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lunes , 23 abril 2018
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El elixir de los poetas

El elixir de los poetas

Javier Alvarenga,

Escritor y fotógrafo

 

La vieja máquina italiana de café expulsa de sus tentáculos de cobre, el dorado elixir humeante de los poetas muertos, las jarras de aluminio aboyado resisten a desaparecer, a pesar de las exigencias poco románticas de las autoridades; todo rehúsa al devenir del tiempo, la barra de barniz rojo, la opaca panera, las mesas, las sillas, todo es un trozo inerte de la historia literaria salvadoreña.

De sus paredes cuelgan, cada reseña elaborada por diferentes medios, cada una, al estilo personal de cada escritor, pero todas concuerdan con la importancia del lugar, un espacio mítico, que resguarda en cada uno de sus rincones, el eco de los versos de aquella generación rebelde, romántica y revolucionaria.

Ahora la música instrumental ambienta la estadía de los visitantes, las tazas amarillas humean a un ritmo uniforme, mientras las conversaciones susurran de las cosas cotidianas de la vida.

Para mí, es un lugar que habita en mi corazón, no solo por saber, que ahí convivieron los escritores nacionales que tanto admiro. Sino, porque fue el lugar en el que negocié cada tarde, bajo la embriaguez del elixir de los poetas, la otra mitad de mi vida; la morenita de cabello negro y ojos achinados, quien hoy es mi esposa y madre de mis hijos.

Embruja

Un día escuche: “¡El café de ahí, embruja!” Porque él que lo prueba, nunca más deja de llegar. Reconozco, soy uno de los hechizados, como muchos más que también tendrán muchas historias personales que contar, sobre sus experiencias en el histórico Café Bella Nápoles.

Rinconcito de San Salvador, que se resiste día a día a desaparecer entre el caos de las ventas ambulantes, el tráfico y el ruido de las ventas de discos piratas. Desde su vitrina, nuestros poetas aún nos observan, para inhalar la cotidiana realidad trágica-hermosa de los salvadoreños que siempre los inspiró.

 

 

 

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