Vicente Cuchillas
Docente del Depto. De Periodismo UES
La libertad de prensa constituye uno de los pilares fundamentales de toda sociedad democrática. El periodismo cumple una función esencial al investigar, informar, fiscalizar el ejercicio del poder y proporcionar a la ciudadanía elementos para comprender la realidad. Sin embargo, en Centroamérica el ejercicio de esta profesión enfrenta condiciones cada vez más adversas. El informe Lo que cuesta contar: estado de la libertad de prensa en Centroamérica, presentado por la Red Centroamericana de Periodistas (RCP), publicado el jueves 1 de octubre, muestra un panorama preocupante sobre las condiciones en que periodistas y medios desarrollan su trabajo en los años 2024 y 2025. La investigación, basada en entrevistas en profundidad a 36 periodistas de seis países de la región, incluidos 11 de El Salvador, advierte que la fiscalización pública ha sido colocada en una situación de vulnerabilidad.
De acuerdo con el informe, diversos gobiernos centroamericanos han utilizado varios mecanismos de bloqueo, amedrentamiento y represión contra las voces críticas. En el caso de El Salvador, presenta una situación particularmente preocupante. El documento identifica como principales amenazas el espionaje digital, las campañas de desacreditación y odio contra el periodismo, el hostigamiento policial y judicial, los ataques digitales contra mujeres periodistas, el exilio de comunicadores, la reserva de información pública y las dificultades para acceder a fuentes periodísticas.
Uno de los indicadores que permite observar este deterioro es la posición de El Salvador en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras. Según el documento, entre 2020 y 2025 el país descendió 61 posiciones dentro de una clasificación de 180 países y territorios, hasta ubicarse en el puesto 143. Este dato constituye una señal importante sobre las dificultades que enfrenta el ejercicio periodístico en el país. A ello se suma el incremento de las agresiones contra periodistas y medios de comunicación. El informe de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) correspondiente a 2024 registró 789 agresiones, frente a 311 en 2023, lo que representa un aumento del 154 %.
Una de las expresiones más graves de esta situación ha sido el espionaje digital. El documento señala que un peritaje realizado por Citizen Lab, de la Universidad de Toronto, y Access Now determinó que al menos 35 personas vinculadas a medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil fueron intervenidas mediante el programa Pegasus durante el período 2020-2021. El temor a la vigilancia permanente ha generado, además, preocupación entre periodistas que consideran que sus comunicaciones telefónicas y desplazamientos pueden estar siendo monitoreados.
Las mujeres periodistas enfrentan, adicionalmente, formas específicas de violencia digital. Un estudio de APES citado en el documento regional, registró un promedio de 40 insultos diarios en la red social X y aproximadamente 50,000 visualizaciones diarias de ataques dirigidos contra periodistas en El Salvador. Estas agresiones contienen componentes de violencia sexual, misoginia y lesbofobia, convirtiendo el espacio digital en otro escenario de intimidación y hostigamiento.
Otra consecuencia de este ambiente de presión es el exilio. El documento señala que APES documentó el exilio de 43 periodistas entre enero y junio de 2025. A la fecha esté número supera más de 60 periodistas y comunicadores. Dichos periodistas exiliados enfrentan dificultades económicas, riesgos para sus familiares, problemas para continuar ejerciendo su profesión y ausencia de redes suficientes para facilitar su reubicación y sostenibilidad. El exilio representa, por tanto, no solamente una experiencia personal y profesional difícil, sino también una pérdida para la sociedad salvadoreña, pues limita la diversidad de voces que pueden participar en el debate público.
La libertad de prensa también se relaciona directamente con el acceso a la información pública. La disminución de solicitudes amparadas en la Ley de Acceso a la Información Pública ocurre, según el documento, en un contexto de desconfianza hacia las instituciones responsables de garantizar este derecho. Cuando la información pública se restringe, el trabajo periodístico se vuelve más difícil y también se limita la capacidad de la defensa de los derechos de las organizaciones sociales y de la ciudadanía para analizar críticamente la realidad. A esto se agrega el temor de muchas personas a proporcionar información a periodistas por posibles represalias, situación que favorece la autocensura.
Sobre el marco legal, abordado en el informe. Entre los cambios identificados se encuentran el estado de excepción vigente desde marzo de 2022, la Ley de Ciberseguridad y Seguridad de la Información, aprobada en noviembre de 2024, y la Ley de Agentes Extranjeros, aprobada en mayo de 2025. Se considera que son normativas, que han sido creadas, justamente para imposibilitar el trabajo periodístico, llegando a criminalizar su labor.
Frente a esta realidad, en sus recomendaciones, el informe propone ampliar las redes de periodistas y garantizar mecanismos de protección. Asimismo, plantea que las instituciones estatales deben asegurar condiciones para ejercer el periodismo libre y seguro, evitando la estigmatización, el hostigamiento y las restricciones indebidas. También, recomienda a la cooperación internacional promover fondos y protocolos de seguridad para periodistas en situación de riesgo.
La situación descrita evidencia que defender la libertad de prensa no significa únicamente proteger a los periodistas, sino preservar un derecho fundamental de la sociedad: conocer, debatir y cuestionar la actuación de quienes ejercen el poder. En una democracia, el periodismo debe poder investigar sin miedo, informar sin censura y ejercer su función fiscalizadora sin convertirse en objeto de persecución. Por ello, fortalecer un periodismo responsable, independiente y seguro constituye una tarea que involucra a los medios, a los periodistas, al Estado, a las organizaciones sociales y a la ciudadanía. Como plantea el documento, es precisamente en los momentos de crisis cuando puede observarse con mayor claridad la esencia y la importancia del periodismo.
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