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El metal inmortal

Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y Editor suplemento Tres mil

 

No puedo escribir estas líneas, sin escuchar como fondo la inmortal  Highway to Hell de AC/DC. Y es que el Metal sigue en mis venas, como si fuera otra parte de mí. Innegociable, solo es así, sin entrar en discusiones religiosas. Puedo escuchar cualquier tipo de música y disfrutarla, pero el Metal sigue presente. Es como si representara la etapa de mi vida en que más energía tuve.

No fue una simple moda de juventud, porque me siguió con los años a pesar de que ya no luzco cabello largo o camisetas de Iron Maiden o Danzig como antes. Solo sigo escuchando su música.

Atrás quedó ese muchacho que se sumó a la adolescencia y comenzó a conocer de bandas de heavy metal con curiosidad y asombro. Cierro los ojos y recuerdo que escarbaba entre las montañas de discos y casetes en los almacenes con la esperanza de encontrar bandas nuevas y buenas. Claro, conociendo ese universo que San Salvador permitía. Y los amigos que tenían hermanos mayores poseían mayor conocimiento, ahí escuché que el que no sabía mucho de metal era un “boya”, aludiendo a la figura de estar solo y sin nada que hacer en  medio del mar

Existía un programa en la década de 1990 que escuchábamos los amigos en la Radio Cabal: Dentro del Metal. Era un programa revelador, donde vimos que el mundo era más ancho de lo que imaginábamos. Así se fueron sumando bandas a mi colección de gustos y fui trabajando mis conceptos de vida. Además de saber del Rockers Club y el famoso Marinero, y asistir a muchos de los conciertos en Fenastras y el viejo Zanzibar.

Muchos de mis amigos fundaron bandas, buscaban entrar en ese “submundo” como protagonistas de las cuerdas y voces, así que los conciertos eran parte de la rutina. Ahora, imagino, que ellos habitan su día a día, y de vez en cuando, como yo,  les surge el metal. Son cosas que difícilmente dejas.

El escritor argentino Gito Minore me invitó a participar en un proyecto provocando que esa energía del adolescente que escuchó por primera vez Paranoid de Black Sabbath volviera a surgir con fuerza, así como de trabajar muchos proyectos interesantes y que darán frutos para nuestra literatura latinoamericana. Increíble como un género músical, un estilo de vida termina por hermanar dos naciones con miles de kilometros de distancia, Argentina y El Salvador para sumarse a una cosmogonía de voces americanas que tienen  el genial punto en común de habitar el metal y la literatura.

Así decidí sacar de lo inédito un escrito que lo tenía planeado para un conjunto, el cuento Black Shabath que se encuentra entre los diez cuentos publicados en La mano maldita, ficciones metaleras que ha publicado Clara Beter Ediciones en Argentina.

En mi cuento, Black Shabath, elaboro un sincretismo entre el mundo judío, anussim para ser precisos, y el metal representado en  la banda Black Sabath, en la que cantaba Ozzy Osbourne, el cantante que le arrancó la cabeza de un mordisco a un murciélago.

Pero no les cuento más y les invito a escribir al correo electrónico [email protected] a Clara Beter Ediciones para adquirir el libro. Les aseguro que lo disfrutaran de inicio a fin. Y seguramente verán de otra formar el Metal.

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