Saúl Méndez
Colaborador
El sábado 14 de febrero de 2026, la comunidad del cantón El Higueral conmemoró el 45 aniversario de la masacre ocurrida en el municipio de San Francisco Morazán, departamento de Chalatenango. La jornada incluyó una concentración en el río El Jute y una ceremonia en memoria de las víctimas, con misa, testimonios y expresiones culturales.
La masacre fue perpetrada por la Fuerza Armada de El Salvador entre el 14 y el 20 de febrero de 1981. Según cifras conservadoras, al menos 200 personas campesinas desarmadas, habitantes del cantón, fueron asesinadas.
Mujeres, niños y personas adultas mayores murieron a manos de fuerzas estatales y grupos paramilitares mientras buscaban refugio de la violencia. Sus vidas quedaron truncadas en medio del horror del conflicto armado y de las operaciones de tierra arrasada, recuerdan sobrevivientes.
“Hasta hoy, esta masacre sigue sin reconocimiento ni investigación oficial. El silencio también duele”, expresaron.
Testimonios señalan que el operativo incluyó tres días de bombardeos y ametrallamientos para aniquilar cualquier presencia humana en la zona. Durante ocho días, las fuerzas militares habrían intentado eliminar evidencias de lo ocurrido.
Se estima que entre 200 y 500 personas fueron asesinadas, aunque sobrevivientes sostienen que más de mil personas habían llegado al lugar buscando protección. Posteriormente, vino el desplazamiento, el miedo y la huida constante. Pero, también, la resistencia: en 1988, El Higueral inició su repoblamiento, en medio del conflicto armado.

De acuerdo con un testimonio anónimo recopilado por la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas, en al menos en nueve municipios de Chalatenango se desarrolló un amplio operativo militar que comenzó el 12 de febrero, con la participación de aproximadamente 8.000 soldados de distintas unidades de seguridad del Estado.
Según el relato, hacia las 2:00 de la tarde del 14 de febrero, ante la inminencia de la incursión militar, pobladores del cantón se desplazaron hacia el río El Jute, con la intención de evadir a los soldados. Sin embargo, un retén de la Guardia Nacional abrió fuego contra quienes huían, mientras tropas rodeaban la zona.
«Como manera de evitar la masacre que se estaba produciendo, algunos de los habitantes quemaron unos zacatales, con lo que consiguieron que algunos soldados se retiraran. Así estuvieron hasta eso de las siete de la noche, en que gracias a la oscuridad pudieron huir al monte. Sin embargo, los soldados capturaron a unas cien personas y las llevaron a Tejutla. En el río quedaron muertas unas cuarenta personas», evidencia el documento.
Otras cuatro personas intentaron huir por otra quebrada, pero los capturaron. Ellos eran:
– Maura Campos (23 años, oficios domésticos).
– Domingo Lemos (25 años, agricultor).
– Tei Avelar (26 años), que se encontraba embarazada y le faltaban quince días para tener el niño.
– Tonio Avelar, quien era de El Cerrón. Con ellos iba un cipote, de nombre Rafael, que pudo escapar y murió tiempo después, según recordó el denunciante anónimo.
«A los cuatro primeros los mataron en el mismo lugar donde los habían capturado, “a puro machete”. A Tei Avelar, le abrieron el vientre y le sacaron el feto. El denunciante no sabe si antes o después de matarla», se escribe en el documento.
En una casa del cantón se había quedado Modesta Avelar (62 años), pensando que nada le harían, junto con su hija Olivia Avelar (34 años, ama de casa). Ambas fueron encontradas por los habitantes cuando volvieron, al lado de la piedra de moler. Las dos tenían un corte de machete desde la vagina hasta el ombligo.
El denunciante no recuerda más nombres de los muertos en el río, pero si quiere señalar que murió mucha más gente que la que nombra, culmina el relato.
Han transcurrido 45 años de la masacre en El Higueral y las víctimas sobrevivientes siguen exigiendo justicia y reparación, como una forma de garantizar que estos hechos no se repitan nunca más.
«Recordar es un acto de justicia. Nombrar a las víctimas es devolverles su dignidad. La memoria es la única garantía de que la historia no vuelva a repetirse», enfatizó la comunidad.

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