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Pacífico Chávez

El fin del poder

Pacifico Chávez

Temprano por la mañana te das cuenta que el foco no enciende, tu perro esta echado en el suelo justo debajo del foco quemado, le dices que se quite pero solo abre los ojos te mira y se queda allí sin moverse ignorando tus gritos y señas para apartarlo, después de varios intentos por las buenas, terminas empujándolo suavemente para apartarlo y poner una silla para subirte a cambiar el foco, el perro espera a que termines y vuelve a echarse en el mismo sitio donde estaba con una actitud que te hace soltar la frase ¡Ve que chucho!

Ese mismo día has decidido a hablar con tu jefe que ya es hora de un aumento salarial, buscas el momento oportuno, le expones tus razones, pero él se justifica negándote el aumento, no te queda mas que aceptar que no tendrás el aumento.

Al regresar a casa tu esposa te dice que tu hijo fue amonestado en la escuela por no cumplir con una tarea de lenguaje, le reprendes y le dices muy disgustado que debe corresponder al esfuerzo que se hace para que el estudie, no es posible que no sea responsable con su estudio, le castigas y le adviertes que no se le va a tolerar un incumplimiento más, sino los castigos cada vez serán mas severos.

Siempre estamos, consciente o inconscientemente, midiendo nuestro poder, hasta dónde podemos lograr que otros hagan lo que queremos. Nos molesta el poder de otros y sus consecuencias irritantes e incómodas, el hecho de que nuestro jefe, el gobierno, el delincuente nos obligue a comportarnos de determinada manera, a hacer ciertas cosas o dejar de hacer otras. Sin embargo, solemos buscar ese poder, a veces de manera consciente y deliberada, y otras de forma más sutil e indirecta.

En ocasiones, el poder se ejerce de manera tan brutal y definitiva que sus efectos persisten aun cuando

ello no se justifique. Aunque la Guardia de los años 60, los Escuadrones de la Muerte de los 80 y las pandillas del 2000 ya no estén ejerciendo poder, muchas de sus víctimas siguen estremeciéndose al oír mencionar sus nombres; esta es una experiencia que suelen compartir los supervivientes de crímenes brutales mucho tiempo después de que los criminales hayan sido capturados o ya no sean una amenaza.

El punto central es que el poder se siente, ya sea en el presente, en el futuro o bien con cicatrices físicas y emocionales de sus consecuencias en el pasado. Incluso cuando se ejerce de manera sutil, o apenas se manifiesta, sabemos que está allí, que estamos en presencia del poder.

Salvo en casos extremos en los que se nos impone cierta conducta de forma brutal, mediante amenaza, multas, cárcel, degradaciones, vergüenza, palizas u otros castigos, solemos experimentar el poder más como una coacción moral, como una fuerza física que da miedo.

Precisamente porque el poder es primordial, fundamental, en nuestra vida diaria, no es frecuente que nos detengamos a examinarlo, analizarlo, a determinar con precisión dónde reside, cómo funciona, hasta dónde puede llegar y qué impide que vaya más allá. Si te detienes a pensar un poco ¿Reconoces quienes ejercen poder sobre ti y los tuyos?

No obstante, el poder está presente en todo, desde el sistema de naciones hasta los mercados y la

política; de hecho, está presente en cualquier situación en la que exista una rivalidad o una interacción

entre personas u organizaciones. Cuando se compite, se produce una distribución de poder, que siempre

es relevante para la experiencia humana. Porque la búsqueda de poder, aunque no es la única motivación es, sin duda, una de las más importantes.

¿Para que se quiere el poder? Una pregunta clave.

En definitiva, ¿cómo podemos hablar del poder de manera que sea útil? Para comprender cómo se

obtiene, utiliza o pierde el poder, necesitamos una forma de abordarlo que no sea vaga, ni de grandes discursos, mucho menos que sea confusa. Por desgracia, la mayoría de nuestras conversaciones sobre el poder, no existen o suelen caer en esas clichés sin llegar a nada que nos de una orientación razonable.

No cabe duda de que el poder tiene un componente material y otro psicológico, es decir,  una parte tangible y otra que existe en nuestra mente. Como fuerza, el poder es difícil de clasificar y cuantificar.

Aunque no podamos cuantificar el poder, sí podemos saber cómo funciona. El poder nunca existe de

manera aislada; siempre involucra a otros actores y se ejerce en relación con ellos. El poder de una

persona, una empresa o un país es siempre relativo al que tiene otra persona, otra empresa u otro país.

Cuanta más precisión tengamos a la hora de definir quiénes son los actores y qué es lo que está en juego, más claro veremos el poder; dejará de ser una fuerza poco definida para convertirse en todo un menú de acciones y posibilidades para hacer o deshacer, para crear o destruir.

Y si entendemos cómo funciona el poder, entonces podremos entender lo que hace que funcione bien, se sostenga por sí solo y aumente, y también lo que hace que fracase, se disperse, se deteriore o incluso se evapore. Estamos a las puertas de un evento donde se elige a quienes como sociedad se les da una cuota limitada de poner pero que es crucial en la vida de todos, pensemos bien, conversemos que eso del poder no es para nada algo que debe decidirse sin razonar y menos que otros decidan por mi. Ánimo sigamos la reflexionando al respecto.

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