Por: Luis Rafael Moreira Flores
En el marco de la Cátedra Permanente de Estudios de la Realidad Nacional e Internacional en la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador, el economista César Villalona ofreció una contundente disertación sobre la coyuntura política, económica y social que atraviesa el país. Durante su ponencia, Villalona desglosó las dinámicas de poder en torno al denominado «Clan», la reconfiguración del capital oligárquico, la insostenibilidad de las finanzas públicas y el verdadero impacto de este modelo en la vida cotidiana de las familias salvadoreñas.
Del burgués emergente a la aspiración oligárquica
Villalona inició su análisis estableciendo el vínculo nacional a partir de la evolución económica del grupo familiar en el poder. Recordó que el Clan Bukele comenzó su trayectoria con 12 empresas, posicionándose inicialmente como un sector burgués pero no oligárquico, ya que el volumen de sus negocios no se comparaba con el de los grandes grupos económicos del país. Para comprender esta diferencia, el ponente definió los tres rasgos fundamentales de una oligarquía: controlar la mayor cantidad de empresas del país, poseer las corporaciones más grandes y mantener presencia activa en todos los sectores de la economía.
Según el economista, de los 10 grandes oligarcas del país, 7 se encuentran actualmente aliados con el Clan. La oligarquía tradicional terminó abandonando a su histórico brazo político, el partido ARENA, por petición directa del grupo en el poder para garantizar la gobernabilidad. En ese sentido, Villalona recordó el episodio en el que Bukele ingresó a la Asamblea Legislativa rodeado por las Fuerzas Armadas, invitando a reflexionar sobre la gravedad que habría tenido dicho acto si lo hubiese ejecutado cualquier otro mandatario. Este hecho marcó cómo el país ha ido cambiando desde la perspectiva del gran capital, pues mientras el Clan siempre ha tenido la aspiración de transitar hacia una oligarquía formal, también ha mantenido el firme objetivo de destruir a la izquierda en todas sus expresiones.
El especialista aclaró que cuando se habla de destruir a la izquierda no se refiere únicamente al instrumento histórico que representa el FMLN, sino también a los medios de comunicación alternativos, sindicatos y asociaciones sociales que sostienen un discurso de oposición. Para ingresar de lleno al terreno oligárquico, el Clan utiliza cinco mecanismos principales: privatizar e incursionar directamente en el mercado; acaparar las compras públicas de bienes y servicios amparándose en la información reservada, como ocurre en el sector de las droguerías; otorgar incentivos fiscales a empresarios aliados; asociarse con el capital extranjero; y el recurso al robo puro y simple. Sobre este último punto, señaló que basta con hacer la cuenta entre gastos y compras, citando como ejemplo que en el informe de labores 2020-2021 la canasta solidaria se registró con un costo cercano a los 90 dólares por unidad, una cifra que invita a evaluar si ese era su valor real.
Los pilares del régimen y el vacío de la oposición
Para Villalona, la verdadera fortaleza del gobierno no reside únicamente en la narrativa de la seguridad, sino en una estructura más compleja integrada por una veintena de componentes. Entre los principales se encuentran el mantenimiento de un Régimen de Excepción de forma permanente, el éxito comunicativo en materia de combate a la delincuencia y la contención social basada en el miedo. A esto se suma la alianza con la oligarquía, la cooptación de gremios populares tanto por conveniencia como por temor, y un proceso de aplastamiento cultural que ha incluido el cierre de diversas instituciones públicas.
Mientras el régimen consolida su poder, la oposición política carece de una estrategia articulada, dividiéndose entre una oposición real pero acorralada y una oposición silenciada. Paralelamente, el gobierno ha diseñado una reorganización territorial del país: en el norte se promueven programas de minería que enfrentan la resistencia de la Iglesia Católica y comunidades eclesiales; en la zona central se concentra la industria de la construcción; y en la franja costera se impulsa el turismo.

En cuanto a la implementación del Bitcoin, Villalona fue enfático al sostener que el Bitcoin no es dinero, recordando que el dinero debe cumplir tres funciones esenciales: ser unidad de cuenta, medio de pago y medio de atesoramiento, roles que en El Salvador sigue desempeñando de forma exclusiva el dólar. Describió la criptomoneda como una ilusión fallida que funciona como un casino digital expuesto a constantes fluctuaciones. Además, advirtió que este sistema se presta para el lavado de dinero y la generación de préstamos bancarios con fondos de dudosa procedencia, recordando que los bonos entregados a la población a través de BANDESAL provinieron de deuda pública que hoy se debe pagar.
El espejismo económico, la crisis de vivienda y el ajuste fiscal
En la vida cotidiana, las encuestas reflejan que los problemas más urgentes para la población son el alza de los precios y la falta de empleo. Sin embargo, en el imaginario colectivo se ha instalado la idea de que la seguridad ha mejorado y que las dificultades económicas responden a una crisis mundial, alimentando la expectativa de que vendrán tiempos mejores gracias a la entrega de bonos o canastas alimentarias. Esta resignación influye directamente en las dinámicas electorales, donde en los comicios pasados el 46% de la población decidió no votar. Ante la falta de alternativas, la conclusión es que el rumbo político continúa bajo el dominio de una triada gobernante compuesta por el Clan Bukele, la oligarquía y los intereses de Estados Unidos.
Desde una lectura teórica, Villalona enmarcó la coyuntura actual dentro de las etapas del pensamiento marxista, señalando que, tras periodos de revolución, dualidad de poder y estancamiento, el país atraviesa una fase de contrarevolución. En este contexto, el medio ambiente sufre serias consecuencias debido al avance desmedido de más de 120 proyectos de construcción. Un claro ejemplo es la edificación de torres de apartamentos de hasta 35 pisos con costos superiores a los 200,000 dólares, una oferta completamente alejada de la realidad de más de medio millón de personas que demandan una vivienda digna.
Esta expansión de la construcción ha convertido al rubro en el cuarto sector de la economía, beneficiando a las familias oligárquicas propietarias de constructoras y a la banca privada, que obtiene abultadas ganancias mediante el financiamiento de proyectos, créditos de construcción e hipotecas. Al mismo tiempo, el sector transporte se dinamiza con el movilizado de materiales, mientras que el turismo atrae a visitantes interesados en observar el fenómeno político local. Por el contrario, sectores productivos clave como la agricultura, la industria, los servicios, la enseñanza y la energía se encuentran en un claro descenso.
Finalmente, el economista alertó sobre el crítico estado de las finanzas públicas, indicando que el ritmo de endeudamiento del actual gobierno ha superado a las administraciones de Funes y Cerén, y pronto se sumará el de Saca. La sostenibilidad de esta gestión depende exclusivamente de la adquisición de nuevos préstamos. Ante este panorama, una eventual negociación con el Fondo Monetario Internacional exigirá severos compromisos de gobernanza, donde las medidas de ajuste se traducirán inevitablemente en más despidos en el sector público y el uso de los fondos de pensiones para saldar las obligaciones financieras del Estado.
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