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LENGUAJE Y CONOCIMIENTO. EL CÍRCULO DE VIENA.

Eduardo Badía Serra,

Director de la Academia Salvadoreña de la lengua

Alrededor del año 1924, surgió un movimiento filosófico-científico conocido como Positivismo Lógico, y también como el Círculo de Viena. Moris Schlick logró reunir a un grupo de filósofos y matemáticos, quienes mantuvieron dicha escuela durante un período que comprendió, gruesamente, los años transcurridos entre las guerras mundiales I y II, cuyas ideas aun fueron sostenidas posteriormente por otros filósofos de la talla de Alfred J. Ayer, en la Universidad de Oxford. Estas ideas básicas del Círculo de Viena fueron expuestas por Ludwig Wittgenstein en su famoso “Tratado Lógico-Filosófico” de 1921, a pesar de que él no fue estrictamente hablando un miembro de dicho círculo, y pudieran resumirse en: El Principio de Verificabilidad; la teoría de que la filosofía es una actividad sin contenido factual; la creencia de que esta actividad es básicamente la investigación del significado y envuelve una preocupación analítica; y la convicción de que las proposiciones de las matemáticas y de la lógica son meras tautologías. Schlick tomó las ideas de Wittgenstein y las incorporó a su movimiento del Positivismo Lógico.

El Círculo de Viena pudo reunir un importante conjunto de pensadores de la época, y sus trabajos se sostienen aun y han sido la base de mucha discusión alrededor del papel de la ciencia en la filosofía y de las relaciones entre ambas y el lenguaje. Fueron algunos de sus integrantes: Rudolph Carnap, alemán-norteamericano que trabajó en la Universidad de California; Friedrich Waismann. Otto Neurath, Kurt Godel y Herb Feigl. Al Círculo de Viena se le llamó también Escuela del Neopositivismo, Empirismo Lógico, y de muchas otras formas, incluyendo Escuela Analítica o Escuela del Análisis Lingüístico, todas estas originadas siempre en los principios de Wittgenstein, y cuya diversidad no dejó de causar confusión en su identificación y en su contribución a la Teoría del Lenguaje vista esta desde la ciencia y de la filosofía.

Ayer distinguía entre un sentido fuerte y un sentido débil de la verificación. La verificación es fuerte cuando se origina en un hecho de la experiencia, y es débil cuando esta última la comprueba sólo indirectamente; Schlick se cubre de una especie de solipsismo metodológico al sostener que dado que toda experiencia se contiene en las mismas conciencias de los individuos, sólo estos pueden personalmente conocer y verificar el contenido de una proposición. Neuralth, en sus Protocolos Fisicalistas, se queda en que las proposiciones reportan observaciones sensoriales obtenidas de primera mano en la experiencia directa. Como podemos observar, este movimiento del Positivismo Lógico es claramente antimetafísico, rechaza los valores morales, las creencias religiosas, y los valores estéticos, porque para ellos estos carecen de sentido y no tienen contenido. No sólo Dios y la inmortalidad, dicen, están detrás de la prueba, sino también sus argumentos relativos a la moralidad no son verificables. Este es una especie de escepticismo espiritual extremo. Dice, por ejemplo, Ayer, que afirmar la existencia de Dios y la inmoralidad del asesinato es hacer afirmaciones que ni son verdaderas ni son falsas, y por lo tanto, no son juicios. Los juicios son, pues, aquellas proposiciones que contienen sentido. Para Schlick, los valores morales son deseos, aunque les confiere carácter de objetividad porque son preferencias de las propias personas.

Deseo particularmente referirme ahora a la relación entre lenguaje y conocimiento que establece uno de los miembros más famosos del Círculo de Viena, Rudolph Carnap. Con Carnap, particularmente, se desarrolló la sintaxis lógica del lenguaje. Su base reside en  entender que las reglas lógicas se manifiestan en las reglas del lenguaje, potenciando sobre todo la sintaxis y prescindiendo prácticamente de la semántica, esto es, de los problemas relativos a la relación entre lenguaje y objetos. El lenguaje corriente no tiene reglas sintácticas fijas, sino que admite, por el contrario, un número ilimitado de antinomias. Se pretende realizar la sintaxis lógica de los lenguajes perfectos, es decir, la determinación sistemática de reglas formales válidas para ellos. El desarrollo y consecuencias de estas reglas darán origen a un cálculo lógico, de forma que en él se exprese el lenguaje perfecto.

En tanto que la sintaxis lógica debe actuar sobre los usos sintácticos del lenguaje debe tener en cuenta que existen tres tipos de oraciones: Sintácticas, que se preocupan por la forma de las expresiones lingüísticas; de objeto-real, que se preocupan de objetos extra-linguísticos; y de pseudo-objetos, que son oraciones objeto por su forma y sintácticas por su contenido.

Mi profesora de Epistemología y Gnoseología en la Universidad de León, la doctora María Isabel Lafuente Portas, expresaba, procurando una síntesis de la posición del positivismo lógico,  que la sintaxis lógica se opone a la metafísica, cuyos enunciados son aquellos que pretenden presentar un conocimiento situado por encima o más allá de la experiencia. Decía que la metafísica surge porque se usan palabras a las que erróneamente se atribuyen significados, es decir, que se construyen proposiciones utilizando palabras con significado aparente. Sintetizaba muy bien la doctora Lafuente. Toda proposición sintáctica será una proposición empírica. Contrariamente, toda proposición metafísica será una proposición no empírica a la que se le atribuye significado existencial; por ello, las proposiciones metafísicas violan las reglas de la sintaxis lógica.

El uso del lenguaje no se limita a la gramática, a la correcta expresión, a su belleza, a su brevedad y a su significado. Se refiere a ello, ciertamente, y ciertamente ello es muy importante. Pero también advierte que ello está en íntima y constante relación crítica y dinámica con las diferentes formas del pensamiento y de su expresión. Es bueno que nuestros jóvenes conozcan esto y traten de interesarse por ello. Es muy estimulante participar de una conversación en la que priva el correcto uso de la expresión, la elegancia y el sentido de lo que se expresa, su corrección gramática. Ello es una muestra de cultura, y también de historia, porque como digo siempre, al margan de tantas definiciones enredadas y polvorientas de lo que es la cultura de un pueblo, para mí, simplemente, la cultura es la historia, aquello contenido en la historia y que se revela en el actuar concreto de los hombres viviendo en sociedad.

 

 

 

 

 

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