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El grito que rompe el silencio en las Américas contra la Violencia Sexual Infantil

Por: Luis Rafael Moreira Flores

Entre el 18 y el 19 de junio, el Cine-teatro de la Universidad de El Salvador (UES) se convirtió en el epicentro de una discusión urgente, dolorosa y profundamente necesaria. El Foro Académico Internacional «Protegiendo La Infancia» reunió a expertas, activistas y sobrevivientes de América Latina en una jornada que la audiencia catalogó como atípica, debido a la crudeza de los datos compartidos, pero, sobre todo, por el enfoque innovador y transformador con el que se abordó una de las problemáticas más silenciosas de la región: la violencia y la agresión sexual contra Niñas, Niños y Adolescentes (NNA).

La radiografía internacional de la impunidad y el poder

El primer bloque del foro puso sobre la mesa realidades que desafían los mitos comunes sobre el abuso sexual infantil. La sesión inició con la impactante intervención de Brisa de Angulo, activista boliviana y fundadora de la organización A Breeze of Hope (Una Brisa de Esperanza).

Su testimonio no solo desnudó al agresor, sino también las fallas estructurales del Estado boliviano: una fiscalía despreocupada, una policía violentadora y un entorno familiar que, en su momento, le dio la espalda para proteger al victimario. No obstante, el enfoque de su ponencia fue más allá de la denuncia penal; se centró en la neurociencia. De Angulo expuso estudios científicos que demuestran cómo el trauma altera físicamente el cerebro de una persona violentada en comparación con un cerebro sano, evidenciando que el abuso deja secuelas biológicas imborrables si no se interviene a tiempo.

Posteriormente, Claudia Montes, representante de Honduras, profundizó en las dinámicas de poder y los estereotipos que rodean estos crímenes. Montes derribó la falsa creencia de que la violencia sexual infantil es un peligro principalmente externo.

«Cuando pensamos en violencia sexual infantil, nos imaginamos a un extraño en una calle oscura, pero la realidad es contraria. No comienza como un acto sexual; comienza desde el abuso de poder de una persona mayor, una figura de apoyo familiar, un maestro o incluso un facilitador de la fe», señaló Montes.

La experta advirtió que los perfiles de los agresores son sumamente difíciles de identificar, ya que transitan en la cotidianidad: desde líderes de jubilados hasta figuras mediáticas reconocidas. Al responder por qué es tan difícil romper el silencio, Montes enfatizó que el abuso ocurre en los espacios de supuesta protección (casa, escuela e iglesia) y que la trata infantil es una realidad invisible que nadie investiga adecuadamente. Asimismo, criticó el rol de los medios de comunicación, que suelen revictimizar exponiendo la identidad del agredido en lugar de señalar al agresor. Como solución, instó a los Gobiernos a avanzar urgentemente hacia un verdadero sistema de protección familiar.

En esta misma línea de análisis, se anunció que el próximo 9 de agosto se llevará a cabo una campaña mundial para visibilizar estos casos. Inspirada en la experiencia de una niña que se alza contra la injusticia, la movilización de 2026 proyecta la participación de 20 países, alrededor de 47 organizaciones aliadas y un alcance estimado de 650,000 personas a nivel global.

Estándares internacionales y el uso de la Inteligencia Artificial para el delito

La perspectiva legal e institucional estuvo a cargo de Carmen Arispe, también de Bolivia y miembro de A Breeze of Hope. Arispe presentó cifras alarmantes de la jurisprudencia boliviana, donde los casos formalmente reportados representan apenas el 15.63%, dejando una inmensa cifra oculta bajo la impunidad. Explicó que, ante la ineficacia y obsolescencia de las normas internas de nuestros países, los estándares internacionales se vuelven herramientas de supervivencia jurídica indispensables.

Arispe explicó el marco conceptual del problema: el lazo familiar y la dependencia económica son las principales barreras que impiden romper el silencio. Hizo un llamado a aplicar la «debida diligencia» en las investigaciones y a recopilar estadísticas confiables para diseñar políticas públicas adecuadas. Además, introdujo la necesidad de aplicar una perspectiva de género e interseccional en los tribunales, dejando de lado prejuicios culturales para innovar con conceptos modernos como la «neutralidad empática». Finalmente, destacó el impacto histórico de la Sentencia del caso Angulo Losada Vs. Bolivia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual ya está siendo utilizada como referente judicial en países como Brasil, Perú entre otros, e invitó formalmente a El Salvador a adoptar estos mismos estándares internacionales para juzgar los delitos de violencia sexual.

Para cerrar el bloque internacional, la criminóloga guatemalteca Claudia Hernández aportó una mirada alarmante sobre las nuevas modalidades delictivas. Hernández alertó que, mediante el uso de la Inteligencia Artificial (IA), se está creando contenido pornográfico utilizando los rostros de NNA, una práctica que también constituye violencia sexual y que incluye la comercialización de estas imágenes en redes sociales. En Guatemala, detalló, estas conductas ya se procesan bajo el delito de Agresión Sexual.

Hernández también analizó el «círculo generacional de la violencia», explicando cómo el cerebro humano aprende a normalizar o controlar ciertos impulsos, pero que culturalmente la sociedad educa a través del castigo, normalizando prácticas como el «uso de la chancla», fenómeno que hoy en día incluso se viraliza en tono de broma mediante memes. A través de una investigación basada en entrevistas cualitativas a tres generaciones (abuela, madre y nieta), la criminóloga identificó categorías de análisis fundamentales: el sufrimiento (tristeza y rabia); la violencia y maltrato (física, psicológica y abuso sexual); y, la negligencia (abandono emocional y abandono físico).

Como ruta de salida, Hernández propuso un abordaje dual. Desde lo individual: sanar, reconocer el trauma, romper el silencio, fortalecer la autoestima y elegir actuar diferente. Desde la sociedad: educar, concientizar, proteger, acompañar, actuar con justicia y construir culturas basadas en el respeto y el cuidado.

La realidad de El Salvador ante la intersectorialidad

El segundo bloque del foro aterrizó las discusiones al contexto salvadoreño. El panel nacional contó con la participación de Sara Alfaro, luchadora sindical; Janeth Chávez, defensora de los derechos de las personas con discapacidad; Elena Zúñiga, en representación de Bienestar Magisterial de la UES; y América Romualdo, presidenta de la Asociación de Mujeres por la Dignidad y la Vida (Las Dignas).

Durante sus intervenciones, las panelistas explicaron el trabajo territorial de sus respectivas organizaciones, compartiendo buenas prácticas basadas en las poblaciones específicas que atienden. Al evaluar los elementos clave para el trabajo con NNA en El Salvador, coincidieron en que el abordaje del infante no puede aislarse de su entorno, puesto que casi siempre está bajo el cuidado de un adulto que puede ser un factor de riesgo o de protección.

Al abordar los aprendizajes obtenidos mediante el trabajo intersectorial, las ponentes lanzaron un mensaje contundente a las instituciones del Estado y tomadores de decisión: para diseñar políticas efectivas, es indispensable consultar a quienes tienen la experiencia acumulada en el territorio, ya sean colectivos de mujeres organizadas o defensoras de mujeres con discapacidad, quienes conocen de primera mano las fallas del sistema de protección actual.

Un cierre de resiliencia

El foro académico cerró de forma emotiva e inspiradora con la proyección del documental «Brisa: una historia de supervivencia, justicia y resiliencia», el cual plasma la lucha de Brisa de Angulo.

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