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seguimos con el cantar de los cantares

Carlos Burgos

Fundador

Televisión educativa

[email protected]

 

En la prosa anterior decíamos que «El cantar de los cantares», es el mejor de los poemas dedicados al amor nupcial. Sin profundizar en la esencia religiosa, comenté sus figuras del lenguaje de acuerdo con la preceptiva literaria. En forma breve identificamos hipérbaton, anáfora, conduplicación, reduplicación, polisíndote, y asíndeton. Hoy continuaremos.

Se tiene adjunción o elipsis del verbo, si se suprime el verbo en varias oraciones. En el tercer

canto cuando el coro describe la litera del rey Salomón se escucha:

«Las columnas son de plata;

el respaldo, de oro».

Se advierte que el verbo conjugado ser del primer verso se suprimió en el siguientes verso y se colocó una coma en su lugar.

 

La sinonimia o metábola, figura de palabra por  combinación se da cuando se emplean palabras sinónimas o de significación análoga para ampliar o reforzar la expresión. En el tercer canto Él expresa:

«Tú, hermanita, novia mía,

eres jardín cerrado

cerrada fuente,

sellado manantial».

 

Una figura de pensamiento es la descripción. En el tercer canto el coro describe la litera del rey Salomón y Él individualiza las cualidades de su amada: sus ojos, cabellos, dientes, labios, mejillas, cuello y pechos, ponderándola como hermosa de pies a cabeza, sin defecto alguno. Perfecta. En el cuarto canto Ella describe a su amado: su color, cabeza, cabellos, cuerpo, ojos, mejillas, labios, manos, piernas, su paladar y finaliza confirmando: ¡Todo él es un encanto!

 

Otra figura de pensamiento clasificada como lógica es el símil que es metáfora por comparación. En todos los cantos se presentan símiles, la mayoría de ellos con la palabra como:

«Mi amado es para mí como el saquito de mirra

que está siempre en mis pechos».

«Mi amado es como un venado:

un venado pequeño».

El coro dice de ella:

«Es hermosa como la luna

radiante como el sol,

irresistible como un ejército en marcha».

El amado le habla a ella así:

«Tus labios son rojos

como hilos de escarlata».

«Tu porte es como una palmera,

tus pechos son como racimos.

Yo pienso subir a la palmera

y adueñarme de sus racimos.

Tus pechos serán entonces

como racimos de uvas».

La metáfora permite la traslación de significados por semejanza. El amado expresa:

«Tu ombligo es una copa redonda

donde no falta el buen vino».

«Tus pechos son dos gacelas,

dos gacelas mellizas

que pastan entre las rosas».

Ella refiriéndose a su amado se expresa con estas metáforas:

«Su cabeza es oro puro».

«Sus mejillas son amplios jardines

de fragantes flores».

Sobre sí misma la amada dice:

«Soy la flor de los llanos.

Soy la rosa de los valles».

Ella es una flor, fuente de efluvios, exterioriza su yo íntimo con esta metáfora:

«Mientras el rey se sienta a la mesa,

mi nardo esparce fragancia».

En el tercer canto el amado le dice:

«Me robaste el corazón

con una mirada tuya»

Se advierte que percibió un impacto sensorial, fulminante, lo que hoy se llama amor  a primera vista que sólo se compensa con la presencia del ser amado. No es fascinación sino amor que ha brotado con naturalidad sin acomodamientos convencionales.

El sexto canto prácticamente es una conclusión. Ella viene del desierto recostada en el hombro de su amado. A los ojos de Él ya ha encontrado la felicidad, confirmando que el fuego ardiente del amor es una llama divina.

«El cantar de los cantares» es la excelencia de los poemas nupciales, una analogía que confirma la santidad del matrimonio dentro del concepto bíblico.

 

Ver también

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por Wilfredo Díaz