Christian Marxism: «The Great Martyrdom» of «Father» Aquino According to Roque Dalton (García) https://argus-a.org/publicacion/1906-marxismo-cristiano-el-gran-martirio-del-padre-aquino-segun-roque-dalton-garcia.html
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
A la memoria de Víctor Eguizábal (1952-2021), amigo y arquitecto de ideas…
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A Jean-Marie Foubert (1948-2025), quien hospeda la amistad…
Aquino, tu lucha (VI)
No hay mayores cambios, excepto unas cuantas palabras corregidas y las cinco estrofas se vuelven seis.
«ala vibrante = ala guerrera
paredón de gargantas = paredón de esperanzas
reconstruyendo el ansia = fundando el ansia de levantar la frente desde la derrota
de levantar la frente
cadalsos = cadalzos.
Se insiste en cómo la poesía retoma el nombre de la Divinidad de la Lluvia del idioma mexica, Tlaloc, al igual que el de Atonal, por simple coincidencia idéntico al soberano mixteco del siglo XV sobre Côâixtlahuacân, vencido por Moctezuma el Antiguo».[1] Sobresale también el uso de emblemas animales —»sapo violento, cuervo artero, león enano»— para denunciar a quienes atacan a Aquino.
Aquino, tu muerte (VII)
Excepto por la fusión de varios versos, cortos en una solo, los cambios resultan mínimos. La edición definitiva no incluye los signos de interrogación al inicio de las preguntas ni la autoría de Pablo Neruda en la cita final. Podría parecer una técnica de collage que «tu muerte» preceda a «tu vida». Pero, por el sentido cristiano-marxista de «tu martirio» primordial, el «sacrificio» del «Padre» se reencarna en «cada mártir nuestro» (verso borrado de la siguiente sección). La «sangre» y el «dolor» representan el abono de las «nacientes savia/y las profundas raíces futurales», según la secuencia cruz -> sepulcro -> resurrección. La muerte sacrificial profetiza la vida futura. Basta leer «Credo del Che» para verificar que la poética de Dalton continúa esta misma sucesión política-religiosa hasta el final de sus días. El guerrillero argentino se llama «Che Jesucristo…Cristo Guevara» quien es «hecho prisionero» al «concluir su sermón de la montaña», «lo condenaron los escribas y fariseos», «le colocaron…una corona de espinas…le colgaron un rótulo…INRI…»lo hicieron cargar su cruz…y lo crucificaron; pero habrá de «resucitar…a la izquierda de los hombres…Amén».[2]
Aquino, tu vida (VIII)
Desde el primer verso, el poema remite la alusión directa a Aquino —»tu martirio»; «tu muerte»; «tu mandato»— a lo definido, «el/la». Se borra el segundo verso —»te has proyectado hasta los nuevos héroes»— el cual reitera la idea de resurrección y reencarnación como postulado de la revolución sinódica permanente. Luego del cambio de «tu (el) mandato antigua…» añade la referencia a cuatro líderes de 1932: «Tayta Feliciano Ama, Farabundo Martí, Luna y Zapata». Acaso, esta adición confirma el avance de la consciencia comprometida de Dalton, de 1955-6 a 1961, quien predice la cronología 1932-1961… que nombrará el movimiento guerrillero por surgir. Luego, el poema enumera más de cincuenta de nombres —acaso los «ángeles bravos» que destronan al dictador en 1944. En su alma, sólo dos mujeres, se encarna «tu muerte», Aquino, la cual revive en cada «mártir»
La estrofa final borra el antepenúltimo y el penúltimo verso:
«y tu lugar exacto en los poemas,
es tu camino con nosotros». Asimismo, cambia el posesivo de la segunda persona singular, «tu», en el diálogo directo del poeta con el mártir —tus nombres apoyándote— a la tercera persona «sus».
Invocación (IX) …. 13
(es la única página numerada, abajo a la derecha).
El cierre culmina con el «Padre» quien «resucita» —tal cual Atanasio Tzul en Guatemala, según Castillo— para «colocarnos la verdad» en Dalton García y «encontrar la verdad» en su colega vecino. La omisión de «Salve tierra» plantea el dilema de una «Madre» ausente al inicio, junto al «Padre» —»hostia feraz»— al concluir los «Cantos». En ambos escritores, «la esperanza» significa la «nueva aparición» que se «reencarna» en aquellas personas que luchan luego de «la plegaria» y de la lucha.
Los cambios resultan mínimos, tal cual la fusión de dos versos en uno solo —la penúltima estrofa junto a la antepenúltima— y varias palabras:
«El pueblo ahí
Nosotros en los lirios (con los ángeles)». Quizás la flor (anthos) de la pureza se transforma en ángel que luego acompaña la poesía comprometida de «los poetas». Hay que «hallar el camino, la verdad y el pueblo» para que suceda le reencarnación.
III. Resurrección
La lectura juzgará en qué medida la intuición poética precede la teología de la liberación. El formato y el ritmo nerudianos componen un torrente fluvial. El carácter migratorio del verso libre enlaza el equilibrio formal del «X-sílabo» a la temática de la Muerte y la Resurrección. Se trata de la Re-volución en el retorno sinódico del legado paterno. El testamento de Aquino estipula que, desde los «orígenes», la «muerte» equivale a la «tierra» sembrada: -tu(u)ka, «sembrar/enterrar» en náhuat. En poema florido (Anthos), su canto renace bajo la «unidad del mundo proletario». El nombre y apellido de Aquino no describen a un personaje histórico. En cambio, designan una visión de la vida como «dolor» o vía crucis que la «esperanza» de «sublevación» marxista llevará en flujo acuático nerudiano hacia su destino socialista redentor, ineludible. La «lucha» la guían figuras míticas mexicas en su nombre, como Tláloc y Atonal, el presunto «príncipe a la sazón reinante, cuando vino Alvarado».[3] Ya el poema «Perennidad pipil» predice que «los cadáveres» no mueren sino se vuelven «particulares dioses», quienes renacen como «el maíz». Jamás equivalen a personas difuntas, sin voz presente. En cambio, su eco lo transcribe la poesía comprometida que endereza la cronología, gracias al recuerdo de la historia. «El tiempo rectilíneo pudriendo sus serenas/permanencias de olvido». En «puño vigilante», la cordialidad por los hechos pasados recobra el ritmo utópico del «camino».[4]
Aquino conserva la misma memoria histórica que la generación comprometida hacia mediados del siglo XX. Por ello, la «palabra» nonualca (nonohualca/o) emigra como Dalton en sus viajes.[5] Sólo la boda del «odio» —llamada «Academia de la Historia»— «condecora» a los «verdugos»; reprueba a las víctimas. No reconoce que la «herida» sangrienta equivale al «surco» de donde retoña el verde de la esperanza: la hoja, fronda y folio a la vez. De esa misma llaga terrenal, brota la flor (Anthos) de la poesía comprometida. Según el ciclo revolucionario de las estaciones, del «sacrificio» y del «martirio» renace la vida como un destino en calvario hacia el «camino», la «verdad» y la «vida». La Verdad no transcribe los hechos caducos, sino la realidad de la esperanza viviente. Si la historia refiere el hecho objetivo del pretérito —según fuentes tardías dudosas (Cevallos, Calderón Ramírez, etc.)— la poética roqueana despliega la subjetividad del presente en su anhelo del cambio radical. El pasado lo entiende como la presencia de un proyecto político porvenir. Que esa certeza socialista se juzgue «el futuro de una ilusión» revolucionaria, o la consumación científica del marxismo, no hace variar el sustento religioso de las premisas. No en vano, «el gran martirio» de Aquino florece periódicamente en la figura política de quienes combaten las dictaduras. Resucita para señalar el «camino» y el «destino» de la renovación social.
En reiterada cantata del responso, si la esperanza dicta el concepto de verdad, es porque al «Padre» lo reencarnan sus hijos gracias a la «hostia feraz». Todo feligrés revolucionario comulga de continuo, para que el cuerpo de Aquino realice una nueva aparición. En la creencia cristiana, el pasado no pasa, sino su actualidad profetiza el futuro gracias a la «plegaria». Como lector y asistente a esta liturgia, en motete, la recitación misma del poema suscribe esa oración. A diario, insisto, renueva su fe en la imagen que le señala el «camino», la «verdad» y la «vida» de la revolución socialista en promesa mesiánica. «Después del gran martirio» —la crucifixión— acontece «tu gran mañana», la resurrección.
- Conceptos elementales
Esta sección hace un recuento de los conceptos elementales que aplican los «Cantos a Anastasio Aquino» comentados en los apartados II y III. Insiste en subrayar las correspondencias entre el marxismo y el cristianismo. En seguida, un paréntesis comenta cómo «el amor» define también un concepto elemental del compromiso, anterior a toda teoría, pero ignorado hasta el presente debido a la exclusión de los archivo primarios (IV.II). La consonancia marxismo-cristianismo la reitera Otto René Castillo en su «Segundo Puño por la tierra: Atanasio Tzul» (IV.III). Castillo complementa la terminología cristiana con amplias referencia a la agricultura de la comunidad indígena en general. Aunque no especifica el lugar exacto del eco-sistema «en el frío de las cumbres guatemaltecas», lo caracteriza por la constante mención del «maíz». La planta explaya la metáfora primordial de la poesía —que «salta de la semilla a la flor (Anthos)» y del ser humano en su brote rebelde.
Por este doble enlace —religión y agricultura— el marxismo debe aceptar su calificativo de materialismo histórico y dialéctico. El ensayo entiende que los conceptos universales se arraigan en lugares concretos, distintos a su origen europeo. En el lugar, lo histórico establece un vínculo dialéctico con el espacio ya que su cronología —a presupuesto lineal— se levanta en «las cumbres guatemaltecas» y en Santiago Nonualco. Aunque ninguno de los dos poetas aluda a los idiomas maternos ni coloquiales de ambas personalidades del siglo XIX, su conversión religiosa al presente (1955-1956) testimonia cómo la ciencia interactúa con la «creencia» (véase: Castillo, IV.III). Asimismo, los axiomas objetivos de la historia —¿sin habla del agente histórico?— se doblegan a la subjetividad de la poesía comprometida. Dado el precepto monolingüe que funda la nacionalidad salvadoreña, la historia y la poética imaginan un «animal político (zoon politikon)» sin un «animal dotado de lenguaje (zoon logos ejon)», tal cual lo testifica la ausencia de manifiestos en idiomas maternos desde 1821, así como la omisión de las mito-poéticas multilingües.
- I. Cantos a Anastasio Aquino, conceptos elementales (1955, 1961, 1980…)
Se describen las categorías esenciales de la breve introducción corregida y de los ocho (8) poemas que entonan los «Cantos» al «Padre de la Patria».
A Jorge Arias Gómez (1961)
ANASTASIO AQUINO fue… primer párrafo (el ideal del.…pacíficamente…repartiéndose…) y tercero (En el año de 1832, exactamente un siglo antes de la dolorosa epopeya de Feliciano Ama y Farabundo Martí, padres de la patria futura…). Sólo incluye dos párrafos corregidos —de los cuadro iniciales— de los cuales sobresale el ciclo sinódico de la revolución social. Se tacha la fecha del manuscrito original: «Agosto de 1955».
Formato y ritmo nerudianos
Orígenes (I)
Muerte, retorno a la Tierra
Aquino, apellido y nombre de la lucha
Rosa (Anthos) liberada
Esperanza de unidad del mundo proletario
Dolor antiguo (II)
Visión de la vida como dolor y Vía Crucis
Contra el dolor antiguo (III)
Dolor, corazón del indio
Esperanza, sublevación
Pausa para el machete (IV)
Rayo, río, flujo nerudiano
Anastasio Aquino, tu lucha (V)
Lucha, Tláloc y Atonal, nombres en náhuatl-mexicano
Padre del surco, es decir, de la siembra y de la flor (Anthos) que retoña de la Virgen-Madre-Tierra en «Salve tierra», poema borrado en 1961
Palabra migratoria
Boda cuervo-león, odio
Academia de la Historia, condecorar a verdugos
Anastasio Aquino, tu muerte (VI)
Sacrificio de los días
Tierra y tiempo
Anastasio Aquino, tu vida (VII)
Martirio
Rosas (Anthos), renacimiento
Resurrección, mártires contra las dictaduras
Camino, destino
Invocación (VIII)
Verdad, esperanza
Padre
Hostia feraz
Encarnar tu figura
Nueva aparición
Pasado = Futuro
Plegaria
Camino
Esta sección recopila varios «conceptos elementales del materialismo histórico» en El Salvador, ausentes en la mayoría de los estudios y manuales básicos, a saber: Vía Crucis, esperanza, martirio, muerte-siembra-tu(u)ka, resurrección, hostia, encarnar, etc. La lectura juzgara si esa confluencia de dos vertientes del pensamiento en un solo caudal teórico podría interpretarse como el preludio poético de la teología de la liberación.
- II. «¡Que sea con ustedes el amor!»
Sea como fuere, «El juicio del día. Cuento escénico de Roque Dalton García» prosigue el trayecto teológico que recomienda la conversión de la Iglesia Católica hacia los pobres. El relato teatral narra la trilogía clásica Iglesia-Ejército-Burguesía.[6] Este triunvirato somete al emblema del pueblo, Salvador, a un juicio sumario. Decorados al fondo por «tramoyistas…de jóvenes homosexuales de origen noble», el tribunal lo componen «el Sumo Sacerdote», «El Capitán» y «Mister PearApple», los representantes de los tres grupos hegemónicos. En cambio, el acusado lleva el nombre propio del país, «Salvador». Él representa la «homo populis».
El decorado ofrece una clara referencia a la sexualidad en su enlace con la política. En esta esfera, sólo aparecen cuatro hombres, de los cuales el hacendado, «Mister PearApple», «va a los burdeles todos los sábados» y se «sueña…vestido de muchacha raptada» por «cowboys». Acaso así la escena insinúe la ambigüedad de su conducta. En los otros dos «jueces», el poder político lo decreta el aspecto físico. La obesidad caracteriza a ambos, cuya «barriga» denota la abundancia de alimento. El «sacerdote…cree en Dios», pero su «fetidez» le impide prodigar «el amor» al prójimo que perdura en el pueblo. Por su parte, el militar enlaza su alto rango a la borrachera diaria.
Así, la gordura del desamor ebrio se junta con la sexualidad cafetalera como atributos del ascenso social. Este privilegio inviste al trío con el derecho de encarcelar a Salvador debido a su ateísmo. El proceso legal cobra un sentido religioso. Desde el inicio, el Sumo Sacerdote interroga «¿crees en Dios?». Tal es la determinación teológica de la política. Un voto de obediencia a la autoridad define el génesis de la sociedad humana: «la jurisdicción» y la jerarquía eclesiástica. Aunque pongan en duda «el intelecto» de Salvador, él reconoce el doble sentido del verbo «creer»: «creo en», certeza, y «creo que», duda. Cree en Dios, pero no cree que su «representación» terrenal sea la adecuada. El debate político anhela averiguar dónde se localiza esa delegación divina en el planeta Tierra. Para Salvador, «Dios…será un señor de ideas izquierdistas», cuya «bondad absoluta» retoñaría en su «representante».
Por ello, «no tengo nada que temer» del Sumo Sacerdote, el «portavoz» de lo Divino. Por lo contrario, duda que la «figura» de Dios sea «bien usada» por los objetivos políticos, el «contrabando» de productos y de «mujeres» para «el amo». Enterado de los asuntos internacionales, Salvador sabe que esta misma práctica ocurre en Cuba, antes de la revolución. Ahí, «el Arzobispo de La Habana» bendice «hoteles» cuya «obra humana…complement(a) la obra de Dios». La asistencia no podría ser más obvia: «tahúres y gánsteres reconocidos». El discurso religioso acostumbrado distorsiona la «bondad divina» al volcarla hacia el reino social de la corrupción y de la injusticia. Al cabo, esta breve obra recomienda la reconversión de la Iglesia Católica hacia los anhelos populares de justicia. La corrección rompería el triunvirato y formaría una alianza entre la Iglesia Católica y el pueblo, acaso en preludio del ideal revolucionario. Pero, antes de imaginar el despegue guerrillero, el pacifismo de Salvador desea «¡que sea con ustedes el amor!», aunque me aprisionen. Este concepto elemental —»el amor»— precede la secuencia del compromiso: teoría marxista -> militancia en el Partido Comunista -> guerrilla -> utopía socialista.
Se incluye la ilustración original del relato escénico. A diferencia de las reediciones actuales, las originales suelen incluir un diálogo entre la palabra y la imagen. En este caso, Salinas retrata los tres jueces inquisitoriales con su mirada penetrante hacia el vacío. Pero Salvador, el acusado, queda sin rostro. A lo sumo, su imagen la representan las columnas que evocan la ruina sinuosa. (continuará)
[1]. https://gdn.iib.unam.mx/termino/search?queryCreiterio=nontli&queryPartePalabra=inicio&queryBuscarEn=nahuatlGrafiaNormalizada&queryLimiteRegistros=50. En su libro Religión de los nicaraos (1972: 64), Miguel León-Portilla documenta que «el dios que envía la lluvia se llama Quiotéot». https://historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/religion/137_04_03_Creencias.pdf. Pero la literatura suele acercar la diversidad del náhuat salvadoreño al náhuatl-mexicano más que a su vecino centroamericano. También, quienes rocían el agua, los Tepehuas, los desconoce la mito-poética nonualca del compromiso.
[2]. Dalton, 1977: 22. Es obvio que para «Salvar a Cristo» (20) debe crearse una «religión positiva que surge del alma de la revolución (25).
[3]. Santiago Barberena, 1914, 171. https://archive.org/details/historiadeelsalv01barb/page/n5/mode/2up.
[4]. Se anota que la figura monárquica náhuat que Dalton retoma de la historiografía tradicional —Tu-teco-tzimi-t— ofrece una posible glosa bastante controvertida, a saber: nuestro-(Señor-)Dios-Demonio/Diablo/Maligno. En la geografía salvadoreña, la palabra final recuerda la Barranca del Tzi-tzimi-co/Zizimico.
[5]. Se recuerda que una interpretación clásica de la palabra «Nonohualco» (nonooalca) —»pueblo al este de México; no el barrio de Tenochtitlan»— aparece en «la lista de ciudades enemigas», así como «sobrenombre de los Côzcatêcah». «El término designaría a quienes hablan una lengua extranjera» o «la pronuncian» de manera extraña: nonohualcaitoa. https://gdn.iib.unam.mx/termino/search?queryCreiterio=nontli&queryPartePalabra=inicio&queryBuscarEn=nahuatlGrafiaNormalizada&queryLimiteRegistros=50. «Quijnonoalcaitoaia jntlalol, su lengua la llaman Nonoalca». Los derivados clásicos de la palabra carecen de memoria histórica, a saber: «nonohualcatl, bamos a la costa del mar, luego están todos los nonohualcas dentro del tercero día de campo; «nonohualcatepet(l), nombre de una montaña»; «nonohualcatepec, topónimo, lugar donde Quetzalcoatl (divinidad y cargo religioso) hace penitencia»; «nonohualcat(l)lia, arreglar algo a la manera de los nonohualcos»; «nonohualcaxima, cortarse el pelo —peinarse— a la manera nonohualca»; «nonohualcoyotl, canto nonohualca», etc.
[6]. Roque Dalton García, 1962a, 1 y 24. Nótese la inclusión del apellido materno.
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