Redacción Nacionales
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Cada año, durante la primera semana de agosto, miles de salvadoreños participan en las tradicionales Fiestas Patronales de San Salvador, conocidas popularmente como Fiestas Agostinas, una celebración que combina actividades religiosas, culturales, artísticas y recreativas en honor al Divino Salvador del Mundo, patrono de la capital y del país.
Las festividades tienen sus raíces en la época colonial y constituyen una de las expresiones de fe e identidad cultural más importantes del país. Durante estos días, familias enteras disfrutan de desfiles, conciertos, ferias, eventos deportivos, actividades gastronómicas y espacios de convivencia que atraen tanto a residentes como a visitantes nacionales y extranjeros.
La principal feria de las fiestas, como cada año, se instala en el parqueo del Estadio Cuscatlán.
Las fiestas se inaguran con un desfile, conocido como “El Correo”, encabezado por las autoridades edilicias, con carrosas, cachiporristas y bandas de paz.
Uno de los momentos más esperados es la «Bajada» del Divino Salvador del Mundo, una tradición religiosa con más de un siglo de historia. En esta ceremonia, la venerada imagen es descendida de su altar en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús para ser llevada en procesión hasta la Catedral Metropolitana de San Salvador. La actividad reúne a miles de fieles que acompañan el recorrido con oraciones, cánticos y muestras de devoción, en un ambiente de profundo recogimiento espiritual.

La «Bajada» marca el inicio de las principales celebraciones religiosas, que consiste en una solemne Procesión del Santo Patrono y la tradicional representación de La Transfiguración del Divino Salvador del Mundo, frente a la Catedral Metropolitana. La bajada rememora la transfigura ción de Jesús, en el Monte Tabor, la cual es narrada por el evangelista Matero.
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. 7Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.
Luego, el 6 de agosto, se concelebra una misa solemne, siempre en atrio de la Caterdral Metropolitana, en donde no sol se revive el pasaje bíblica, sino que, en la Homilía, la iglesia católica aborda los principales problemas que afectan a su feligresía y a la nación-

Además del componente religioso, las Fiestas Agostinas representan un importante impulso para la economía local. Comerciantes, artesanos, emprendedores y el sector turístico registran un incremento en su actividad gracias a la afluencia de visitantes que participan en las distintas celebraciones.
Las autoridades municipales, instituciones públicas y organizaciones religiosas coordinan operativos de seguridad, limpieza y atención ciudadana para garantizar el desarrollo ordenado de las actividades, promoviendo al mismo tiempo el respeto por las tradiciones y la convivencia familiar.
Las Fiestas Agostinas continúan siendo un símbolo de la identidad salvadoreña, donde la fe, la historia y la cultura convergen en una celebración que se ha transmitido de generación en generación y que mantiene viva una de las tradiciones más representativas de El Salvador.
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