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El problema de la objetividad en las ciencias sociales

MSc. Tito Alfredo Jacinto Montoya
Catedrático de la Universidad de El Salvador.

La sociología pretende establecer verdades, mind y verdades objetivas. Sin embargo, hospital ¿puede la sociología establecer verdades objetivas?, ¿son posibles las verdades objetivas en las ciencias sociales?. Antonio Gonzáles ha planteado este problema en los siguientes términos: “La fundamentación de las ciencias sociales es un problema que acompaña a estas disciplinas prácticamente desde su aparición en el ámbito de las ciencias en el siglo XIX. Para los positivistas, estas disciplinas tendrían que entrar plenamente por el ‘seguro camino de la ciencia’ siguiendo el modelo de rigor, coronado por éxitos prácticos, que ostentan las ciencias de la naturaleza. Para otros habría una heterogeneidad radical entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. Sin embargo, las ciencias sociales serían perfectamente legítimas en cuanto ciencias, y su legitimidad se fundaría precisamente en un método propio y distinto del de las primeras. Frente a la unicidad positivista del método se subraya la originalidad del conocimiento característico de las ciencias sociales. Así es frecuente distinguir desde Droysen entre ‘explicación’ (Erklären) y ‘comprensión’ (Verstehen). Mientras que las ciencias naturales explicarían los fenómenos acudiendo a leyes matemáticas universales, las ciencias sociales se caracterizarían por interpretar objetos individuales dotados de significado, y que requieren una especial cercanía entre el investigador y su objeto”(1).

El problema básicamente consiste en lo siguiente: el sujeto, es decir el investigador, el sujeto que conoce, o que pretende conocer la realidad, puede al mismo tiempo ser transformado por la realidad que conoce. El sujeto o el científico que pretende conocer la realidad, es susceptible de ser transformado  por la misma realidad que quiere conocer. ¿Qué significa esto?.

Todo conocimiento científico se da en las coordenadas de la interrelación entre sujeto y objeto, pero ocurre que el sujeto que pretende conocer objetivamente la realidad es al mismo tiempo transformado por la realidad que pretende conocer. Entonces ¿quién es el sujeto?, el sujeto que pretende conocer la realidad, en ese proceso de conocimiento  resulta que puede ser al mismo tiempo objeto, es decir víctima de los procesos de la realidad. Quizá por ello Marx ha dicho en El Capital que “Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas”(2). De esta forma, la realidad que presuntamente es algo objetivo y que está ahí, en una supuesta independencia absoluta respecto del sujeto (quien supuestamente es la parte activa y hace la realidad), resulta que construye al sujeto; pero entonces la realidad, como algo dado, ya no se comporta pasivamente como objeto, sino que es algo activo y se comporta como sujeto. Por ello es que Marx afirma  en la I Tesis Sobre Feuerbach que “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluyendo el de Feuerbach- es que sólo concibe la cosa (Gegenstand), la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto (Objekt) o de contemplación (Anschauung), pero no como actividad sensorial humana, como práctica, no de un modo subjetivo. De ahí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal”(3). Pero entonces, ¿quién hace a quién?, ¿es el sujeto quien investiga la realidad el que la construye a través de la práctica, o por el contrario es la realidad dada la que hace al investigador?.

Sin saberlo yo, la realidad dada, como sistema de objetivaciones, me ha transformado, y me hace ser lo que soy. ¿Por qué razón soy lo que soy, científico social, estudiante de administración de empresas, profesor de economía?. ¿A través de qué procesos hemos llegado a ser lo que somos?. ¿A  caso yo no soy producto de los procesos de la realidad social y para ser lo que soy he tenido que dejarme moldear por los procesos de la realidad?. Por tanto, el sujeto que pretende conocer  la realidad resulta que es un sujeto complejo y ambiguo, es un sujeto que no tiene el aspecto, para empezar, de objeto, pero lo es. Se trata de un sujeto que deja de ser abstracto, es concreto. El sujeto no está separado de la sociedad, es un sujeto que vive  en y de la sociedad, es un sujeto  social, significa que el sujeto es una objetivación de las estructuras, procesos, tendencias, y del sentido de la sociedad en la que se halla inmerso; el sujeto es una objetivación, una materialización, una concretización de la lógica del sistema. Como decimos, el sistema es activo, y actúa por virtud propia. El sistema no es algo  muerto. Es en este preciso sentido que Durkheim, uno de los fundadores de la sociología como ciencia, ha propuesto que el objeto propio de la sociología es el “hecho social”, entendiendo por tal “Toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de ejercer sobre el individuo una coacción exterior”(4). Ya sabemos que el problema de la visión durkhemiana de la objetividad es que concibe los hechos sociales como realidades absolutamente separadas de la acción subjetiva de la praxis, es decir cae justamente en el tipo de materialismo que Marx había criticado en las Tesis Sobre Feuerbach. En todo caso hay que caer en la cuenta que la realidad en la que el hombre vive no es una realidad muerta, es una realidad siempre concreta que incide sobre el hombre socio-históricamente condicionado, el sistema está vivo. El sistema, en cierto sentido, se nos impone como un horizonte de sentido y de finalidad. El sistema me impone su nomos, su telos, sus significados.

Pero por otra parte el sujeto no es sólo soporte o bien objeto de la lógica del sistema; el sujeto es también activo, y puede a través de su praxis transformar la realidad dada. Mover la realidad dada hacia lo que puede ser, hacia lo que debe ser, hacia lo que deseamos que sea.

“La doctrina materialista –dice Marx- de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación distinta, olvida que las circunstancias se hacen cambiar precisamente por los hombres y que el propio educador necesita ser educado”(5). No cabe duda de la necesidad de desarrollar una reflexión sobre las estructuras de la subjetividad en su relación dialéctica con el sistema de objetivaciones de lo real dado, y cómo se revolucionan dichas estructuras dadas por la acción subjetiva de los hombres en sociedad. En todo caso habremos de enfrentar esta problemática más adelante en esta investigación en el apartado que dedicaremos al tratamiento de la categoría de sujeto en la teoría de Marx.

Tanto el que investiga como la realidad investigada se comporta, en la racionalidad social, como alguien o como  algo, que es, al mismo tiempo, sujeto y objeto; aunque no es sujeto y objeto de cualquier manera, en cualquier momento, y en cualquier circunstancia. Es tarea de la ciencia social esclarecer en qué sentido, bajo que circunstancia, y en qué momento la realidad y quién la investiga es sujeto y también objeto.

A continuación precisamos algunas notas esenciales que forman parte constitutiva de la dimensión de objetividad de lo real social:

a). Lo real social es sujeto/objeto; no debe haber una separación absoluta entre subjetividad y objetividad, dicha separación no es real y conduce a un falso problema. Toda separación de objetividad y subjetividad conduce a una visión metafísica y estéril de lo real. En alguna forma esto es lo que Hegel criticaba de Kant porque este pretendía postular una realidad en-sí puesta absolutamente al márgen de la subjetividad, y en tal sentido estaba cerrando la dialéctica al proponer un ámbito de la realidad allende a la acción práctica del sujeto(6). Por su parte Marx considera que “El problema de si el pensamiento humano puede llegar a una verdad objetiva (gegenstanliche) no es un problema teórico, sino un problema práctico”(7). No hay ni objetividad ni subjetividad absolutas, sólo relativas.

b).  Una objetividad relativa al carácter estructural de la vida social como objetividad sistemática que tiene fuerza de imposición. Precisamente por ello Kedrov-Spirkin pueden señalar algunas características de la ciencia social burguesa: “La ciencias sociales burguesas se caracterizan por el estudio de los elementos estructurales de la sociedad, siendo mucho menos frecuente en ellas la investigación de los procesos relacionados con sus transformaciones y desarrollo. Ello es debido a que les domina la idea, reflejo directo de los intereses de los grupos rectores de la burguesía, de que el régimen capitalista constituye en su conjunto la organización más racional de la sociedad, y que los cambios que se puedan experimentar en ella son posibles únicamente dentro del marco de la estructura existente, al objeto de mantener su equilibrio”(8).

c). Una objetividad que es relativa también a la fuerza de imposición que tienen las tendencias por el cambio surgidas de la autocontradicción de lo real dado, y la capacidad, racionalidad, y oportunidad de la acción planificada de los sujetos sociales por profundizar esa tendencia hacia el cambio. Esta idea de objetividad también implica la consideración de que el cambio es algo estructural y permanente, con fuerza de imposición.

d). Asumimos que la sociedad tiene leyes, es decir que la sociedad es una realidad ordenada. La realidad social tiene una lógica interna, y esa lógica interna es su ley, la regularidad interna de esa realidad llamada sociedad. Claro está que hay que caer en la cuenta que es la razón (trascendentalmente entendida) la que se da cuenta que la realidad social es ordenada. Se trata de un orden que sólo se revela a una razón que también se construye socialmente. Una razón que es producto de la praxis social.

La sociedad que esta ordenada tiene sentido y telos, tiene significado, tiene propósitos, no es una realidad que se mueva permanentemente por la casualidad, sino que se mueve por la causalidad. Pero tampoco descartamos el influjo del elemento del azar. Este azar o casualidad también juega en la construcción social de la realidad (9). Pero la ciencia no puede basarse en el azar. La ciencia busca establecer lo que es ley, lo que es necesario.

Hay que considerar, entonces, que una dimensión de la objetividad de lo real social proviene de la fuerza de imposición con la cual nos arremete el orden de lo real social dado. Pero hay que tener en consideración que hay otra dimensión de la objetividad que viene de la fuerza de imposición propia de la praxis social con la cual se lucha   por la reproducción del orden establecido como sistema de objetivaciones o bien se lucha por revolucionar dicho sistema de objetivaciones para transformarlo por otro orden social superior.

En la óptica de Marx, sólo la praxis revolucionaria alcanza el estatuto de existencia propiamente histórica en tanto que la práctica reproductora del orden social que sojuzga a los hombres es considerada como existencia prehistórica. Al respecto Marx ha dicho que “Las relaciones de producción burguesas son la última formación antagónica del proceso social de la producción; antagónicas no en el sentido de un antagonismo individual, sino un antagonismo que proviene de las condiciones materiales de la vida. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por tanto, la prehistoria de la humanidad”(10).

En síntesis, el orden social dado, como objetivación de una praxis social anterior, tiene fuerza de imposición sobre los sujetos igualmente existentes. Es por ello que Marx afirma que “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”(11). En este sentido lo real-social dado existe como una especie de segunda naturaleza que tiene objetividad como cosificación de una praxis anterior, es decir que lo dado como algo objetivo no debe ser entendido como algo en-sí, como una exterioridad absoluta. Ya sabemos que en el contexto de la lucha de clases, la clase dominante trabaja permanentemente por hacernos creer que lo real-social es algo absolutamente exterior a la acción social de los sujetos concretos; justamente en esto consiste el carácter burgués de la racionalidad pseudocientífica de la burguesía según Marx (12). Sin embargo hay que enfatizar que la praxis concreta de los hombres igualmente concretos también tiene fuerza de imposición en tanto que puede superar el orden social dado por otro cualitativamente superior. Entonces, en el terreno de lo histórico-social hay objetividad por el lado de lo social existiendo como sistema de objetivaciones, pero también hay objetividad por el lado de la acción de los hombres que revolucionan el sistema social.

Todo este primer concepto, es decir el de la existencia social cosificada y alienada, trata de capturar esa dinámica  en la cual el hombre es víctima del movimiento social, el hombre es un objeto manipulado, maniobrado, moldeado por la lógica del sistema.  Este segundo concepto, es decir el de la existencia social humana como práctica revolucionaria, destaca al hombre como existiendo como sujeto, no tanto como objeto, como elemento que partiendo de las condiciones dadas puede y debe transformar la sociedad superando su carácter de ser prehistórico para alcanzar, desde la construcción de la libertad, la dimensión propiamente histórica de la vida humana. Cuando la sociedad se les revela como sujeto, la sociedad tiene fuerza de imposición; y cuando la sociedad se le revela como objeto, el hombre tiene fuerza de imposición; porque entonces él es sujeto.

Referencias Bibliográficas:

(1). GONZALEZ, Antonio, Hacia una Fundamentación de las Ciencias Sociales, en Varios, Para Una Filosofía Liberadora, San Salvador, UCA Editores, 1994, p. 66.

(2). MARX, Carlos, Prólogo a la Primera Edición de El Capital, México DF., FCE., 1966, P. XV.

(3). MARX, Carlos, Tesis I Sobre Feuerbach.

(4). RODRÍGUEZ, Ibáñez, José E., La Modernidad de la Sociología Clásica, San José, Costa Rica, FLACSO, 1991, p. 12.

(5). MARX, Carlos, Tesis III Sobre Feuerbach.

(6). MARCUSE, Herbert, Razón y Revolución, Madrid, Alianza Editorial, 1996, pp. 67-68.

(7). MARX, Carlos, Tesis II Sobre Feuerbach.

(8). KEDROV, MB.-SPIRKIN, A., La Ciencia, México Df., Grijalbo, 1995, p. 84.

(9). RODRÍGUEZ, Silvio, Causas y Azares, Cantautor Cubano, Perteneciente al Movimiento Cultural de la Nueva Trova Cubana.

(10). MARX, Carlos, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, México Df., S. XXI, st., p. 4.

(11). MARX, Carlos, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, en Marx-Engels, Obras Escogidas, México Df., Editorial Quinto Sol, st., p. 323.

(12). MARX, Carlos, Postfacio a la Segunda Edición de El Capital, México Df., FCE., 1966, p. XVIII.

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