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Lingüística en acción

Rafael Lara-Martínez 

New Mexico Tech, 

[email protected]

Desde Comala siempre…

 

Las palabras 

no hacen el amor 

hacen la ausencia

si digo agua ¿beberé?

si digo pan ¿comeré?

en esta noche en este mundo

ninguna palabra es visible   

Alejandra Pizarnik 

Toda expresión verbal estiliza y transforma, en cierto sentido, el acontecimiento que describe.  

Roman Jakobson

Yo no te quiero

nariz de moronga

andá donde tu nana

que te la componga.

Canción popular, transcrita por María de Baratta

Abstract / Keywords

Resumen / Palabras claves

I.  Despegue

II.  El modelo de la comunicación

III.  Un acto de habla: la venta que no vende

IV.  Cuatro puntos cardinales y su centro

V.  Conclusión

Bibliografía

Abstract: “Lingusitics in action” introduces several basic concepts to undersand the speech act.  The literary essay is conceived as a seminar for university students.  It examines language as a creative energy of meaning, instead of a strict logic and grammatical structure.  The interaction between speaker (I) and listener (You) determines linguistic facts in their productive activity of sense.

Keywords: Communication model, Language and metalanguage, Language as energy, Linguistic functions, Speech act.

Resumen: “Lingüística en acción” introduce varios conceptos básicos para entender el acto de habla.  El ensayo literario se concibe a manera de seminario a impartir a estudiantes universitarios.  Se examina la lengua como energía creadora de sentido, en vez de pensarla como una estructura lógico-gramatical estricta.  La interacción entre el hablante (Yo) y el oyente (Tú) se sitúa al centro del hecho lingüístico en su capacidad productora de significados.

Palabras claves: acto de habla, funciones lingüísticas, lenguaje y metalenguaje, lengua como energía, modelo de la comunicación.

I.  Despegue

A

partir de una lectura crítica de Alicia en Maravillolandia (Alice in Wonderland) de Lewis Carroll (1865) y de Alicia en el país del lenguaje (Alice dans le pays du langage) de Marina Yaguello (1981), se propone una discusión introductoria a la lingüística general.  Se trata de examinar los mecanismos del lenguaje implícitos en el acto de habla cotidiano, más que examinar la lengua en su estructura rigurosa y convencional: fonología, morfología, léxico, sintaxis.  Por desgracia, la lingüística estructural y formal —el código sin participantes, sin texto ni contexto— opaca los otros enfoques.   El idioma no se concibe como una práctica cotidiana creadora, sino como un recetario de fórmulas a aplicar en repetición firme, sin un sentido particular y cambiante.

En efecto, no existen estudios del español/castellano salvadoreño —a doble título— ni del náhuat-pipil en su actividad dialógica creadora: parteras, curanderos, hierberos, regateo en mercados, buseros, discurso político, etc.  Se ignora si el uso diario y creativo de los idiomas nacionales ratifican, contradicen o muestran lo (i)lógico de la normatividad gramatical prescriptiva.  Desde las recopilaciones de María de Baratta —hacia la primera mitad del siglo XX— la idea de cultura poética se desplaza hacia la esfera letrada, en olvido que las lenguas nacionales habladas despliegan esa misma poeticidad en refranes (“el muerto al hoyo y el vivo al bollo”), adivinanzas (“blanco mi vestido; amarillo mi corazón (el huevo)”), rimas (“Juan de la talla/pelando su papaya”), chistes, regateos y simples diálogos cotidianos: “bomba, bomba, cohete, cohete, viejo soy, pero no alcahuete”.  Por convención, el canon literario define la identidad nacional con un mayor rigor que la lengua hablada sin estudios que rastreen su idiosincrasia.  Las lenguas habladas —en su estratificación social— las supedita la convención literaria.

En el centro de la mar De largas tierra vengo

Suspiraba un tiburón Arrastrando mi  camisa,

Y en el suspiro decía: sólo para venirte a ver,

Cara de chucho capón. Coyoles en la ceniza. (Baratta)

De formación científica y matemática, Carroll no evalúa el idioma en su rigidez significante —“sonido = sentido” (c = see = sea, en inglés; si six scies scient…, en francés; a, ha, ah, o “su majestad escoja” en castellano; “el carpintero y el perro menean la cola, como la mujer y el volcán se parecen en las faldas”)— ni lo valora en su exactitud referencial, “la palabra perro muerde”.  Por lo contrario, considera su faceta creativa la cual subraya la actividad poética del hablante (Yo) y la interpretación —a menudo discordante— del oyente (Tú): “soy tu madre = eres mi hija”.  “Tenés toda la razón; estoy completamente equivocado = te digo la verdad, por tanto no estoy equivocado”.  Al otorgarse su propia ley, la palabra diseña estatutos complejos que entretejen relaciones de semejanza o disparidad entre el significante y el significado, entre el sonido y su paráfrasis diversa: “va llena = ballena”.  Por divisa clásica, “el sonsonete de la rima” sustituye la “opinión fundada”, ya que “se puede saber el significado…por el sonido” (Íngrimo 6, Salarrué).  En absoluto, estos vínculos internos aclaran cómo el signo lingüístico lo amolda el objeto aludido, según el lema cándido que concibe el idioma en mapa de la realidad.  Más que una técnica gramatical, la lengua presupone una productividad que no sólo engendra un sentido, sino recubre el objeto que nombra de un carácter cultural ajeno a su naturaleza: “todos saben quién es y nadie lo ha visto” (Íngrimo 6, Salarrué).

Si se cita el ejemplo clásico de Venus —planeta actual, Diosa mediterránea, dualidad mexica irreconciliable, matutina (Nextamallani) y vespertina (Xolotl)— es para recalcar que los hechos cobran sentido en la lengua y en la cultura que los nombra.  Una mayor controversia la provocarían los múltiples usos del término “democracia”, cuyo carácter volátil prosigue el dictado borgeano de “El Zahir”, al intercambiarse por todo objeto de igual valor.  Salvo que la razón política conciba lo abstracto con una referencia única y estricta, mientras lo material —la palabra “mango”— se multiplica al infinito en todos los objetos que nombra: “mango = los mangos que existieron ayer, existen hoy y existirán mañana”.  Por esta ambigüedad referencial, en psicoanálisis, la lengua evidencia un síntoma acallado del sujeto hablante.  En vez de cartografía de lo Real, la lengua representa la apropiación que efectúa la conciencia humana y cultural al designarlo.  La cuestión central consiste en discutir, de manera razonada, el idioma en su actividad fundadora de la sociedad humana —no hay animal político sin lenguaje, zoon logos ejon (Aristóteles)— y en su dinamismo innovador del entorno: “hágase la luz y la luz fue hecha” (Génesis 1:3).

A la vez de describir un mundo natural ya constituido, la lengua se analiza en su acto performativo que inaugura los hechos que bautiza, tal cual todo precepto jurídico: “Ud. es culpable”, “los declaro marido y mujer”, “se edita una nueva ley”, etc.  No habría que recurrir a la teoría filosófica de J. L Austin —Cómo hacer cosas con palabras (How to Do Things with Words, 1955/1962)— para descubrir que la lengua instituye el objeto nombrado, por esos enunciados legales performativos.  Ya la música popular lo anticipa y lo refrenda, aunque desconozca su postulado capital: la lengua no sólo describe, sino al referir prescribe.  Sea que “mi palabra es la ley” según la ranchera mexicana, o “we are here, because you already have enough talking in your life.  Shut up your f… mouth and rock”, de una estación vanguardista de rock (109.2 FM, Albuquerque), el idioma se imagina en su calidad de imperativo categórico que crea lo que designa y obliga a la obediencia de quien lo escucha.  Acaso el mismo duplicado hablante-oyente ocurre en la literatura infantil (Tú) cuyo “imaginario es la utopía pasada y futura del adulto” (Yo) (A. Dorfman y A. Mattelard).

Esta correlación entre el nombrar y el crear remite a una teoría política que vincula la palabra al poder.  Del “Tlatoani” en náhuatl-mexicano a “The Speaker of the House” en inglés, el hablante evoca al “Yo, el Supremo” (A. Roa Bastos, 1974), el Dictador quien dicta el sentido correcto y único de las palabras, de las  oraciones y de los textos.  Por presidir el acto de habla, se considera el punto de referencia privilegiado del idioma, en su triple dimensión personal, temporal y espacial: Yo-aquí-ahora.  La demostración —o deixis en griego— invoca una teoría del lenguaje en su contexto directo y en su ambigüedad de interpretación, donde los participantes asumen relaciones contractuales específicas con los objetos señalados, por la memoria, presuposición, conocimiento previo, posesión (W. F. Hanks).  “Por principio democrático, yo siempre le concedo la palabra al enemigo.  Hoy no, mañana sí”, en ese acto del discurso co-substancial al poder.  Al hablar se apela a varias esferas que la visión tradicional e ingenua reduce a la referencial, es decir, a la lengua como atlas exacto del mundo.  “La palabra remite a la cosa nombrada”: H2O.  Sin embargo, según el modelo de la comunicación más clásico, el mensaje incluye al menos seis aristas distintas a las cuales debe responder todo enunciado, incluso el más estricto: “el mango manila es una anacardiácea”; “la tabla periódica de los elementos se compone de…”; “como la Represa Teton, en Idaho (EEUU, 1975), la de Mogul en Irak exhibe un problema técnico y político”; “si los fundadores del canon literario salvadoreño proponen una idea liberadora de nación, su obra debe leerse en Ciudad Mujer para proponer su autonomía, tal cual las “eróticas” de Vicente Acosta (1867-1908)”.  Al monismo tradicional —lengua-mundo— se confrontan las múltiples funciones del modelo de comunicación, a desglosar en seguida, las cuales encierran todo mensaje en un hexágono complejo.  Se presupone que la cohesión interna del mensaje depende del peso específico de tales funciones durante cada acto de habla.  Por la actividad hablante, el objeto de la lingüística rebasa el que se asigna el estructuralismo clásico —la capacidad de lenguaje y la lengua en sí— ya que la enunciación misma implica un proceso social, al igual que sucede con su resultado, el enunciado o texto.

A continuar….

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