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jueves , 19 octubre 2017
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Llevar las buenas intenciones a la vida II

Víctor Corcoba Herrero*

Los nuevos tiempos actuales son desesperantes para muchas personas. Hace tiempo que se debieron adoptar medidas a escala mundial, health de manera decidida y coordinada, sildenafil contra los contrabandistas de personas desesperadas, troche que no pueden más y huyen sin pensar en la muerte. Muchos mares son ya auténticos cementerios.

En 2014, más de tres mil migrantes se ahogaron en el Mediterráneo en su intento por cruzar ilegalmente en embarcaciones poco seguras controladas por bandas criminales. Son vidas nuestras, cuyo único deseo es un lugar más seguro para sí y para sus familias.

Las leyes migratorias restrictivas y el endurecimiento de los controles en frontera, están activando el aumento irregular de migrantes, al tiempo que se está consolidando el negocio de organizaciones que trafican con seres humanos.

Porque somos parte de una sola humanidad no podemos permanecer en nuestro pedestal de soberbia, todos podemos hacer más por esta gente, al menos reconocernos en ellos y actuar a su lado para transformar la política migratoria en un objetivo, de respeto a toda dignidad humana.

Ciertamente, tenemos que salir de nuestro propio aislamiento y encaminarnos hacia esas otras personas que reclaman nuestra generosidad. Será lo que dará sentido a nuestras acciones, a nuestra manera de actuar y ser.

Pensar quizás sea el trabajo más difícil que existe, y máxime, cuando debemos hacerlo para que nuestros semejantes alcancen el horizonte del respeto y de la consideración de todos nosotros. Por desdicha, un parte de la población humana actúa cada día sin pensar, han sido adoctrinados para obedecer únicamente, y otra parte, también muchas veces piensa, pero no actúa.

La arrogancia domina tantos corazones que los vuelve intransigentes y estúpidos. De ahí, que la estupidez, aparte de estar a la orden del día, hace imposible cualquier diálogo. Sin duda, en una plática de sordos nadie sabe de nadie, ni nadie quiere entenderse con nadie.

Sea como fuere, creo que tenemos que dejar de ver al mundo como un mercado, en el que todo se compra y se vende. El orbe de las finanzas y de las políticas tiene que dejar de bracear en la inhumanidad y centrarse en el ser humano. Hemos de volver a la lucidez del buen hacer. Lo vulgar nos ha vuelto estúpidos y lo nefasto es proseguir perseverando en el error.

Urge restablecer la esperanza en el planeta, más que un falso optimismo que al fin puede decepcionarnos. Verdaderamente, todo está como muy tenso. Me temo que muchos seres humanos han perdido la confianza hasta en sí mismos. Tampoco busquemos refugio en los lamentos.

Desenmascaremos antes esta idolatría mundana que quiere gobernarnos a su antojo, este progresismo adolescente que no activa signos de gratuidad alguna, como si el ser humano pudiera eternizarse por el dinero, y salvarse por este poder mundano.

En cualquier caso, quien tiene ilusión vive de otra manera aunque el futuro sea sombrío. No olvidemos que cada generación tiene que ofrecer su propia aportación de vida y una cierta garantía de prolongación. De lo contrario, una sociedad que no logra aceptar a los que sufren, que no lucha por la inclusión, se convierte en un colectivo cruel y atormentado.

Teniendo en cuenta que nuestras existencias están interaccionadas deberíamos ser más piña, más pensar en el otro, más corazón para el otro. Al fin y al cabo, todo está entrelazado. Nadie vive solo. Nadie camina solo. Nadie es algo por sí mismo. Todo depende de todos. Esta es la gran lección. Seamos, pues, sembradores de amor. Lo único que perdurará para siempre. No hay otra cosa que el amor, es lo único que precisamos como encadenamiento. Por consiguiente, a mí se me ocurre dejar impreso este anhelo: AMA sobre todas las cosas y luego reinvéntate lo que quieras.

Escritor*corcoba@telefonica.net

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