EPICENTROS de Armando Molina

LIBROS

EPICENTROS

de Armando Molina

Novela. Editorial Solaris.

California/El Salvador. 1ª. Ed. 2017.

 

Martivón Galindo,

Escritora y profesora

 

Hoy deseo la existencia sin nombre

el fuego del agua que corre

en la búsqueda del alma.

“Declaración”, Raquel Jodorowsky

Hay muchos epicentros en esta novela: la muerte, el vértigo a las profundidades de lo soez, la angustia inacabable e inexorable, la búsqueda por reencontrar el tiempo y lo que fue.

Hay un momento en la novela cuando un personaje secundario dice, refiriéndose a El Salvador, que todo podría ser tan lindo. Sí, todo podría ser tan simple, tan lindo… Tan sólo si quisiéramos intentarlo. Pero estamos perdidos, cerrados mudos ante nuestra propia confusión. Ese epicentro que no es posible resolver. Si tan sólo abriéramos una rendija para ver al otro. Tal vez entonces.

La fuga geográfica no resuelve el problema existencial del protagonista de la novela: David, ni de LaSalle, ni de Contreras. Tres en uno: el niño perdido irrecobrable, el extranjero eterno sin patria, el salvadoreño mestizo confuso y confundido que no quiere ser parte y es parte de lo que no acepta como suyo, porque irrevocablemente es suyo.

La vida golpea una y otra vez a este personaje tan bien logrado, en sus tristezas, angustias, caídas y desesperanzas. Sin embargo, el autor nos advierte que hay instantes de luz en medio de la vorágine de la vida. David es producto de la historia trágica de un país pobre e ignorado, es parte de esa soledad de un país buscando querer ser ante fuerzas que son mayores que las propias. De allí la angustia heredada, de allí la tristeza ancestral, de allí el deseo de olvidar con el alcohol y los placeres pasajeros. David se desmorona ante la muerte de un niño campesino, símbolo de un país, símbolo de sí mismo desmoronándose ante la obscenidad del comportamiento de un padre, el suyo.

La novela es un fabuloso viaje hacia la redención por medio de la escritura desde los abismos de la desesperación y la locura. Como lectora me intriga, me involucra, me desespera y me hace reír con las situaciones ridículas de las que somos capaces de crear los llamados humanos. Los diálogos de muchos capítulos reflejan el ambiente caótico “etílico” –como lo califica el autor– de lugares de mundos diferentes pero similares en esa misma angustia de vivir. Así sucede en París en un club nocturno, como en San Salvador en un antro de mala muerte donde se pierde la conciencia sin válvulas de control.

Por otro lado, un lirismo inusitado y hermoso aparece en descripciones de un río pleno con la lluvia y su “plas, plas”, de una playa con hileras de gaviotas, o de “un pájaro tardío entre las ramas del limonero”. Y también descripciones hechas con un brochazo genial como al hacerlo con un viejo intelectual: “era el rostro de alguien que pasa cuarenta años en una oficina con luz artificial”. En medio del caos, hay divertidas instancias que nos hacen reír con lo grotesco de un vivir muriendo.

Es un mundo de hombres, no hay duda, donde las mujeres son secundarias, acompañantes, amantes pasajeras, prostitutas de minutos. No hay alternancia en el enfoque y visión de mundo. La mujer espera, se impacienta y por último desaparece ante la pared inmutable del personaje principal que comprende con el raciocinio, pero es incapaz de ser un verdadero compañero. Ese es el epicentro de su soledad.

La creación es un parto doloroso y muchas veces prolongado, y así lo siente el protagonista de la novela, así como lo vive Carrasco, su amigo; tanto como lo describe Armando Molina. Hay todo un cuestionamiento de la importancia de la vida y de la transcendencia del arte, del por qué y del para qué.

¿Cómo ser dejando de pertenecer a un tiempo, a un país, a una historia? La memoria traiciona este profundo deseo de no ser lo heredado sino recrearse completamente; tarea, imposible como lo demuestra el protagonista, la narración y el autor. Epicentros es una novela donde la madurez del escritor es evidente en todos sus aspectos: temática, estructura, diálogos, humor y en la abierta puerta a las preguntas sin respuestas mientras llegamos a nuestro destino.

Tres Mil :