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Filosofía sin Tercera Guerra Mundial

Caralvá

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Suplemento Tres mil

Un filósofo con todo su arsenal epistemológico, clinic principios lógicos, here lectura de la libertad irrenunciable etc., se enfrenta al fenómeno del terrorismo internacional y las guerras irregulares en Medio Oriente, África o en su propia nación con un enemigo externo y otro “interno” –un enemigo interno tan ciudadano como su familia- además observa a millones de refugiados dispersos por Europa… ¿Debe sumarse a condenar las guerras de una u otra facción? ¿Debe permanecer predicando la tolerancia entre las naciones? ¿Acaso refugiarse en su exilio interior toda la vida? ¿Justificar la destrucción del mal encarnado en el enemigo del pueblo? ¿Es necesario un mundo gobernado por filósofos para terminar con las guerras mundiales?

Parece que la filosofía no sirve para nada en tiempos de guerra, excepto para predicar el dominio de su visión sobre los adversarios al calificarla de “justa”, pero en el fondo de estas palabras se encuentran los proyectos de la extensión política en busca de objetivos materiales de los Estados en conflicto.

G.W.F Hegel escribió: “la guerra es bella, buena, santa y fecunda; crea la moralidad de los pueblos y es indispensable para el mantenimiento de su salud moral. Es en la guerra donde el Estado se acerca más a su ideal porque es entonces cuando la vida y los bienes de los ciudadanos están más estrechamente subordinados a la conservación de la entidad común”. Parece lícito que la filosofía opte por un bando de la guerra puesto que al final se justifica a los “conquistadores del mundo”; en éste momento Europa combate en Medio Oriente contra un “Proto-Estado” que no tiene ningún reconocimiento internacional, ni gobierno, ni siquiera tiene un estatus de nación, no obstante domina territorios de Siria e Iraq… la intervención de naciones tan lejanas como: Rusia, Estados Unidos, Inglaterra, Francia etc., nos plantean la unidad negativa de las armas, el mundo tiene unidad política para la destrucción no para la creación, un peligro gigantesco que puede conducir a una suma de naciones a favor o en contra, me parece que esto no es una Tercera Guerra Mundial, es la conformación de un nuevo Gobierno Mundial que no permitirá el surgimiento de una organización armada similar a los Nazis, los cuales fueron combatidos demasiado tarde cuando el daño ya era irreparable. En pocas palabras usamos el argumento del mal, que en términos clásicos es la ignorancia; en nuestra sociedad el mal está asociado a las estructuras sociales que producen: miseria, hambre, analfabetismo, esclavitud, tráfico de la mujeres, drogas, terrorismo, falsos profetas de sectas religiosas etc. que tratan por todos los medios de aniquilar los derechos de la sociedad occidental.

En el fondo de este argumento reside el principio de libertad de una sociedad sobre otra, si agregamos el universo religioso, la concepción es nada menos que un choque cultural, donde renunciar a la libertad no es posible, por lo tanto las armas deben resolverlo todo, “el malo es el otro”. Un nuevo orden mundial emerge en el Siglo XXI, nuevas nacionalidades comunitarias a expensas de la exclusión de otras, con un elevado precio de vidas humanas, al final el filósofo estará del lado de los vencedores, al lado de la justicia y los derechos humanos, de otra forma cometeremos el error de Martin Heidegger.

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