salvadoreño, para librarlo del estrés, el miedo, el pánico, el terror en el que siente sumergido y aterrado por lo que parecen poderosos tsunamis que lo amenazan, y le impiden vivir en paz, con seguridad, avanzando por un camino de progreso y prosperidad.

En realidad, lo que buscan los proponentes del mencionado proyecto de ley es corregir o suplir un vacío que mantienen, no quieren o no les interesa llenar los dueños, directores, gerentes, jefes de redacción y otros empleados de los medios impresos, televisivos, radiales y cinematográficos, vacío que es el medir, calibrar, aquilatar y sopesar por su propia cuenta, autorregularse libre y concienzudamente en cuanto a los contenidos de los materiales noticiosos, informativos, de entretenimiento y diversión que a diario sirven al pueblo.

En el ámbito de las empresas televisoras, también son los dueños o ejecutivos quienes deberían escoger con gran cuidado las películas, reportajes, historias truculentas con crudas y nauseabundas escenas con hechos de sangre y violencia, así como de libertinajes sexuales, incluidos el homosexualismo y el lesbianismo.

Se entiende que no son las empresas cinematográficas las que les imponen y obligan a los canales televisivos de los países, como el nuestro, a comprar esa clase de películas, sino que estos tienen la potestad de seleccionar las más convenientes para contribuir a que haya el clima y la atmósfera descontaminados de esa clase de smog nauseabundo, que la población quiere y reclama.

Por último, nuestro pueblo confía en que en el Congreso predominen la sensatez, la racionalidad y el amor a la Patria, para que no se bloquee el paso para que cristalice ese proyecto de ley que ha sido objeto de tantas interpretaciones equivocadas, como esa de que lo que se pretende es aherrojar, poner grilletes en pies y manos y bozal en la boca a los diferentes medios de comunicación y difusión, cuando lo que en realidad se busca es apartar toda la basura del camino para que el Gobierno, con las riendas del poder legítimo en las manos pueda conducir a los habitantes hacia una meta: un ambiente en el que puedan vivir, trabajar y disfrutar de las cosas buenas, nobles y limpias de la vida…

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