No permitamos que las jornadas de 11 o 12 horas se conviertan en ley
Erick Zelaya*
Compañera, compañero, trabajador de maquila, industria farmaceutica, metalmecánica, tú sabes lo que significa trabajar doce horas. Significa levantarte de madrugada, viajar hasta dos horas para llegar a la fábrica, pasar todo el día o toda la noche frente a una máquina y regresar a tu casa sin fuerzas.
La empresa cuenta solamente las horas que permaneces dentro de la planta. Pero no cuenta el tiempo que pierdes esperando el bus, el largo camino hasta tu casa ni las dificultades para encontrar quién cuide a tus hijos. Una jornada de doce horas puede terminar ocupando catorce, quince o hasta dieciséis horas de tu día.
Aunque te paguen horas extras, tu cuerpo paga el precio, quizás recibes algunas horas extras o el recargo por trabajar de noche. Quizás te los pagan incompletos. Tal vez ni siquiera aparecen correctamente en tu boleta a fin de mes, pero cuando se refleja, eso ayuda a palear la situación económica dificil que atraviesa tu familia.
Ahora existe una amenaza todavía mayor: que las jornadas de once o doce horas dejen de considerarse extraordinarias y sean convertidas en jornadas normales.
Eso podría significar: Menos pago por horas extras, pérdida o reducción de la nocturnidad, mayor cansancio y más accidentes laborales, menos tiempo para tus hijos y tu familia, más dificultades para cuidar niños, personas enfermas o adultas mayores, más ganancias para la empresa sin contratar nuevos trabajadores.
Cuatro días de once horas no es trabajar menos: El Gobierno y los empresarios quieren presentar la jornada de cuatro días como un beneficio. Pero si trabajas once horas durante cuatro días, continúas trabajando las mismas 44 horas semanales. No te están regalando tiempo: están concentrando el trabajo para utilizarte durante más horas y ahorrar en relevos y contrataciones. Lo que realmente quieren es eliminar el pago de horas extras y exprimirte más.
Una verdadera reducción sería trabajar cuatro días de ocho horas, descansar tres y mantener el salario completo. Las máquinas pueden trabajar 24 horas. Tú no. Si una empresa farmacéutica, maquilera, alimenticia, química o de cualquier otra industria necesita producir durante las 24 horas, debe contratar más personal y organizar varios turnos.
¿Por qué debes sacrificar tu salud para que la empresa ahorre salarios? ¿Por qué debes permanecer doce horas frente a una máquina para que el empresario no contrate otro turno? ¿Por qué la llamada “modernización” debe aumentar sus ganancias y empeorar tu vida?
La tecnología y el aumento de la productividad deberían permitirnos trabajar menos. No obligarnos a soportar jornadas más largas.
Tus derechos no son un regalo, la Constitución y el Código de Trabajo establecen límites claros: La jornada ordinaria diurna no debe superar ocho horas. La jornada nocturna no debe superar siete horas. El trabajo nocturno debe pagarse, como mínimo, con un recargo del 25 %. Las horas extraordinarias deben pagarse con un recargo del 100 % sobre el salario básico por hora. Las horas extras deben ser ocasionales, no una jornada permanente disfrazada.
Si hoy trabajas doce horas todos los días, esa situación no debería utilizarse como excusa para quitarte derechos. Lo correcto es terminar con el abuso, pagar todo lo adeudado y contratar más trabajadores.
Pero comparto la pregunta que te haces ¿Y dónde están los sindicatos?, algunas dirigencias sindicales (la mayoría) guardan silencio porque están más comprometidas con el Gobierno que con los trabajadores. No convocan asambleas. No informan a sus afiliados. No consultan a quienes trabajan dentro de las fábricas. Pretenden hablar en nombre de la clase trabajadora sin escucharla. Fingen reuniones con el Ministro de Trabajo en donde están los burócratas de siempre que nunca han tocado un cuello, o una máquina, que tu sabes que pactan con los patronos.
Pero el sindicato pertenece a sus afiliados, no a sus dirigentes. Si tu dirección sindical no te representa, organízate con tus compañeros para exigir asambleas, información y decisiones tomadas mediante votación. Si no existe sindicato, comienza reuniéndote con las personas de mayor confianza. Superar a las direcciones traidoras no significa abandonar la organización sindical. Significa recuperar los sindicatos desde las bases y construir nuevas organizaciones donde sea necesario.
Habla con tus compañeros, no enfrentes a la empresa individualmente. Comienza de manera colectiva y organizada: Conversen discretamente entre compañeros de confianza. Comparen horarios, boletas de pago y comisiones recibidas. Anoten las horas realmente trabajadas y los pagos que les deben. Identifiquen los problemas de transporte, salud y cuidado familiar. Elijan representantes por área y por turno. Exijan una asamblea donde la base pueda decidir. Coordínense con trabajadores de otras fábricas.
Eviten publicar nombres o información que pueda facilitar represalias empresariales. Tomemos los sindicatos desde las bases, y expulsemos a esas burocracias traidoras y exijamos juntas y juntos:
- ¡No a las jornadas ordinarias de once o doce horas!
- ¡Ninguna eliminación de las horas extras ni de la nocturnidad!
- ¡Pago completo de todas las horas trabajadas!
- ¡Transporte seguro para los turnos nocturnos y especiales!
- ¡Medidas de cuidado infantil para las familias trabajadoras!
- ¡Más turnos y más contratación para mantener la producción!
- ¡Reducción progresiva de la jornada sin reducción salarial!
- ¡Cuatro días de ocho horas, 32 horas semanales y salario completo!
Compañera, compañero: La empresa necesita tu trabajo para producir. Sin ti, ninguna máquina funciona, ningún medicamento se fabrica, ninguna mercancía sale de la planta y ninguna ganancia llega a los bolsillos del empresario. Tú tienes fuerza, pero esa fuerza aparece cuando te unes con tus compañeros. No regales tu tiempo. No permitas que el abuso se convierta en ley.
Organízate desde tu lugar de trabajo. Nuestro tiempo, nuestra salud y nuestra vida se defienden colectivamente.
Quienes producimos toda la riqueza tenemos la fuerza para cambiarlo todo. Solo debemos confiar en nuestras propias fuerzas.
*Luchador Social, Sindicalista en El Exilio y Columnista.
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