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«El mensaje», de Julio Enrique Ávila, y el comentario de Miguel de Unamuno  

Entre los textos que integran El mundo de mi jardín, de Julio Enrique Ávila, destaca «El mensaje», poema en el que el autor desarrolla una de las ideas centrales de su pensamiento: la concepción de la realidad como una sucesión de promesas cuyo cumplimiento se proyecta hacia el futuro. La naturaleza, el ser humano y la vida espiritual aparecen así vinculados por la esperanza de una transformación que, para Ávila, culminará en el triunfo del amor.

El interés de este poema se ve reforzado por el comentario que Miguel de Unamuno le dedicó tras su lectura y que forma parte del prólogo que escribió en 1928 para El mundo de mi jardín, desde su exilio en Hendaya. Esta obra fue reeditada en 2025 por la Editorial Universidad Don Bosco.

«El mensaje»

“En todo existe inmanente el gesto de una promesa.

Todo es una promesa: un mensaje que no se ha cumplido, que nunca se acabará de cumplir. Así, el naranjo nos hace esperar una cosecha; la mata de geranios, una primavera; y la zarza silvestre, el dolor de las carnes desgarradas.

Hay mensajes próximos y mensajes lejanos. Hay promesas que nuestros ojos alcanzan a contemplar realizadas y promesas que esperan años y siglos para cumplirse. Pero, próximo o lejano, el mensaje se cumplirá siempre, indefectiblemente.

El mensaje del naranjero se ha cumplido y ha colmado de jugosos frutos la despensa. La estancia desbordante de aromas nos dice que ha florecido la mata de geranios. Y el matiz sangriento de las púas, que el odio de las zarzas está ya satisfecho.

¿Cuál es el mensaje del hombre? Alguien dijo, poco más o menos: “Tener un hijo, sembrar un árbol, escribir un libro…” Sintetizando, diría yo: ¡El mensaje del hombre es el amor! Acaso tarde mucho todavía, acaso tarde demasiado, pero llegará, estad seguro.

¿Que el hombre está poseído de malos distintos?

Pues aun así, él vencerá su egolatría y sabrá cuajar su cosecha. Ya hubo un Buda, un Jesucristo y un San Francisco de Asís…

El erial en que germinó una lozana espiga ¡puede sustentar mañana un millón de espigas! Todo por virtud del arado, o sea, ¡en los predios del espíritu, el ejemplo y la palabra!

¡Día llegará en que el rosal no tenga espinas y en que el hombre sea incapaz de engendrar siquiera un mal pensamiento! Porque todo mensaje se cumple, indefectiblemente, ¡y el mensaje humano es el mensaje de Amor!”

 

Julio Enrique Ávila, 1927

 

Comentario de Miguel de Unamuno sobre «El mensaje» 

“Tener un hijo, sembrar un árbol, escribir un libro”. He engendrado diez hijos, ocho me viven -tres hijas y cinco hijos- he publicado más de una veintena de libros, pero aún no he sembrado un árbol. Pero espero sembrarlo o mejor resembrarlo: el árbol de la libertad de la verdad, que es la justicia, en mi pobre España hoy saqueada, envilecida y entontecida por la más abyecta y repugnante tiranía pretoriana. Estos días el fantasmón de la tiranía- no su director, que es otro- entretiene a la galería de papanatas hablando de la licitud del piropo, requiebro o chicoleo, que es como hacer sus necesidades en público. De niños decíamos en mi pueblo que eso era “mearle a uno en mitad del ojo”. ¡Y los cuitados súbditos se lo soportan!

Y basta. No sin darle las gracias por el envío del libro, que me lo he comido, y que me ha sugerido esas cosillas, que al correr de la pluma se las envío. Desde el destierro fronterizo de Hendaya, frontero al mar, al cielo y a la patria, le saluda.”

Miguel de Unamuno   Jueves Santo, 5-IV, 1928

 

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