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A PROPÓSITO DEL DIA DE LA HISPANIDAD, “12 DE OCTUBRE”, ANTES DIA DE LA RAZA: “…VENCERÉIS, PERO NO CONVENCERÉIS…”


Compilación Lic. Wilfredo Mármol Amaya,

Psicólogo y escritor viroleño.


El registro de la historia es útil para pensar y repensar los acontecimientos de la
vida y su devenir en el sano propósito de evitar la repetición de “los horrores de la
historia misma, solía afirmarnos el profesor Dr. Ignacio Martin Baró en nuestras
clases de Psicología Social, allá por el año de 1983 en el recinto del Alma Mater,
la UCA.

Ahora bien, traemos al Suplemento Tres mil del Diario COLATINO, un discurso en
el paraninfo de la Universidad de Salamanca entre Miguel de Unamuno, rector de
la misma y el tristemente militar de la sangre “mano derecha de Franco” en la
celebración del día de la hispanidad. Véamelo y reflexionemos:

«Venceréis, pero no convenceréis» o, también, «Vencer no es convencer»
es una famosa cita atribuida a
Miguel de Unamuno, escritor y filósofo de
la
generación del 98, el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad
de Salamanca
, durante una ceremonia de la por entonces llamada Fiesta de la
Raza
, aniversario del descubrimiento de América. Frase iba dirigida a José Millán-
Astray
, general del bando sublevado y fundador de la Legión, que increpó el
discurso de Unamuno a gritos de « ¡Mueran los intelectuales!» (« ¡Muera la
inteligencia!») Y «¡Viva la muerte!».

La sublevación en Salamanca y la visión del filósofo

El 17 de julio de 1936 estalló la
insurrección militar contra el Gobierno de
la
República, que derivó en la posterior guerra civil española. Un día después del
golpe de Estado, en
Salamanca se comenzaron a escuchar los primeros rumores
de acuartelamiento de tropas, y el día 19 se declaró el
estado de guerra en la
ciudad del
Tormes. En agosto, la ciudad era ya protagonista de vejaciones
públicas, trabajos forzados,
desapariciones y paseos.
Miguel de Unamuno, por aquel entonces
rector de la Universidad salmantina, apoyó
en un principio la
sublevación, pero pronto pudo contemplar la represión, como la
detención, para posteriormente proceder a su fusilamiento, de amigos como el
profesor
Prieto Carrasco, exalcalde de la urbe, el presidente de la Federación
Obrera
José Andrés Manso o su alumno predilecto Salvador Vila, rector de
la
Universidad de Granada. Como personaje eminente en Salamanca, el rector
recibió peticiones de familiares para que intercediera por multitud de arrestados,
muchos de ellos conocidos y amigos suyos.

12 de octubre: el choque entre Unamuno y Millán-Astray

Coincidiendo con la apertura del curso universitario, el 12 de octubre se celebraba
de modo solemne la festividad del
Día de la Raza en Salamanca con la celebración
de un acto político-religioso en la catedral al que Unamuno no acudió y otro de
carácter universitario presidido por el escritor y filósofo al que asistiría la esposa

de Franco, Carmen Polo de Franco, el general africanista Millán-Astray, el obispo
de la diócesis
Enrique Plá y Deniel, José María Pemán, el gobernador militar de la
plaza y el resto de fuerzas vivas de la ciudad. El evento fue abierto por Unamuno,
para posteriormente dar la palabra a los conferenciantes, sin que estuviese previsto
que la máxima autoridad universitaria interviniera más tarde. El acto se emitió por
la radio local.

Retrato de Unamuno
, por Joaquín Sorolla (c. 1912, óleo sobre tela, 1430 × 1050 mm, Museo de Bellas Artes de Bilbao).
Intervinieron en el acto, cuyo tema principal era, “la exaltación nacional, el
Imperio,
la raza y la Cruzada», el catedrático de Historia
Ramos Loscertales, el
dominico
Beltrán de Heredia, el catedrático de Literatura Maldonado de Guevara y,
por último, Pemán. Los dos primeros hablaron sobre «el Imperio español y las
esencias históricas de la raza». Maldonado, por su parte, cargó fuertemente
contra
Cataluña y el País Vasco. Pemán acabó su discurso intentando enardecer
a sus oyentes: «Muchachos de España, hagamos cada uno en cada pecho
un
Alcázar de Toledo
». Las críticas y amenazas proferidas a todos los que no
compartían los ideales de la sublevación, condenados como la
antiespaña, entre
otros puntos, fueron las que suscitaron el rechazo de Miguel de Unamuno. Acto
seguido, intervino el rector, cuyas frases difieren según los distintos testigos,
cronistas e historiadores, ya que no se dispone de ningún registro grabado o escrito
del mismo: Ya sé que estáis esperando mis palabras, porque me conocéis bien y
sabéis que no soy capaz de permanecer en silencio ante lo que se está diciendo.
Callar, a veces, significa asentir, porque el silencio puede ser interpretado como
aquiescencia. Había dicho que no quería hablar, porque me conozco. Pero se me
ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de una guerra
internacional en defensa de la civilización cristiana. Yo mismo lo he hecho otras
veces. Pero ésta, la nuestra, es sólo una guerra incivil. Nací arrullado por
una guerra
civil
y sé lo que digo. Vencer no es convencer, y hay que convencer sobre todo.
Pero no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio a la
inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva (más no de inquisición). Se
ha hablado de catalanes y vascos, llamándoles la antiespaña. Pues bien, por la
misma razón ellos pueden decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo Plá y Deniel,
catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer. Y yo, que soy
vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española que no sabéis. Ese sí es
mi Imperio, el de la lengua española y no…(Miguel de Unamuno (
Núñez Florencio,
2014
, p. 37).

La algarabía cortó la alocución del orador. La mayor respuesta se atribuye al general
Millán-Astray que, ubicado en un extremo de la presidencia, golpeó la mesa con su
única mano y, levantándose, interrumpió al rector « ¿Puedo hablar?, ¿puedo
hablar?». Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: « ¡Viva la
muerte!». La historiografía no consigue determinar si entonces el militar intervino y
si fue ese el momento en que pronunció sus gritos de: ¡Mueran los intelectuales!
¡Viva la muerte!

Millán-Astray continuó con los gritos con que habitualmente se excitaba al pueblo:
« ¡España!»; «¡una!», respondieron los asistentes. «¡España!», volvió a exclamar
Millán-Astray; «¡grande!», replicó el auditorio. « ¡España!», finalizó el general;
«¡libre!», concluyeron los congregados. Después, un grupo de falangistas ataviados
con la camisa azul de la
Falange hizo el saludo fascista al retrato de Francisco
Franco
que colgaba en la pared. Tras las afirmaciones necrófilas del fundador de
la Legión, Unamuno habría continuado con su discurso tampoco hay unanimidad
en las palabras pronunciadas, esta vez cargando directamente contra la réplica
de Millán-Astray: Acabo de oír el grito de ¡viva la muerte! Esto suena lo mismo que
¡muera la vida! Y yo, que me he pasado toda mi vida creando paradojas que
enojaban a los que no las comprendían, he de deciros como autoridad en la materia
que esa paradoja me parece ridícula y repelente. De forma excesiva y tortuosa ha
sido proclamada en homenaje al último orador, como testimonio de que él mismo
es un símbolo de la muerte. El general Millán Astray es un inválido de guerra. No es
preciso decirlo en un tono más bajo. También lo fue Cervantes. Pero los extremos
no se tocan ni nos sirven de norma. Por desgracia hoy tenemos demasiados
inválidos en España y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que
el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología a las masas. Un
inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes se sentirá aliviado al
ver cómo aumentan los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray no es un
espíritu selecto: quiere crear una España nueva, a su propia imagen. Por ello lo que
desea es ver una España mutilada, como ha dado a entender.

Este es el templo del intelecto y yo soy su supremo sacerdote. Vosotros estáis

profanando su recinto sagrado. Diga lo que diga el proverbio, yo siempre
he sido
profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis

sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir.

Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me

pa
rece inútil pediros que penséis en España. Miguel de Unamuno (Núñez Florencio,
2014
, p. 37, revisado).
Tras su discurso, varios oficiales echaron mano de sus pistolas, mientras Unamuno
salió del paraninfo protegido por Carmen Polo de Franco, que le ofreció el brazo, y
por otras personalidades, mientras era increpado con insultos y abucheos, para
montarse en un automóvil que lo dejaría en su residencia de la calle de Bordadores
salmantina.

Unamuno tras el incidente

El mismo día del incidente, el Ayuntamiento se reunió en sesión secreta y decidió
retirarle al escritor el acta de concejal. El proponente, el concejal Rubio Polo, motivó
su expulsión: Por España, en fin, apuñalada traidoramente por la pseudo-
intelectualidad liberal-masónica cuya vida y pensamiento […] sólo en la voluntad de
venganza se mantuvo firme, en todo lo demás fue tornadiza, sinuosa y oscilante, no
tuvo criterio, sino pasiones; no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas;
quiso conciliar lo inconciliable, el Catolicismo y la Reforma; y fue, añado yo, la
envenenadora, la celestina de las inteligencias y las voluntades vírgenes de varias
generaciones de escolares en Academias, Ateneos y Universidades.

La popularidad del anciano profesor entre los salmantinos hizo someter el acuerdo
a la decisión de la autoridad militar, sin recibir ratificación.

Sus últimos meses de vida, desde octubre hasta diciembre del 36, los pasó
bajo
arresto domiciliario en su casa, en un estado en palabras de Fernando
García de Cortázar
de resignada desolación, desesperación y soledad. El 22 de
octubre, dos meses antes de la muerte de Miguel de Unamuno ocurrida en la
tarde del 31 de diciembre,Franco firmó el decreto de destitución del rector. En una
de sus últimas cartas, fechada el 13 de diciembre, Unamuno dejó constancia
nuevamente de su famosa sentencia para referirse a los
militares sublevados:
Vencerán, pero no convencerán; conquistarán, pero no convertirán.

Así un año más desde aquel 12 de octubre de 1492, cuando Colón llegó a nuestras
tierras, que fueron nominadas América Latina, ocasión bautizada por la historia
como Día de la Raza, y acá seguimos con la cara levantada hacia el sol en el día a
día con una alta dosis de dignidad aun buscada y soñada como nunca, a la espera
que muchas personas inocentes encarceladas bajo el régimen de excepción salgan
libres, dejen de ser calificadas como terroristas y sin que los periodistas sigan
callados y con la cabeza viendo el suelo, y digamos si a la vida, porque si no
terminaremos convencidos «Si la inteligencia sirve para el mal, muera la
inteligencia»

Ya nos advertía el padre Nacho: “piensa como vives, o terminaras viviendo como
piensas”

A mi amigo y bien ponderado cómplice de historia, Dr. Valdes, con el afecto y
respeto de siempre.

San Salvador, 12 de octubre de 2022.

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