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«Florido Vocabulario del Órgano Viril»  II

Idioma revolucionario masculino

«Flowery Vocabulary of the Virile Organ»

Revolutionary Masculine Language

 

Rafael Lara-Martínez

Professor Emeritus, New Mexico Tech

[email protected]

Desde Comala siempre…

 

Este Órgano viril es el más pijudo, cachimbón y retozón —jacarandoso y vergón— contra la culeritis agudis…

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This Virile Organ is the prickiest, intrepid, playful toy —lively and male excellence— against acute asshole/sissy/fagot illness…

  

  1. Despegue (anti)masferreriano

 

Ligados a la generación comprometida, Roque Dalton (1935-1975) e Ítalo López Vallecillos (1932-1986) concuerdan en defender el uso del idioma coloquial, vulgar, en la política.  El primero es espontáneo e informal en su habla; el segundo es más académico y recatado en su escritura.  Este contraste lo expresa la visión que ambos emiten sobre Alberto Masferrer (1868-1932).

Explícitamente, López Vallecillos vindica el legado de Masferrer en su vigencia por inaugurar una sociedad post-capitalista.  Aunque no profundiza su trasfondo filosófico oriental lo juzga una alternativa válida y actual por su «Doctrina del Minimum Vital».  «Revela a un hombre políticamente comprometido (y) a un escritor con un pensamiento propio y una actitud valiente frente al sistema».  Cita varios párrafos de Masferrer para demostrar la precedencia del vitalismo sobre cualquier otra teoría política revolucionaria, incluida la marxista.  No sólo ambas perspectivas se (con)funden en la crítica anticapitalistas contra la «deificación del dinero».  También, se verá en la sección II, se vinculan en la creencia milenarista que vaticina el arribo de una nueva etapa histórica.  Si Masferrer predica un Mesías anticapitalista —«nuestra Doctrina vitalista desde las nubes relampagueantes de un nuevo Sinaí les grita con una voz que surge…del propio corazón del Cosmos: «yo soy el señor Dios tuyo…»»— López Vallecillos y Dalton auguran la inminencia socialista redentora.

 

El problema con Masferrer —asegura López Vallecillos— lo constituye apropiarse de «su condena contra el poder del dinero» para justificar la política militar, incluso «por sus propios discípulos»: «saqueado y aprovechado por los gobiernos de Martínez a la fecha».  Asimismo, el Maestro resulta «calumniado por izquierdistas desconocedores de su verdadera valía moral e intelectual».  Al cabo, López Vallecillos propone que —para «una sociedad sin literatura»— el único nombre en el cual se arraiga la propuesta revolucionaria es Masferrer.

 

Aunque López Vallecillos apoya a Dalton —por su «proyección social…transformadora»— parece evadir el poema «Viejuemierda», el cual degrada al maestro.  «La palabra de Masferrer pudrió en vida de quien la pronunció…palabra tramposa…cómplice objetivo de los asesinos del pueblo».  El maestro no sólo «se enmariguanó con las filosofías orientales», sino «no escribió poesía» y su «palabra convincente…sustituye la acción» política contra el régimen.  Valora más «el verbo a la acción».

 

Se trata de dos visiones que se confrontan en el silencio de una misma generación dizque en armonía.  La perspectiva académica exalta la validez de la política masferreriana para el «aquí y ahora» del despegue guerrillero, pero olvida su filosofía y arraigo religioso.  La poética lo insulta hasta degradar su imagen y, así, inaugura la crítica literaria del ultraje.  Hasta 2024, no se sopesa la magnitud del desequilibrio entre in-sultar —el a-salto guerrillero del pasado en el presente— y con-sultar —la consulta académica, el juicio conjunto— del pasado con el presente.  El compromiso de amistad política radical no advierte que el cimiento literario académico se vuelve «tontería…del verbo» en la poesía del frente guerrillero

 

Se reproduce el párrafo final de la carta que «Roque» le envía a su amigo «Querido Ítalo», el «8 de octubre 72».  El carácter afable denota el compañerismo que colabora en ediciones conjuntas: «espero noticias del libro y ejemplares por la vía rápida de Thelma Navas».  En cambio, Dalton entabla una disputa abierta contra «personajillos tan miserables como Viera Altamirano y los Dutriz» a quien acusa de calumniarlo por «veni(r)…percibiendo sumas de derechos de autor de…la Universidad por libros comunistas…todo eso es falso».  Más aún, la acusación directa es clara «estoy en La Habana porque salvé la cabeza en El Salvador al fugármele a la muy «salvadoreña» CIA» con «la participación colaborada que gente como Napoelón Viera Altamirano tuvo en ese tamal» (el error es de la carta).  Ante el conflicto presente con la prensa nacional (1974), el insulto o la consulta a Masferrer queda en el olvido (1932…).  

 

  1. Creencia científica

 

Sin duda, la concordancia la establece la creencia percibida como ciencia.  Ambos autores comparten su fe infalible sobre una nueva etapa post-capitalista inminente que abolirá las clases sociales y la enajenación del saber, sin duda, la mía misma.  López Vallecillos cree que sin «modifica(r)…la realidad social global…la obra literaria deviene en reproductora del sistema» y, por tanto, «la producción de una nueva cultura sólo será posible…mediante un proceso revolucionario que…cambie el modo de producción».  Asimismo, Dalton lo ratifica al pensar que «vivimos aún la era del capitalismo, aunque…nos remontamos en la etapa de tránsito…al socialismo».  En 2024, ¿quién estaría exento de no «reproducir el sistema», sin «alzarse en armas» hacia la etapa superior obligatoria?  Junto a las piedras envueltas de musgo, yo no lo estoy, por supuesto.

 

A casi medio siglo de esa profecía milenarista, la palabra sustituye la acción.  Nadie falsificaría la verdad infalible del marxismo salvadoreño, quizás.  Según Dalton, «América Latina (está) preñada de revolución hasta los huesos»; «las proposiciones de la revolución están embarazadas de futuro».  Por ello,  «Fidel Castro…nos ha dotado…de una perspectiva científica indeclinable»; por «los bienes espirituales…la Revolución Cubana propone…el proyecto de un hombre nuevo, integral».  Mientras en Masferrer esa nueva etapa post-capitalista Dalton la evalúa como simple «trampa cazabobos», la suya la funda una presunta teoría irrebatible.  Pero, si una evaluación más contemporánea de la «ciencia» la juzga «falsificable» —al distinguirla de la «creencia» infalible— por lo contrario, Dalton apela al carácter irrevocable de su demostración.  Excepto que la perspectiva de Dalton le pertenezca a la experiencia —no a la ciencia empírica— su única vigencia la señalaría la vivencia misma de la guerrilla, hoy inexistente.  En 2024, décadas después de clausurar la «ley guevarista» de la historia, ese «saber» lo evalúa el «conocer» vivo de una experiencia y la fe inquebrantable en un futuro hipotético.  Sea como fuere, la devoción por Lenin —su reencarnación en América Latina— fusiona la razón y el sentimiento en unidad indisoluble: «corazón del pensamiento y pensamiento del corazón» en «sus palabras…pétreas/inconmovibles».

 

Acaso, de la «preñez» al parto de la mujer nace el varón actual.   Si se mantuviera que «quienes no nos quieren bien» deben «comprender las evidencias…», habría que sopesar la maldad «de la reificación» provocada por la disolución de la guerrilla.  Aún más, nuestra «alienación» ocurre al invalidar la creencia «científica» sobre la inmediata llegada del socialismo que —»de Cuba»— insemina a toda América Latina.  «Enajenados» por vivir en el capitalismo ineludible, parece que la metáfora del «embarazo óseo» se vuelve «parto fallido».  En ciertos países, ese acto lo castiga la ley viril.  ¿La diáspora —causa involuntaria de la revolución frustrada— explicaría el «aborto automático»?  ¿Y el régimen de excepción lo refrenda?  Yo no lo sé.

 

Pero, de juzgar el compromiso radical, la poesía actual es «verbo» sin acción guerrillera, hecha sólo de «palabras», como lo asume este ensayo junto al musgo.  En verdad, si hace medio siglo Dalton cree en «el inicio de la actualidad revolucionaria» —»la vía armada de las revoluciones»— su «reflujo» y su «muerte» nos «hacen entender que la poesía…está hecha sólo de palabras».  Así, al personificar la poesía, el «perdón» que se le pide hoy señala el reverso complementario de la vivencia daltoniana.  Hay «poesía sin guerrilla» en el «quietismo» del aula y de la tertulia literaria.  «El corazón de carne y sangre a la verdad» varía tanto como la vida misma (ídem, 27).

 

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