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EL LIBRO EN PAPEL VENCE AL ‘ebook’

Eduardo Badía Serra,

Director de la Academia Salvadoreña de la Lengua

El periódico “El País”, de España, en su edición de domingo 14 de octubre del año que corre, publica una noticia que extrañará a muchos jóvenes pero probablemente a muy pocos viejos. Dice el encabezado: “Y el libro en papel no murió en 2018”. Como la información que reproduce es en mi opinión muy importante, anoto algunos de sus principales pasajes.

Dice el artículo: “Hace diez años los gurús de la Feria de Fránckfort, el mayor evento editorial del mundo, dijeron que este sería el año en que el ‘ebook’ vencería el soporte físico. Estaban muy equivocados”. Y abunda sobre el caso: “Cuando la Feria de Fráncfort despertó en 2018, el libro de papel seguía ahí. Y no como el recuerdo de un dinosaurio, sino en el centro del sector”. Como habían pronosticado los expertos en la materia, este año sería el año del libro electrónico. Concretamente, el pronóstico del 2008, anunciaba: “El libro digital ganará al papel en 2018”. ¿Qué ha pasado? Que el libro de papel no sólo se ha recuperado, sino que el ‘ebook’ había también retrocedido, incluso en sus “tierras de promisión por excelencia”, Estados Unidos y el Reino Unido”.

Algunas cifras: Las ventas del libro electrónico en Estados Unidos han bajado un 10.8 % en los últimos cinco años, siendo su participación, de sólo el 23 %. En Europa continental, este libro no supera el 10 % de participación en el mercado, (Alemania, 8 %; Holanda, 6.6 %; España, 5.1 %; Italia, 4 %; Francia, 3.1 %). Sólo Inglaterra alcanza una siempre baja pero mayor participación en las ventas, 15 %. El artículo cita la calificación de un experto consejero delegado de Hachette, sexto conglomerado editorial del mundo, Arnaud Nourry: “El ebook es un producto estúpido; es lo mismo que un libro impreso, pero electrónico; no es nada creativo, ha funcionado porque es hasta un 40 % más barato que el de papel, pero tenía un techo”. “El ebook no ha mejorado la experiencia lectora, no ha aportado más allá de la compra inmediata, que es más barato y que llevas muchos libros en un mismo espacio”, ha agregado Carmen Ospina, directora de mercadeo y desarrollo de negocio de Penguin Random House Grupo Editorial. E incluso, los jóvenes norteamericanos entre 18 y 24 años han declarado que les gustaría pasar menos tiempo clavados ante un dispositivo digital.

El artículo abunda en datos, suficientes para creer en su objetividad y en su seriedad. El mundo está prisionero efectivamente de la propaganda y de la publicidad digital, y entre esta, la del libro electrónico figura entre las más importantes. Pero ahí está la realidad: Nada sustituye el placer del gozo de un buen libro sostenido entre las manos mientras se saborean sus relatos, sus poemas, sus ensayos, sus cuentos. Además, el ‘ebook’ sigue teniendo una fuertísima limitación: Su alcance. Es imposible, digamos que por ahora, poder alcanzar la inmensidad de la literatura escrita en un dispositivo de este tipo. Muchas obras clásicas, monumentales, insustituibles, de gran valor literario, no se encuentran dentro de su muy limitada oferta; y a esto agreguemos que la tendencia de ese recurso corre cada vez más fuertemente hacia el libro ligero, banal, sin contenido, sin riqueza, y hasta bobo.

El mundo es presa cada vez más de la tecnología, y no es que esta sea mala; es, ciertamente mala, cuando se mal utiliza o se abusa de ella, pero esto ya no es su problema sino más bien un problema del hombre, que está convirtiéndose en su usuario poco calificado. Nunca como ahora son ciertas las palabras de Marx en los “Manuscritos”: “Demasiadas cosas útiles, provocan demasiados hombres inútiles”. Eso es lo que vamos viendo: Demasiada oferta de cosas útiles, y como resultado, demasiados hombres inútiles utilizándolas. Ahora, por ejemplo, se pretende que la educación sea totalmente virtual: Profesionales que nunca han conocido un aula, un auditorio, una rotonda para las demostraciones, una biblioteca, y la palabra de un profesor distinguido que ilustre y sepa provocar la sana crítica a su alrededor, despertando la curiosidad y el asombro de sus estudiantes, tan necesarias. Simplemente, intentamos formar médicos, ingenieros, abogados, economistas, científicos, sentándolos ante un ‘campus virtual’ conformando un ágora imaginaria con un grupo de compañeros de aula a quienes nunca ha visto y de quienes nada conoce. Es el precio del hombre ligero, de la sociedad ligera, del mundo del comercio, del mundo de la utilidad económica, en donde el hombre no camina sino vegeta, sin advertir que la esencia vital que le debe acompañar siempre se está desgastando penosa y rápidamente, impidiéndole que viva. Y no es, de nuevo, que la educación virtual sea mala en sí. El problema se repite: Es su pretendida universalización y su abuso, que busca una especie de sustitución total de los anteriores sistemas, al estilo kuhnniano, con sus paradigmas, sus ciencias normales, y demás categorías, ignorando que el progreso humano se ha ido construyendo progresivamente a partir de sus antecedentes. Bien decía Einstein que el progreso de la ciencia actual, (la física actual, decía él), no habría sido posible si no se hubiera sustentado sobre los hombros de quienes comenzaron a construirla, vales decir Galileo, Giordano Bruno, Keppler, Ticho Brahe, y por supuesto, Newton.

El libro de papel sigue caminando, venciendo molinos de viento y teclados de computadora, y viendo hacia los cuatro puntos cardinales, protegido por los grandes clásicos universales, por Dante, por Cervantes, por Shakespeare, por Hemingway, por los Nibelungos, por Goethe, por García Márquez, por Doña Bárbara, por Dostoievski y Tolstoi, y también por Gorki, por los diálogos platónicos y los consejos de Confucio, por la sabiduría de Lao-Tsé, y por tantos otros que por cierto no saben encontrarse en el libro electrónico.

En mi experiencia, las librerías siguen ahí, muy frescas, tan amigables, con su muy peculiar olor a papel sabio, llenas de parroquianos, con sus sillas y mesas calladamente dispuestas siempre a arropar al lector que quiere examinar la obra previo a su compra. Y ahí las grandes ferias del libro, como la de Guadalajara, por ejemplo; y los millones de libros que se entregan, junto a una rosa, en las fraternas diadas catalanas  Y es que no es fácil sustituir la cultura, y romperla con un hacha infeliz para alienarla y corromperla. Libros añejos, de segunda, tercera, y hasta tantas lecturas, que renuevan el espíritu y levantan el ánimo en nuestras decaídas almas.

Es prudente reflexionar sobre esta situación. Ir a una buena librería es un adecuado ejercicio; y hojear un libro, olerlo, indagar sobre su autor y sobre su casa editora…y de paso, compartir con el parroquiano vecino que anda en lo mismo, buscando su cultura, que por cierto, en las librerías es muy dado encontrar.

 

 

 

 

 

 

 

 

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