RÍO DE JANEIRO/Xinhua
La escalada de tensiones diplomáticas y comerciales entre Brasil y Estados Unidos ha puesto en el centro del debate una preocupación creciente de expertos y analistas: la ideología y el alineamiento político están desplazando a los mecanismos tradicionales de la diplomacia de Estado.
El detonante más reciente de esta crisis ha sido el controvertido proceso de nombramiento del nuevo embajador de Estados Unidos en Brasil, el republicano Daniel Pérez. Su confirmación por el Senado estadounidense, sumada a la revocación del visado de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti, ha llevado las relaciones bilaterales a su punto más crítico en décadas.
La crisis, cuyo desenlace es incierto en un año electoral clave para el país sudamericano, ya venía fundada por la imposición de aranceles del 25 por ciento a productos brasileños.
El consultor internacional Victor do Prado, del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri), coincide en que la diplomacia como «instrumento de Estado» está siendo socavada por los «instrumentos de Gobierno» y los intereses partidistas. Un ejemplo claro, según él, es el manejo del caso Pérez.
«Brasil podría haber sido consultado sobre Pérez. Él es un diputado estatal, no es un diplomático de carrera», afirmó Prado. La decisión de la Casa Blanca de hacer público el nombre del candidato antes de recibir el beneplácito del Gobierno brasileño es, para él, una «inversión del orden» sin precedentes en la historia diplomática.
Esta ruptura de los protocolos tradicionales es vista como un síntoma de una tendencia más amplia. Prado señaló que «los Gobiernos y agentes diplomáticos se han vuelto mucho más alineados a posiciones políticas».
La crisis trasciende el mero desacuerdo sobre un nombramiento. Para el analista internacional Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas (FGV), las tensiones actuales reflejan un choque entre la búsqueda de autonomía estratégica de Brasil y la arraigada mentalidad de Washington de considerar a la región como su «patio trasero».
«Las medidas punitivas de EE. UU., que incluyen aranceles y el cuestionamiento del sistema electoral y de pagos PIX (sistema de pagos instantáneos desarrollado por el Banco Central de Brasil), son vistas por el Gobierno brasileño como una injerencia en asuntos internos y un intento de influir en las elecciones presidenciales de octubre», comentó Stuenkel.
En este contexto de campaña electoral, el experto advirtió que la respuesta de Brasil es impredecible. «Si hay declaraciones inflamadas, para consumo interno, sobre soberanía, entonces se producirá una escalada aún mayor de la crisis», alertó.
Para Stuenkel, lo más lógico sería adoptar cautela y el diálogo como la vía más estratégica, argumentando que una retaliación directa podría desencadenar una guerra comercial que perjudicaría a Brasil.
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