Por Leonel Herrera*
El gobierno de España ha otorgado asilo político a los abogados Ivannia Cruz y Rudy Joya, miembros de la Unidad de Defensa de Derechos Humanos y Comunitarios (UNIDEHC). También a Ramiro Navas, ex director de organización y ex candidato a alcalde de San Salvador del extinto partido opositor Nuestro Tiempo (NT).
La referida protección internacional, dada por el Ministerio del Interior del gobierno español, sucede una semana después de que el vicepresidente salvadoreño Félix Ulloa pasara por España, en una gira propagandística que lo llevó también a Alemania.
En España, Ulloa participó en reuniones con funcionarios ultraderechistas de la oposición del país ibérico y concedió entrevistas a varios medios de comunicación, donde hizo gala de una arrogancia, cinismo, malacrianza y falsedad extremas. En una de éstas, incluso, se levantó y se fue molesto cuando el periodista le preguntó sobre los pactos del gobierno con las maras.
El vicepresidente dijo, entre otras sandeces, que las muertes en las cárceles salvadoreñas son “leyendas”, que las denuncias de múltiples violaciones de derechos humanos planteadas por instancias como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “son falsas” y que en el país existe “pleno estado de derecho”.
Lo relevante de la gira de Ulloa es que el gobierno de España no sólo no lo recibió, sino que decidió responder a la ensarta de mentiras expresadas por el vicepresidente: concedió asilo a tres salvadoreños perseguidos judicial y políticamente.
Desde la perspectiva diplomática, dar asilo político a tres exiliados salvadoreños significa que España rechaza el discurso falaz y cínico de Ulloa, reconoce que en El Salvador hay persecución política y manda un mensaje de solidaridad a quienes resisten a la dictadura salvadoreña.
Así que a Ulloa y a quien lo manda hacer esa gira obscena les salió “el tiro por la culata”, pues no sólo fallaron en sus objetivos de “lavar la cara” y levantar la deteriorada imagen del régimen autocrático salvadoreño, sino que sufrieron una clara derrota política a manos de la política diplomática del gobierno español.
En Alemania, Ulloa también fracasó como vocero de la dictadura salvadoreña: hizo el ridículo en una entrevista con la televisión pública de ese país, perdiendo los estribos y mostrándose intolerante frente a algunas preguntas del entrevistador que la citaba informes de la CIDH.
En el país germano, el vicepresidente intentó en vano contrarrestar el testimonio de dos congresistas de izquierda que vinieron al país hace algunas semanas a conversar con familiares de presos políticos y con organizaciones sociales que les informaron sobre lo que realmente sucede en El Salvador.
Espermos que también Alemania y otros países europeos sigan el ejemplo de España. Durante las dictaduras militares y la guerra civil, los países europeos destacaron por sus enormes gestos de solidaridad con el pueblo salvadoreño. En tal sentido, es necesario que, en esta nueva fase dictatorial, la solidaridad y la cooperación con la lucha lucha democrática salvadoreña también se repita.
Ojalá que así sea.
*Periodista y activista ambiental.
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