Saúl Méndez
Colaborador
Erick Zelaya, secretario general de la Unión Nacional para la Defensa de la Clase Trabajadora (UNT) e integrante del Colectivo de Sindicalistas en el Exilio, expresó su respaldo a la propuesta de la UNT de abrir en El Salvador una discusión seria sobre la reducción progresiva de la jornada laboral, sin disminución salarial ni pérdida de derechos.
Según la UNT, la discusión desarrollada en el Consejo Superior del Trabajo sobre una posible modificación de la jornada laboral plantea una serie de interrogantes para la clase trabajadora salvadoreña. “¿Vamos a utilizar los cambios tecnológicos y productivos para mejorar las condiciones de vida de quienes trabajan o para concentrar las actuales 44 horas semanales en jornadas diarias todavía más extensas?”, cuestionó Zelaya.
Las organizaciones sindicalistas sostuvieron que trabajar cuatro días no significa trabajar menos si se mantienen las mismas 44 horas semanales.
“Concentrar 44 horas en cuatro jornadas de 11 horas no constituye una reducción de la jornada laboral. Es simplemente una redistribución del mismo tiempo de trabajo mediante jornadas diarias más largas. El debate está planteado al revés. Mientras numerosos países avanzan hacia la reducción efectiva del tiempo de trabajo, en El Salvador estamos discutiendo cómo redistribuir las actuales 44 horas”, lamentó.
“Creo que deberíamos plantearnos exactamente la pregunta contraria: ¿cómo reducimos progresivamente las 44 horas semanales sin disminuir el salario de las personas trabajadoras?”, afirmó.
El sindicalista citó los casos de Chile, donde se avanza hacia una jornada de 40 horas, y México, que ha establecido una reducción progresiva hacia las 40 horas sin disminución de salarios ni prestaciones. Además, señaló que Brasil, que también parte de una jornada de 44 horas semanales, ha desarrollado un importante debate político y legislativo en torno a la reducción del tiempo de trabajo. Francia, por su parte, mantiene una duración legal de referencia de 35 horas semanales.
“Por eso considero que la verdadera modernización laboral no consiste en regresar a jornadas inhumanas de 10, 11 o 12 horas. Consiste en utilizar la tecnología, la productividad y una mejor organización del trabajo para producir mejor trabajando progresivamente menos”, sostuvo.
“Si queremos ser de primer mundo, miremos también las buenas prácticas laborales de Europa. En El Salvador escuchamos frecuentemente comparaciones internacionales. Se nos compara con países europeos y otras sociedades desarrolladas cuando se habla de educación, tecnología, innovación, infraestructura, productividad o calidad institucional. Me parece válido aspirar a alcanzar mayores niveles de desarrollo, pero no podemos compararnos con esas sociedades solamente cuando resulta conveniente”, destacó.
También citó el caso de Suecia como un referente cuando se habla de educación y desarrollo, pero añadió que también debería serlo cuando se habla de derechos laborales y jornada de trabajo.
“Suecia establece una jornada ordinaria máxima legal de 40 horas semanales. Francia tiene una duración legal de referencia de 35 horas. Chile está reduciendo progresivamente su jornada hacia las 40 horas y México ha establecido su propia transición hacia las 40 horas sin reducción salarial”, señaló.
“Si queremos ser un país de primer mundo, ¿por qué no adoptamos también las buenas prácticas laborales del primer mundo? No podemos pretender educación, tecnología, infraestructura y productividad de primer mundo mientras mantenemos o pretendemos intensificar jornadas laborales que consumen prácticamente todo el día de una persona trabajadora”, alertó.
Para la UNT, el desarrollo no puede medirse solamente por cuánto produce una sociedad, sino también por cómo viven quienes producen esa riqueza.
“No podemos tener máquinas del siglo XXI y jornadas laborales del siglo XIX. Las ocho horas son una conquista que debemos defender. Defiendo firmemente el límite de las ocho horas ordinarias diarias”, declaró.
Las organizaciones sindicalistas señalaron que las 44 horas semanales no son una cifra arbitraria, sino el resultado de una lucha histórica del movimiento obrero internacional y salvadoreño contra las jornadas extenuantes.
“Por eso considero profundamente equivocado cualquier intento de modificar el marco jurídico o constitucional salvadoreño para normalizar jornadas ordinarias de 10 u 11 horas”, denunció.
“Si vamos a reformar la legislación laboral o incluso discutir reformas constitucionales, hagámoslo para ampliar derechos y no para retroceder en ellos. Si queremos cambiar la regulación del tiempo de trabajo, discutamos cómo reducir las 44 horas semanales y no cómo extender las ocho horas diarias”, concluyó.
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