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Para Rafael Narváez el país experimenta nuevas formas de control político y social. Foto Diario Co Latino / Cortesía

“El Salvador está siendo sometido a una operación de guerra cognitiva”: Rafael Narváez

Redacción Nacionales

@DiarioCoLatino

El sociólogo y docente investigador, Rafael Narváez, advierte que El Salvador se ha convertido en un espacio de experimentación de nuevas formas de control político y social, en las que convergen la comunicación digital, la inteligencia artificial, el manejo masivo de datos y la construcción de narrativas destinadas a influir en la percepción de la población.

 

Durante una entrevista en Encuentro con Julio Villagran, conducido esta vez por Leonel Herrera, Narváez sostuvo que conceptos como “guerra cognitiva” y “gobernanza algorítmica”, que hasta hace algunos años podrían parecer propios de la ciencia ficción, forman parte de una realidad que comienza a adquirir relevancia en el país.

El miedo como herramienta política

Para el investigador, el análisis de estas nuevas modalidades de poder puede rastrearse hasta la gestión gubernamental de la pandemia de COVID-19. A su juicio, aquella crisis constituyó un escenario en el que se experimentaron mecanismos de control de la población mediante el aislamiento, la comunicación institucional y la generación de temor.

Narváez sostiene que durante la pandemia se estableció el miedo como una de las principales emotividades de la población y que algunas medidas adoptadas durante el confinamiento tuvieron efectos que trascendieron el ámbito sanitario.

El sociólogo relaciona este proceso con la posterior implementación del régimen de excepción y con otras políticas públicas desarrolladas bajo condiciones que, según afirma, reducen las garantías ciudadanas.

“El miedo es una herramienta que se utilizó en términos de política pública”, afirmó, al señalar que el régimen de excepción no debería analizarse únicamente desde la perspectiva del combate a la delincuencia, sino también desde sus efectos sobre el comportamiento social.

Guerra cognitiva y disputa por la realidad

Narváez define la guerra cognitiva como una modalidad de conflicto que utiliza la mente humana como espacio de operaciones, con el propósito de alterar percepciones, valores, pensamiento crítico y formas de interpretar la realidad.

En el caso salvadoreño, identifica dos dimensiones. Por un lado, señala el uso intensivo de las redes sociales y la comunicación directa del Estado para consolidar una narrativa oficial. Por el otro, destaca las denuncias de sectores críticos que consideran que las tendencias digitales, los influenciadores y otras estrategias pueden utilizarse para deslegitimar la fiscalización ciudadana.

El resultado, según su interpretación, es que el debate público puede desplazarse de la discusión de argumentos hacia una confrontación centrada en percepciones.

La guerra cognitiva, explica, no necesariamente pretende convencer mediante argumentos, sino modificar las emociones y reacciones de las personas frente a determinados acontecimientos.

De las redes sociales al perfil psicológico

Otro de los conceptos abordados durante la entrevista fue el de gobernanza algorítmica, entendida como el uso de sistemas computacionales e inteligencia artificial para coordinar conductas, aplicar reglas y tomar decisiones.

Narváez advierte que el problema surge cuando estas herramientas no solamente son utilizadas para mejorar servicios públicos, sino para perfilar a los ciudadanos.

Las interacciones en redes sociales y en internet pueden generar grandes volúmenes de información sobre los individuos. A partir de esos datos, sostiene, es posible construir perfiles relacionados con características de personalidad, ingresos, preferencias y fuentes de información.

El investigador considera que esta segmentación permite determinar qué tipo de contenidos recibe cada grupo y, eventualmente, influir sobre sus percepciones, miedos y expectativas. “Lo están haciendo de una forma políticamente orientada”, señaló al referirse al uso de estas herramientas.

Inteligencia artificial: oportunidades y riesgos

Narváez aclara que no considera negativa por sí misma la utilización de inteligencia artificial. Reconoce que puede contribuir a mejorar servicios públicos, particularmente en áreas como la medicina, donde el análisis automatizado de imágenes puede elevar la capacidad de diagnóstico.

El riesgo aparece, según su planteamiento, cuando la tecnología se incorpora a una estrategia política más amplia y cuando los datos generados por los ciudadanos terminan en manos de empresas privadas.

En este contexto menciona experiencias en educación y salud que, a su juicio, deben ser observadas no solamente desde una perspectiva técnica, sino también política.

El investigador cuestiona especialmente que información generada mediante servicios públicos pueda convertirse en un activo de empresas transnacionales dedicadas al manejo de datos.

“Colonialismo de datos”

Narváez utiliza conceptos como “capitalismo de vigilancia”, “capitalismo de plataforma” y “colonialismo de datos” para describir lo que considera una nueva relación entre gobiernos y grandes compañías tecnológicas.

A su juicio, el acceso a grandes bases de información permite a las empresas conocer características de poblaciones enteras, mientras los Estados pueden beneficiarse de tecnologías capaces de procesar esa información.

El académico señala que Argentina y El Salvador aparecen, desde su perspectiva, como dos casos relevantes en América Latina por la apertura de sus gobiernos hacia empresas vinculadas con tecnología, inteligencia artificial y manejo de grandes volúmenes de datos.

En el caso salvadoreño, menciona la presencia y relación de representantes de compañías tecnológicas con funcionarios y círculos vinculados al poder.

El experimento político

Más allá de la tecnología, Narváez considera que el principal experimento no es necesariamente tecnológico, sino político.

Su tesis es que determinadas herramientas pueden contribuir a construir una apariencia de normalidad democrática mientras las condiciones para una competencia política equilibrada se encuentran limitadas.

En ese sentido, cuestionó la normalización de procesos electorales realizados bajo un estado de excepción y sostiene que la democracia puede reducirse a un ritual electoral si no existen condiciones suficientes para el debate, la fiscalización y la competencia.

También señala el papel de las granjas de bots y de los llamados “troles” en la construcción de determinadas narrativas digitales. Según su interpretación, estas estructuras pueden amplificar mensajes y generar presión sobre quienes expresan posiciones críticas.

Un modelo que trasciende las fronteras

El sociólogo vincula estos fenómenos con el ascenso de sectores de ultraderecha y con una transformación de la relación entre Estado, tecnología y empresas.

En su análisis, las grandes compañías tecnológicas han adquirido un papel creciente en ámbitos relacionados con seguridad, inteligencia, procesamiento de datos y comunicación política.

Narváez sostiene que el denominado “modelo Bukele” despierta interés internacional precisamente por la combinación de mecanismos de seguridad, concentración política y utilización intensiva de herramientas digitales.

El investigador advierte que el desafío para la sociedad salvadoreña consiste en discutir estos procesos con mayor profundidad, particularmente en lo relacionado con la privacidad, el uso de información personal, la transparencia y los límites del poder estatal.

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