LA VENTANA
(OBRA INÉDITA, SIN FECHA)
SALARRUÉ
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
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Régimen CoXXXXta
Como consecuencia de una continuada meditación y un tenaz esfuerzo por comprender, mejorando en lo posible el desequilibrio en que había nacido, empezaron a ocurrirme cosas alarmantes. Frecuentemente despertaba en altas horas de la noche con la extraña sensación de estar petrificado. No podía, por mucho que me esforzaba, mover un solo músculo del cuerpo. Apenas sí lograba entreabrir los párpados y lanzar miradas furtivas a/través de mis pestañas. También lograba quejarme como se queja un moribundo. Invadíame (Me invadía) entonces un terror pánico, me martirizaba la idea de quedarme así por siempre y aún más la de que fueran a tomarme por difunto y me enterraran vivo. Algo se debatía dentro de mí por liberarme de aquellas ataduras. Era como si la voluntad y los órganos fisiológicos estuvieran desconectados. El cuerpo no obedecía sino después de un esfuerzo desesperado que a veces duraba hasta tres o cuatro minutos. Este fenómeno ocurrióme (me ocurrió) con tanta frecuencia que me ví (vi) obligado a la ciudad para ver a un médico.
El médico /me hizome un examen minucioso, tan molesto como caro y diagnosticó debilidad nerviosa. (fin de la página 28)
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—Vuelva Ud. a comer carne —dijo— no lea, no escriba, no fume, acuéstese xxxxxx y levántese muy temprano, haga mucho ejercicio, procure no tener emociones de ninguna clase, no sueñe y sobre todo, no sueñe cuando duerma.
—¿Y cómo haré para no soñar cuando duerma?… (¿ añadido a mano)
—Muy sencillo —dijo con una sonrisa de sabio— , cuando vaya a dormirse piense fijamente en que no quiere soñar. Al principio va a costarle un poco, después dejará de soñar y su cerebro podrá descansar (z =s) y reponerse de las fatigas de la vigilia.
Posiblemente las fatigas de la vigilia serían aquellas empleadas en digerir la carne, aunque yo (acepto tachado) nunca supe que el cerebro tuviera xxxxx gran cosa que ver con las viles funciones estomacales. Me había prohibido , leer, escribir, pensar, tener emociones y ensueños; es casi seguro que mi pobre cerebro tenía/tendría ahora que descansar (z = s) de procurar no hacer todas esas cosas. El médico me dio una conferencia sobre la manera cómo se producen los sueños desde aquellos en que se aparece el Ángel de la Guarda (mayúsculas en lápiz) con una manzana granada de oro, hasta las pesadillas de pies de plomo y asfixia. Me habló del cerebro como xxxxxxxxxxx hablaría un mecánico de los motores más vulgares y acabó afirmando con la mas (más) pulcra sonrisa clínica la no existencia del alma y el indiscutible señorío de la materia. Luego cobró por costumbre y salió a despedirme absolutamente convencido de haber cumplido su misión de piedad y altruismo.
Si no hubiera sido por el terror que le había tomado a la catalepsia (c = s), no habría hecho caso alguno de las prescripciones del galeno. Excepción hecha de volver a la carne, xxxxxx procuré hacer todo cuanto me había indicado. No estoy muy seguro de haber dado exacto cumplimiento a sus deseos. Para no leer fumaba un poquillo; xxxx (fin de la página 29; (línea final ilegible por el papel despenicado, pero legible en la fotocopia)
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para no fumar me veía obligado a leer un rato; así me consolaba pensar que después de todo ni había leído ni había fumado. Esta sola idea me exasperaba y con el objeto de evitar caer en la tentación de fumar y leer de verdad, me ponía a escribir cualquier cosa. Tal estado de cosas era desesperante. Andaba de aquí para allá en el cuarto, tronándome los dedos y pensando que la desaparición era una de las emociones que estaba (v = b) experimentar. Me (M en lápiz) encolerizaba el haberme desesperado y luego para contener la cólera me ponía a hacer ejercicios xxx con cuanto objeto pesado encontraba a mano. Me metía a la cama a las siete y me echaba a dar vueltas sobre la almohada, procurando pensar que no quería soñar. Esto me producía jaqueca segura y un poco de fiebre; por fin a poco más de la media noche me quedaba dormido y me ponía a soñar a todo trapo las cosas más absurdas y las más crueles pesadillas. Para evitar seguir soñando me levantaba a las cinco, lo cual casualmente estaba conforme con la prescripción.
De haber continuado el tratamiento después del tercer día, a estas horas estaría narrando mis aventuras de atrás para adelante. Tomé la firme determinación de echar a paseo aquel régimen infernal, y xxxx el cuarto día lo pasé muy tranquilamente, fumando, leyendo, escribiendo, descansando en mi haragana y bebiendo coñaac encima para sellar mi ruptura de relaciones con la ciencia. Esa noche me acosté a la hora de costumbre y dormí profundamente hasta muy entrada la mañana. Si aquello era debilidad (v = b) nerviosa, adelante y vámonos…, ¡que lo siguiente siendo! … (en lapicero)
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Confianza
Aquella determinación de mandar al diablo aquel sistema de exasperación, es algo de lo cual no me arrepentiré en toda la vida. Como por encanto entré en una paz de aceite; sentí pronto que el cere- (fin de la página 30)
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bro se me refrescaba, que el corazón se me esponjaba; mi pecho volvía a respirar a / pleno todo pulmón. Todo hubiera ido encantadoramente x si aquella paz tan honda no hubiera llegado hasta mis miembros. El cuerpo se contagió de holgura y volvió a no obedecer, buscando empeñosa y románticamente la paz marmórea de las estatuas yacentes. Pero como / así y después de todo, siempre volvía de a la vida después de algunos momentos que no tenía de desagradables sino el terror producido por mi terco empeño luchar para xxxxxx xxxxxxx /moverme, poco a poco me fuí (fui) tranquilizando hasta perder por completo el miedo.
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Transición Transición Transición
Me había propuesto estudiar con detenimiento aquello que yo llamaba est\a/do de trance. /Por desgracia xxxxxxxxxxxx en cuanto le perdí el miedo y me dispuse a la observación, la catalepsia (c = s) desapareció como deliberadamente. Ahora me acostaba xxx siempre con la esperanza de que volvería, mas por lo visto lo que mi cuerpo se había propuesto era aterrorizarme; y en vista de que ya no podía lograr su objeto, renunciaba a ello permaneciendo fiel y obediente al menor mandato de la xxxx mente.
Yo empezaba a perder toda esperanza de que la cosa volviera, cuando una noche apareció de nuevo, en una forma completamente distinta, pero en la cual reconocía yo idéntico (acento en lápiz) origen.
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Experiencia
Sería a eso de las dos de la madrugada cuando desperté alarmado por un ruido muy especial. Oía como si un avión se cerniera sobre mi cama. Al propio tiempo me dí (di) cuenta de que no podía moverme. Aquí está por fin, pensé. Cuando tuve completa conciencia de lo que me o- (esta oración final está carcomida, pero legible en la fotocopia), (fin de la página 31)
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curriá (ocurría), acento tachado en la á), advertí con no poca inquietud, que la hélice giraba dentro de mi cabeza. Hice un esfuerzo por sentarme y no pude lograrlo; tenía los ojos abiertos y veía todas las cosas que con mucha claridad a pesar de que mi cuerpo estaba completamente a obscuras. Desde el corral llegaban a mis oídos los vagidos / mugidos de una vaca. xxxx
¡Qué raro! —me dije—. ¿Cómo es posible que vea yo en esta tiniebla? ¿Qué clase de luz ilumina el cuarto? … Estuve haciendo girar los ojos en todas direcciones y comprobé que las cosas estaban tal como yo las había dejado antes de meterme en / la cama. Probé a moverme sin resultado, hice un violento esfuerzo por sentarme de un golpe y…, lo logré, lo logré… Seguía viéndolo todo y continuaba (acentos borrados en la i, u) en mi cabeza aquel extraño zumbido.
Así, sentado, permanecí un momento. De pronto una idea terrorífica cruzó por mi mente. Era como si álguien (alguien) me la hubiera insinuado: «tú acabas de morir». Una onda de pavor brotó de todo mi ser, como una llamarada. Con la lentitud y precaución de quien se encuentra al borde de un abismo, empezé (empecé) a volver la cabeza, con la convicción rotunda de que no estaba sentado. Así resultó x ser, en efecto: tendido a mis espalda, con los ojos enormemente abiertos y la respiración anhelosa estaba yo, yo mismo, yo mismo, yo mismo!… Mi cabeza se hundía en la almohada, tenía la boca entreabierte en la expresión de la más abyecta idiotez. Todo lo vi con el rabillo del ojo; me dejé caer xxxxxxxxxxxxx de espaldas con mucha lentitud por temor a no sabía qué. Quedé acostado; intenté sentir el peso de mi carne. Xx De pronto dejé de ver, lancé un graznido horrible y de un salto volví a erguirme, pero ahora con la absoluta certidumbre de estar vivo. me cogí con ambas manos los bíceps (acento en lápiz) y me apreté con fuerza. El corazón parecía quererse/me ir volar y me apreté con fuerza. Tantieé (Tanteé) xxxx con una mano sobre la mesa, hallé la caja de fós- (fin de la página 32)
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foros y encendí la vela.
Xxxxxxxxxxxxxxx No intento ponerme a describir las inquietudes y el maremágnum de conjeturas descabelladas que sobrevino después de tal experiencia. Piensen Ud. (Uds.) que acaban de pasar por tales emociones e imaginen todo lo que un hombre en soledad, sentado en una cama, con un silencio espeso encima y un corazón corazonazonado adentro, puede ponerse a meditar.
La verdad era que yo me había visto a mi (mí) mismo, me había medio salido de mi (mí) mismo y me había vuelto a encajar en mi (mí) mismo, con la xxxxxxxxxxx certidumbre de que todo había ocurrido mientras me hallaba perfectamente despierto y /absolutamente seguramente consciente.
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