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Actualmente existe una brecha entre las pensiones que reciben los hombres y las que reciben las mujeres. Mientras que la pensión promedio de los hombres es de 406 dólares, la pensión promedio de las mujeres es de 373 dólares. Foto Cortesía.

La lucha de las mujeres es una historia de resistencia y búsqueda de justicia: Sonia Urrutia 

Saúl Méndez

Colaborador

Sonia Urrutia, secretaria general de la Federación Sindical de Trabajadores para la Justicia Laboral de El Salvador (FESTRAJUSAL), organización que aglutina a 11 sindicatos y mantiene alianzas con otras organizaciones sindicales del sector público, habló sobre la lucha de las mujeres en la sociedad. Desde su perspectiva como mujer y líder sindical, señaló que se trata de una historia larga, profunda y llena de significado.

Es una historia de resistencia, de organización y de una búsqueda permanente por la justicia y la igualdad, mencionó durante el programa Café con PA’IS.

«A lo largo de la historia, las mujeres han tenido que enfrentar múltiples obstáculos para poder ejercer plenamente sus derechos, reivindicarlos y participar en igualdad de condiciones dentro de la sociedad», recordó la sindicalista.

Durante muchos años, la participación de las mujeres estuvo muy limitada en ámbitos como la educación, la política, el trabajo y en los espacios donde se toman las decisiones importantes.

«Durante mucho tiempo, el papel de las mujeres fue reducido únicamente al ámbito del hogar, invisibilizando sus capacidades, sus aportes y su derecho a participar activamente en la vida pública. Sin embargo, a pesar de todas esas limitaciones, las mujeres nunca dejaron de organizarse, nunca dejaron de levantar su voz ni de luchar por transformar esa realidad», manifestó.

«Gracias a esas luchas históricas, hoy podemos decir que las mujeres hemos logrado avances importantes en el reconocimiento de nuestros derechos, en la participación política y en nuestra presencia dentro del mundo laboral. Sin embargo, todavía existen muchas desigualdades que continúan afectando a las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad», aseveró.

Desde su perspectiva como mujer y líder sindical, Urrutia señaló que estas desigualdades también se reflejan claramente dentro del mundo laboral. Históricamente, explicó, los sindicatos fueron espacios donde la participación de las mujeres era bastante limitada, no por falta de capacidad o voluntad, sino por barreras culturales y sociales que dificultaban su presencia en los espacios de organización y liderazgo sindical.

Durante mucho tiempo, la voz de las mujeres dentro del movimiento sindical fue poco escuchada o relegada a un segundo plano. No obstante, muchas trabajadoras comenzaron a organizarse sindicalmente en Estados Unidos e Inglaterra desde el siglo XIX. En El Salvador, este proceso empezó a fortalecerse alrededor de la década de 1920 con trabajadoras de las fábricas textiles y de tabaco, quienes comenzaron a participar activamente y a abrir espacios dentro del movimiento sindical.

Hoy, afirmó, cada vez más mujeres participan en los sindicatos y asumen responsabilidades importantes de liderazgo. En la federación que dirige existen tres sindicatos del sector textil donde el 90 % de la afiliación está conformada por mujeres, y en muchos casos los principales cargos también son ocupados por ellas. Para la organización, esto representa un avance significativo.

Desde su experiencia en el movimiento sindical, Urrutia también destacó que las mujeres trabajadoras enfrentan realidades particularmente complejas. Muchas de ellas, además de cumplir con sus jornadas laborales, asumen la mayor parte del trabajo doméstico y del cuidado de sus familias.

Esto significa que muchas mujeres viven una doble jornada o incluso una triple jornada de trabajo: laboran fuera de casa, realizan tareas domésticas y, además, asumen responsabilidades de cuidado de hijos, personas adultas mayores u otros miembros de la familia.

Este trabajo de cuidado, que resulta fundamental para el funcionamiento de la sociedad, muchas veces no es reconocido ni valorado adecuadamente.

A pesar de estas dificultades, las mujeres han continuado organizándose, participando y defendiendo sus derechos. En ese sentido, han impulsado luchas importantes por la igualdad salarial, por condiciones dignas de trabajo, por el acceso a la seguridad social y por el respeto pleno a los derechos de las trabajadoras.

También han contribuido a visibilizar problemas que durante mucho tiempo fueron ignorados o silenciados, como el acoso laboral y la violencia de género en los espacios de trabajo, situaciones que muchas mujeres enfrentan diariamente. Asimismo, han puesto en evidencia las desigualdades económicas que afectan de manera particular a las mujeres.

Desigualdad en las pensiones

Un ejemplo claro de estas desigualdades se refleja en el tema de las pensiones. Actualmente existe una brecha entre las pensiones que reciben los hombres y las que reciben las mujeres. Mientras que la pensión promedio de los hombres es de 406 dólares, la pensión promedio de las mujeres es de 373 dólares.

Para Urrutia, esto demuestra que todavía existe una desigualdad que el sistema no ha logrado resolver. Esta brecha refleja las condiciones que muchas mujeres han enfrentado a lo largo de su vida laboral: salarios más bajos, mayor presencia en empleos precarios o interrupciones en su trayectoria laboral debido a las responsabilidades de cuidado dentro del hogar.

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