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viernes , 20 octubre 2017
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La ausencia de “a” en un epílogo

La ausencia de “a” en un epílogo

Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y coordinador Suplemento 3000

Pocos libros me han dejado una gran impresión como el último de César Ramírez Caralvá. Para que una obra literaria llegue a impactar en el lector de tal forma que se vuelva inmortal debe ser auténtica y llena de maestría. Caralvá lo sabe, por eso experimenta, busca, juega, ensambla y llega a generar piezas únicas.
He disfrutado mucho sus libros, en los que es evidente su alto nivel de cultura general y sobre todo de antropología y filosofía, además de su inmensa creatividad. Su publicación Trino y Uno, me encantó. En especial su narración Dios juvenil, en el cual el protagonista presenta una innovadora tipología del mesianismo en la que genera un individuo a seguir, en tanto que es completamente humanizado y con conductas erráticas, pero aun así el líder.
Su nuevo libro Epílogo de Luz es un obra que dará mucho de qué hablar, porque nadie en nuestro país había tenido el atrevimiento de escribir con la ausencia de la vocal «a». Esa letra imprescindible en el castellano y que nos evoca a los inicios de la humanidad, una letra que simboliza el «1» y tiene su génesis en la alef hebrea que no sólo es la representación de un primer número, sino del infinito (ein soft), un lugar donde el tiempo contiene el pasado, presente y futuro como la única razón de la existencia y el deseo de llegar a esa eternidad. Sin embargo, Caralvá escribió por escribir algo nuevo. En eso nuevo no solo desarrolla una historia, sino que deja una huella que solo puede interpretarse a través de los niveles de interpretación (pardes vergel), en el que se desarrollan tres niveles: Peshat o sentido literal, pemez o alusión, derash o enseñanza, y sod o secreto.
Al leer en sentido literal hasta parecerá extraño como Caralvá jubila la «a» de todo el texto, pero podrá terminar la obra de solo encontrar algunos esbozos. Sobre todo porque esta vocal no se encuentra, aunque se contenga en alguna cifra o se represente con algún guión (- ó _), el autor logra encontrar una serie de alternativas, símiles, ideas afines o neologismos para que la trama no se detenga.
En cada escala la ausencia de esta letra «a» trae todo un símbolismo, y es por ello un Epílogo de Luz, un universo sin la conciencia de lo infinito, tal y cómo es la sociedad. La ausencia de una fe verdadera por el único proceso de vivir. El ser humano por ser humano, sin la comprobación de la eternidad y por la tanto de su supresión.
Caralvá escribió esta pieza hace 27 años, así como aquel día en que fundó el Suplemento cultural Tres mil junto a Gabriel Otero, y publicó aquel editorial que auguraba los cambios con la ausencia de la primera vocal. Hoy con este libro abre las puertas para crear nuevas dimensiones donde se creía que nada podría ser nuevo.

 

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