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El amor por lo antiguo

Perla Rivera Núñez,
poeta hondureña

El primer indicio de mi pasión por lo antiguo fue durante mi niñez, cuando visitaba a mi abuela Nena. Ella tenía una colección de baúles de madera, algunos muy elaborados y forrados en su interior con una bellísima tela de seda floreada. Tenía otros más simples, de madera tallada a mano, pero no menos bellos. Solía peinarse con unas peinetas decoradas, de varios colores, se las colocaba en sus largas trenzas y yo la admiraba extasiada.
Además de guardar su ropa en aquellos hermosos baúles, también guardaba su ropa perfumada con el jabón de la época, muchos libros de oraciones y novenas. Eran ya tan antiguos aquellos libritos, que quizás me sorprendería ver las fechas en sus colofones el día de hoy. Herencia quizás de sus abuelas y de su madre. Conservo una novena de San Judas Tadeo, obsequio suyo de 1970.
En la actualidad, las visitas a mi otra abuela son un banquete para mi curiosidad, ver como coge su cajita de fotografías, y con mucha lucidez me describe la historia de mi pueblo, y me muestra las imágenes (algunas en daguerrotipos) donde nos sonríe el más antiguo descendiente de nuestra familia y el más reciente. Considero esto tan valioso y conmovedor.
La casa de mis abuelos fue el templo de mis curiosidades, en la cocina destacaba un cuadro con destellos dorados, de Santa Lucía, cuadro con una firma ininteligible que acaparó mis noches de insomnio, por un par de ojos que sobresalían desde una bandeja.
Los libros de ediciones antiguas siguen siendo mis favoritos, de los cuales tengo una pequeña y valiosa colección, encontrados algunos en el mercado de libros usados, otros comprados a algunos amigos y más de alguno como obsequio. Son el corazón de mi pequeña biblioteca.
Busco en este momento con curiosidad la definición de anticuario y me encuentro con dos;
Anticuario, ´´Persona que se dedica a estudiar muebles y objetos antiguos de valor y a comerciar con ellos.´´
Y la otra; ´´En el mundo hispánico se conoce con el nombre de anticuario a un erudito que se dedica al estudio de las cosas antiguas y escribe sobre ellas, siendo una especie de historiador que no sigue necesariamente el método historiográfico.´´
Con frecuencia los anticuarios de los siglos XVI y XVII se dedicaban a recopilar noticias históricas, tradiciones y leyendas, No cabe duda que está implícito el valor material del objeto, pero hay quienes únicamente o particularmente les atrae la marca del tiempo en cada uno, mi caso.
´´La Sociedad de Anticuarios de Londres se formó en el siglo XVIII para promover el estudio de las antigüedades. Ya en 1572 había sido una sociedad fundada por el Obispo Mateo Parker, Sir Robert Algodón, William Camden y otros para la preservación de las antigüedades. Este organismo existe hasta 1604, cuando cayó bajo sospecha de ser político en sus objetivos, y fue abolida por el rey Jaime I. Documentos de lectura en sus reuniones se conservan en la biblioteca Cottonian fueron impresos por Thomas Hearne en 1720 bajo el título de «Colección de Discursos curiosos», una segunda edición que aparece en 1771.´´
(Eve- museografía, consultoría para la creación de museos y exposiciones)
Los anticuarios y la historia han estado siempre muy relacionados, aunque distan en muchos aspectos una de la otra. Si un libro se describe como «antigüedad», estamos hablando del detalle, el anticuario vela para que todo sea meticulosamente investigado, a veces partiendo de información muy escasa o casi nula, de poco interés para nadie, excepto para el especialista.
La historia, por el contrario, trata de analizar, comprender y explicar la realidad pasada; el historiador es un profesional interesado en las ideas y en los objetos, y considera tanto el conocimiento general como el específico. Se trata de una interpretación completa del pasado, un ejercicio que no sólo contempla un simple registro de observaciones objetivas.

Es notable al investigar la historia de los anticuarios que se nombran anticuarios hombres, figura escasamente el nombre de alguna mujer. En nuestros días, pero lejos de nuestra geografía, si aparecen algunos nombres de mujeres.

En nuestros países centroamericanos es escasa la población de anticuarios, pero es innegable que existen personas con conocimiento, atraídas por los objetos antiguos, desde libros, cajas, juguetes y un sin número de artículos que supera nuestra imaginación. La tecnología ha ayudado a que estén a nuestra vista, pero no a nuestro alcance económico, muchas veces.
Considero que la cultura de lo antiguo en nuestro contexto no es muy notable por varios puntos; no existe el conocimiento y por consecuencia la curiosidad por la historia, hay que sumar a esto el costo de la vida y de los artículos. Puede sucederte como a mí, la rara suerte de obtener una moneda de plata que vale poco más de 20 dólares y obtenerla por 5, como hace un par de años le compré una moneda de plata de 1932 a un jardinero, ambos desconocíamos su valor y yo fui la afortunada.
También se puede obtener una litografía falsa y perder tu dinero por desconocimiento. Hay personas con tesoros incalculables en sus armarios, en sus despensas o bodegas que desconocen su valor histórico. Todo parte aquí de la suerte, y esto nos motiva a indagar y conocer más sobre la historia.
La emoción que te puede causar, observar, tocar o poseer un objeto antiguo es inexplicable. Eso lo pueden sentir aquellos que descubren lo maravilloso de un libro amarillento por el paso de los años, las cicatrices de un daguerrotipo, o los colores desteñidos en una seda antigua. No hay nada más gratificante que visitar alguna ciudad y encontrarte un museo que te cuente la historia de su gente y que puedas ser parte de ese momento irrepetible de la historia.

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