Saúl Méndez
Colaborador
Este jueves falleció la Madre Guadalupe Mejía, fundadora del Comité de Familiares de Presos y Desaparecidos (CODEFAM), organización con más de medio siglo de trabajo en la búsqueda de personas desaparecidas.
Nacida el 26 de mayo de 1943 en el cantón La Ceiba, municipio de Las Vueltas, departamento de Chalatenango, Madre Guadalupe se convirtió en un referente social e histórico para las familias que buscan a sus seres queridos desaparecidos durante el conflicto armado de la década de 1980.
Durante más de 50 años, sostuvo una lucha incansable por encontrar a su hermano desaparecido en 1981, así como por obtener justicia por el asesinato de su esposo.
“Tengo un hermano, Gilberto Mejía, desaparecido en agosto de 1981. Lo detuvieron cuando venía para San Salvador; después de eso no hemos vuelto a saber nada de él”, relató en 2016 en una entrevista para Diario Co Latino.
La guerra civil dejó un saldo de 75,000 personas fallecidas y alrededor de 10,000 desaparecidas. Aunque los Acuerdos de Paz se firmaron hace más de tres décadas, aún hay familias que continúan la búsqueda.
“Atendíamos y recibíamos denuncias de la población por sus familiares capturados, desaparecidos o asesinados… Recuerdo que registrábamos cada caso y acompañábamos la búsqueda en cuarteles, cementerios, penales, morgues e incluso en basureros, porque hubo algunos que ahí los encontramos”, relató en 2016.
“Fue una labor que realizamos durante toda la guerra y creo que eso me fortaleció; desde mi experiencia podía orientar y acompañar a otras madres, porque es muy duro atravesar una situación así. Uno necesita consejo, apoyo y guía, y ese fue nuestro trabajo”, recordó.
Guadalupe dedicó gran parte de su vida a la organización social: encabezó marchas, alzó consignas con megáfono, participó en protestas y exigió justicia de forma constante.
Sin embargo, su proyecto de vida inicial era distinto. Aspiraba a ser maestra, pero solo pudo cursar hasta segundo grado de educación básica, según relató.
El hecho que marcó el inicio de su lucha ocurrió a finales de la década de 1970.
“Mi esposo, José Justo Mejía, fue asesinado el 9 de noviembre de 1977 en Dulce Nombre de María… era dirigente social cuando lo mataron; comenzó como catequista y celebraba la palabra, y desde ahí inició la persecución”, explicó.
“Él invitaba a la gente del municipio y de las comunidades a una asamblea nocturna donde discutirían varios temas, entre ellos la primera toma del Ministerio de Trabajo”, recordó.
“Una señora le ofreció desayuno donde se había quedado; al salir a la calle se encontró con cinco guardias que lo detuvieron de inmediato y lo subieron a la fuerza a un camión”, detalló.
“Lo iban torturando: lo bajaban del vehículo, lo golpeaban, lo colgaban de los árboles y luego lo volvían a subir. Así ocurrió a lo largo de la carretera hacia San Fernando”.
Madre Guadalupe recordaba que “si pudimos recuperar su cuerpo, fue porque la comunidad me avisó. Fui a buscarlo hasta encontrar su cadáver; íbamos en un bus junto a un compañero que compró el ataúd, cuando cinco guardias comenzaron a interrogarnos sobre para quién era la caja. El juez de Tejutla que llegó a reconocerlo no quiso ir solo, por eso iba acompañado de ellos”.
“Al llegar, los guardias preguntaron si había familiares. Tuvimos que decir que no. Fue un golpe muy duro negarlo, pero lo hice por la vida de mis nueve hijos; estaba con tres de ellos en ese momento y dijimos que era un acto de caridad para enterrarlo”, dijo.
Ella también relató que, en aquel momento, “nos tenían encañonados a mí, al hermano de Justo y a un compadre; al compañero que compró el ataúd lo tenían amarrado en el suelo. Si hubiéramos dicho que era nuestro familiar, nos habrían capturado, torturado y asesinado como a mi esposo”.
“Siempre digo que lo más doloroso fue haber sido como Pedro, que negó a Jesús tres veces. Pero lo hice por la vida de mis hijos: el mayor tenía 18 años y el menor apenas cuatro meses”, expresó.
“Nos dieron 15 días para abandonar la casa. Fue muy difícil. Nos trasladamos con ayuda de compañeros: primero a El Jícaro, luego a El Paraíso, donde vivimos seis meses; después a Quezaltepeque, más tarde a Apopa y finalmente a Taquillo, en La Libertad, donde permanecimos tres años”, relató.
“Años después terminé trabajando en San Salvador e integrándome a CODEFAM. No conocía la ciudad, pero la aprendí caminando sus calles, repartiendo boletines en avenidas e iglesias, junto a Josefina, que ya falleció”.
En 1981, Guadalupe, junto a otras personas, fundó el Comité de Familiares de Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos Marianella García Villas (CODEFAM). Desde esta organización denunció torturas, acompañó a víctimas y presionó a diversas autoridades para la liberación de cientos de presos políticos. Desde entonces, ha brindado apoyo a madres y familias que aún buscan encontrar, al menos, los restos de sus seres queridos.
También fue una de las principales impulsoras del Monumento a la Memoria y a la Verdad, ubicado en el parque Cuscatlán, en San Salvador. En este espacio se recogen los nombres de las personas desaparecidas y asesinadas durante el conflicto armado.
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