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¿Modernizar la jornada o abaratar los relevos?

Erick Zelaya*

El debate de las 11 y 12 horas comienza a mostrar qué está realmente en disputa.

La discusión sobre la jornada laboral en El Salvador ha entrado en una nueva etapa. Lo que inicialmente apareció ante la opinión pública como la posibilidad de trabajar cuatro días durante once horas y descansar tres comienza a revelar un problema mucho más profundo: cómo organizar la producción continua y quién debe pagar el costo de mantener funcionando las empresas durante más horas.

La comisión técnica creada por el Consejo Superior del Trabajo ya inició sus reuniones y, junto al esquema de cuatro jornadas de once horas, han aparecido otras alternativas, entre ellas modalidades de cuatro días de trabajo por cuatro de descanso, con jornadas que podrían alcanzar las doce horas, así como horarios diferenciados según las características de determinados sectores económicos.

Esto confirma que no estamos simplemente ante una discusión sobre una “semana de cuatro días”. Estamos ante una posible modificación profunda de la organización del tiempo de trabajo.

¿El problema son los trabajadores o los relevos?

Una declaración proveniente de la representación empresarial ayuda a entender mejor el fondo de la discusión: las actuales limitaciones de jornada obligan a determinadas operaciones productivas a realizar varios cambios de turno para mantener funcionando continuamente las máquinas.

Ese argumento merece toda la atención del movimiento sindical. Porque si el problema empresarial consiste en que para producir durante 24 horas deben organizarse tres turnos de ocho horas, la pregunta inmediata es: ¿por qué la solución debe ser extender el tiempo que permanece cada trabajador dentro de la empresa y no contratar suficiente personal para garantizar los relevos?

Las máquinas pueden trabajar 24 horas. Los trabajadores no.

Una fábrica puede funcionar durante todo el día mediante tres turnos de ocho horas. También pueden estudiarse jornadas más cortas acompañadas de mayor contratación. Lo que no debería aceptarse es que la necesidad empresarial de mantener encendida una máquina se convierta automáticamente en justificación para mantener a una persona once o doce horas frente a ella. La empresa obtiene los beneficios de la producción continua. Por tanto, también debe pagar el costo de organizarla.

El empleo que no se crea

Aquí aparece una cuestión prácticamente ausente de la discusión pública. Cuando se habla del costo de contratar trabajadores adicionales se presenta la contratación como una carga empresarial. Pero pocas veces se calcula el costo social del empleo que deja de crearse cuando las necesidades de producción se cubren extendiendo los turnos del personal existente. Si una fábrica necesita cubrir 24 horas existen distintas posibilidades. Puede organizar tres turnos de ocho horas y contratar el personal correspondiente. Pero lo que se propone es intentar concentrar la operación en jornadas de once o doce horas y reducir el número de relevos necesarios (aquí la trampa).

Por eso la comisión técnica del Consejo Superior del Trabajo no debería limitarse a comparar horarios. Debe presentar simulaciones públicas que permitan conocer cuántos trabajadores requiere cada modalidad, cuántos empleos se crearían o dejarían de crear y cuánto ahorrarían las empresas mediante la extensión de los turnos.

Este es un problema de política nacional de empleo.

El Salvador necesita más contratación, no trabajadores más agotados. ¿Por qué se pueden discutir 12 horas, pero no reducir las 44?. Existe además una contradicción que comienza a hacerse evidente. Desde sectores empresariales se argumenta que “la realidad laboral ha cambiado” y que es necesario modernizar las jornadas. Sin embargo, mientras aparecen alternativas de once e incluso doce horas diarias, la reducción de las actuales 44 horas semanales no ocupa todavía un lugar equivalente en la agenda de discusión. Es más se evita hablar del tema.

La pregunta resulta inevitable: Si la tecnología, las máquinas, los procesos productivos y la productividad han cambiado, ¿por qué la única variable que parece no poder reducirse es el tiempo que trabaja una persona?

Modernizar no puede significar únicamente reorganizar las mismas 44 horas para satisfacer las necesidades empresariales. También debería significar discutir 40, 36, 32 o menos horas semanales con salario íntegro, distribuyendo entre los trabajadores una parte de los beneficios generados por el incremento de la productividad.

La verdadera modernización laboral consiste en conseguir que la sociedad produzca más necesitando menos tiempo de trabajo humano.

Más de seis mil accidentes obligan a discutir la fatiga

Existe otro dato que vuelve todavía más urgente esta discusión. Hasta el 26 de agosto de 2026, las cifras divulgadas del Ministerio de Trabajo registraban 6,135 trabajadores accidentados y 29 fallecidos en accidentes laborales en El Salvador.

Antes de discutir jornadas de once o doce horas, el país debería preguntarse qué relación existe entre duración de la jornada, fatiga y accidentes laborales. La comisión técnica debería solicitar información detallada sobre cuántos accidentes ocurren después de la octava hora, cuántos corresponden a trabajadores que realizaron horas extraordinarias y cuál es la incidencia de accidentes durante jornadas nocturnas o prolongadas.

Si esa información no existe, entonces debería producirse antes de modificar la legislación.

No puede experimentarse con la salud de miles de trabajadores para comprobar posteriormente cuáles fueron las consecuencias. Modernizar debe significar trabajar menos y generar más empleo

El movimiento sindical tiene ante sí la oportunidad de cambiar el terreno de la discusión. No basta con rechazar las once o doce horas. Hay que presentar otra idea de modernización. La tecnología debe permitir reducir la jornada, aumentar los salarios, mejorar las condiciones de trabajo y contratar más personas.

Por eso debería establecerse un principio sencillo: ninguna reorganización de jornadas puede utilizarse para eliminar puestos de trabajo, evitar nuevas contrataciones o sustituir trabajadores mediante la prolongación de los turnos existentes.

Cuando una empresa amplíe sus líneas, aumente sus pedidos o extienda su producción hacia las 24 horas, debe aumentar proporcionalmente su plantilla.

Si aumenta la producción, debe aumentar el empleo. Si aumenta la productividad, debe reducirse el tiempo de trabajo. Esa debería ser la respuesta sindical a la llamada modernización.

El debate que comienza en el Consejo Superior del Trabajo no debe responder solamente a una pregunta empresarial: ¿cómo mantenemos funcionando las máquinas durante 24 horas?. Debe responder a una pregunta social mucho más importante: ¿cómo utilizamos la tecnología y la productividad para que los salvadoreños trabajen menos, vivan mejor y existan más empleos?

La economía existe para sostener la vida humana. La vida humana no existe para adaptarse al ritmo de las máquinas. Las máquinas pueden trabajar 24 horas. Si las empresas quieren mantenerlas encendidas, deben contratar los trabajadores necesarios para hacerlo.

 

*Luchador social, Sindicalista en El Exilio y Columnista

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