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Paz para Nicaragua

Más allá de la legitimidad de las protestas populares en Nicaragua, a raíz de una impopular decisión del Gobierno al modificar sensiblemente el sistema de pensiones, lo que el gobierno de Daniel Ortega rectificó casi de inmediato, podemos asegurar que la continuidad de las protestas tiene otros fines, y no debemos dudar que fuerzas oscuras externas están inmersas.

Y es que al volver a su estado inicial el tema de pensiones en Nicaragua, como una respuesta inmediata y democrática del gobierno de Daniel Ortega, continuar las protestas de forma violenta y con la consigna de “sacar a Ortega y esposa del Gobierno de Nicaragua”, deja de ser una protesta popular reivindicativa para convertirse en una protesta política con alcances impredecibles.

Los que ahora quieren votar al gobierno de Ortega, acuden a propiciar una insurrección popular, ateniéndose a la relación histórica que a manera de protestas ha tenido Nicaragua en muchas etapas de su vida política y social, cuyo culmen fue la insurrección del 19 de julio de 1979 que tumbó la dictadura somocista.

Nicaragua transita otros momentos políticos, con un Gobierno de izquierda que en términos generales, en lo político, económico y social, ha sabido sobrellevar las cosas.

No dudemos que quienes están promoviendo otra insurrección en Nicaragua tienen a la base la imposibilidad de aplicar el mismo modelo de “golpes suaves” aplicados a gobiernos de izquierda en el Sur de América.

Desde El Salvador debemos lamentar lo que está viviendo Nicaragua, y no dudemos que la inestabilidad política y social, en aquel país, nos afecta de manera directa en El Salvador y toda Centroamérica, de ahí que debemos aplaudir las posibilidades de diálogo en las que la Iglesia se ha comprometido mediar, y que la Unión Europea avala, sobre todo, tras la invitación que hizo el gobierno de Ortega a la CIDH para que verifique “in situ” la situación de violencia que vive la patria de Sandino.

Para este día se ha fijado la fecha y se iniciará el diálogo, mediado por la Iglesia católica nicaragüense, entre el gobierno de Ortega y los diversos sectores de esa sociedad centroamericana.

Aplaudamos el diálogo, y aboguemos para que por esa vía Nicaragua vuelva a la normalidad.

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