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HOY, HACE UN AÑO, EL DICTADOR DECIDIÓ QUEDARSE PARA SIEMPRE

Por David Alfaro
31/07/2026

La verdad, esto no sorprendió a nadie que haya estado con los ojos abiertos. Desde que #Bukele tomó el control total de la Asamblea y puso sus fichas en la Corte Suprema de Just, ya se sabía por dónde venía la cosa.

¿Reelección indefinida? La vinieron cocinando desde que pusieron aquella Sala a la medida en 2021. ¿Mandato de seis años? Obvio, cinco ya no le alcanzan para terminar su «proyecto».
¿Quitar la segunda vuelta? Claro, ya se siente dueño del voto y del árbitro.
¿Acortar el actual periodo presidencial para mover las elecciones? Otra jugada sucia, pero cantada. Todo para acomodar el calendario de elecciones legislativas a su conveniencia.

Eso no fue novedad. Es el libreto clásico del dictador: llegan por elecciones y luego borran las reglas que los llevaron al poder. Lo han hecho otros caudillos en América Latina. Aquí sólo están siguiendo la misma receta, pero con más redes y aplausos.

Y ojo: esto no es gratis. Sigue acarreando consecuencias, aunque hoy parezca que todo les sale bien.

Primero, porque ya perdieron toda legitimidad. Lo que el dictador y su clan han construido no es gobernabilidad sino miedo. Y el miedo aguanta un rato, pero no para siempre. Tarde o temprano, la gente se harta. Y el problema es que cuando eso pase (y va a pasar) ya no habrá canales institucionales para resolver nada.

Segundo, esto genera desconfianza afuera. Aunque ahora hablen de soberanía y patria, los inversionistas, los organismos internacionales y hasta gobiernos que antes los apoyaban, ya vieron para dónde va esto: hacia una dictadura eterna. Y eso espanta inversión extranjera y cooperación.

Tercero, están jugando con fuego. Cuando se tuerce tanto el sistema, cuando se callan todas las voces y se concentra el poder en una sola persona, lo que sigue es el estallido. No se sabe cuándo ni cómo, pero siempre llega. Y cuando explota, los que más sufren no son los que mandan, sino la gente pobre, la que ya no tiene adónde ir ni a quién acudir.

Sí, todo esto era predecible. Pero no por eso deja de ser grave. El cinismo con el que Bukele, su clan y secuaces actúan, demuestra que se sienten intocables, casi dioses. Pero la historia está llena de caudillos que pensaron lo mismo… y terminaron solos, exiliados o macheteados como el general Hernández Martínez.

Entonces, ¿vamos a esperar a que esto reviente, o nos lo vamos a sacudir antes de que nos entierren vivos?

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