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Presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Putin, el ineludible líder de Rusia

Moscú/AFP

Thibault Marchand

Exagente del KGB al frente del país desde hace más de 18 años, Vladimir Putin, encarna la ambición de una gran Rusia de renovada potencia.

“Nadie quería hablarnos, nadie quería escucharnos. ¡Escúchennos ahora!”, lanzó a los occidentales durante su último gran discurso, a principios de marzo.

Cuando Putin, de 65 años, llegó al poder el año 2000, su país era inestable, con una economía fallida. Ahora, numerosos de sus conciudadanos lo alaban, asociándolo con la estabilidad y una nueva prosperidad favorecida por la actividad petrolera.

A nivel internacional intenta restaurar la influencia de Rusia en el mundo, deteriorada tras la caída de la Unión Soviética y los años caóticos bajo el mandato de Boris Yeltsin.

¿Su método? Una lucha paciente y obstinada, al acecho de cualquier síntoma de debilidad del adversario, explicaba en 2013 Putin.

Esa técnica le ha resultado exitosa en Siria, donde Rusia interviene en apoyo al gobierno de Damasco desde 2015, lo que supuso un giro en el transcurso de la guerra.

Un año antes, Putin quiso ser el restaurador de la “gran Rusia” al anexionar la península ucraniana de Crimea, tras un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional. Esa operación mejoró su imagen en casa, pero desató la peor crisis desde el fin de la Guerra Fría entre rusos y occidentales.

Gran aficionado al deporte, el presidente ruso intentó hacer de su país una potencia deportiva, lo que también generó una crisis internacional.

Rusia organizó en 2014 los Juegos Olímpicos más caros de la historia en Sochi y, en el verano boreal de 2018 acogerá el mundial de fútbol. Pero los sueños del Kremlin se vieron ensombrecidos por las acusaciones de dopaje institucionalizado a raíz del informe McLaren en 2016, que Moscú siempre rechazó.

Origen modesto

Nacido el 7 de octubre de 1952 en el seno de una familia obrera en Leningrado (hoy San Petersburgo), nada hacía presagiar que Putin acabaría ocupando la cima del poder.

Graduado en Derecho, trabajó en el KGB como agente de inteligencia exterior.

Tras el desmembramiento de la URSS, se reinventó como asesor para relaciones exteriores del nuevo alcalde liberal de San Petersburgo y luego comenzó un ascenso fulgurante.

En 1996, fue requerido para trabajar en el Kremlin. En 1998 fue elegido director del FSB -que sustituyó al KGB- y un año después fue nombrado primer ministro por el presidente Boris Yeltsin.

Algunos miembros del círculo de Yeltsin creían que podrían manipularlo fácilmente, pero él ya estaba metido de lleno en restablecer la autoridad del Estado formando un “poder vertical” que depende únicamente de él.

La guerra de Chechenia, lanzada en octubre de 1999, supuso el fundamento de su popularidad en Rusia.

Cuando Yeltsin dimitió ese año Putin ya se había impuesto como el nuevo hombre fuerte del país.

Tras ser elegido en el 2000, Putin aceleró su influencia apoyándose en las “estructuras de fuerza” (servicios secretos, policía, ejército) y en sus familiares de San Petersburgo.

Protestas

Expulsó del poder a los “oligarcas” y encarceló a los rebeldes, como el director del grupo petrolero Yukos, Mijail Jodorkovski, liberado en 2013. El Kremlin metió en vereda también a las cadenas de televisión, que pasaron a estar al servicio de Putin.

En 2008, al verse limitado a dos mandatos consecutivos por la Constitución, le confió el Kremlin por cuatro años a su primer ministro, Dmitri Medvedev, y se puso al frente del gobierno.

Cuando, en 2011, anunció su intención de volver a la presidencia para un nuevo mandato, provocó una oleada inédita de protestas.

La movilización se fue apagando tras su reelección en 2012, marcada por la adopción de leyes que la oposición tildó de liberticidas y la creciente represión de toda forma de protesta.

Extremadamente celoso de su vida privada, a Putin, padre de dos hijas y divorciado desde 2013, le gusta dar la imagen de un hombre de gustos simples.

Sin embargo, suele coquetear con el culto a la personalidad, acaparando la atención de los medios, ya sea con demostraciones de judo, cabalgando en caballo sin camiseta o apagando un incendio al mando de un avión Bombardier.

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