Por David Alfaro
17/01/2026
Circula en redes un video que supuestamente fue grabado por un obrero de Ciudad Marsella 2. En él se muestran lo que serían las fundaciones de una vivienda: piedras colocadas en fila, varillas delgadas y una capa de cemento encima. Si el material es real, lo que se observa resulta alarmante y plantea serias dudas sobre la calidad de las construcciones.
Las fundaciones son la base de cualquier casa. De su solidez depende la seguridad de quienes la habitan. Sin embargo, estas viviendas no son baratas: las cuotas mensuales van de 600 a 1200 dólares. Se cobra como si se ofreciera calidad y seguridad, pero lo que se ve muestra precariedad.
Más grave aún es la ausencia de inspecciones gubernamentales. ¿Dónde están los controles? ¿Quién verifica que estas construcciones cumplan normas técnicas y sísmicas? El silencio de las autoridades genera desconfianza.
A esto se suman señalamientos públicos sobre vínculos de la empresa constructora Salazar Romero con personajes del crimen organizado (Chepe Diablo), los cuales deberían ser investigados con transparencia y no ignorados.
La vivienda no es un negocio cualquiera. Construir mal, cobrar caro y no fiscalizar es una combinación peligrosa. Si no hay controles ni responsabilidades, el problema no es solo una mala obra, sino un sistema que permite lucrar poniendo en riesgo a la gente.
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