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lunes , 16 octubre 2017
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El beso del panda

René Martínez Pineda *

Falta mucho camino por recorrer y cien veredas por abrir; todavía hay mil sueños juveniles que cuidar en el rincón del alma, decease apenas empiezan la larga travesía, viagra porque siempre se está empezando cuando de carear la vida se trata. No se detengan, porque detenerse es morir en vida; detenerse es perder la razón por la cual respiran; no claudiquen antes de tiempo, ni por falta de tiempo, porque nunca es tiempo de claudicar cuando el espíritu es más grande que el cuerpo y el corazón más grande que el pecho. No dejen de levantarse después de cada caída, porque sólo los que caminan se caen y porque nunca es tiempo de quedarse pastando en el suelo como los gusanos, siempre es tiempo y siempre estamos a tiempo de levantarnos y empezar todo de nuevo, aunque de todo nos haya pasado; deben aceptar sus sombras, porque las sombras son producto de la luz; deben enterrar sus miedos a flor de tierra y tenerlos a la mano para recordar quiénes son, porque sólo los valientes sienten miedo; deben echar por la borda el lastre que de cuando en cuando cargan de forma solidaria, ya que sólo los que se hacen cargo de sus vidas cargan un lastre; deben retomar el vuelo que tiene como alas mirar lejos, mirar hacia las utopías que los demás miran como una sífilis indecible. No bajen la cabeza ante nada y ante nadie y nunca dejen de caminar aunque la perversidad les ampute las piernas, porque la existencia es eso, porque la dignidad es eso, porque la identidad es eso: retoñar las piernas; continuar el viaje aunque el cansancio sea de plomo; perseguir sus sueños y no que los sueños los persigan; ser militantes del tiempo; barrer los escombros que quedan después de construir; destapar el cielo para que se refleje en sus ojos y sea su horizonte.

No se detengan, porque detenerse es vivir medio muertos, no se detengan aunque ya no esté a su lado sanando sus heridas y vitoreando sus triunfos. Aunque el frío incendie sus espaldas; aunque el miedo muerda fuerte; aunque el sol se oculte y caminen a ciegas, siempre habrá fuego en sus almas, siempre habrá vida en sus sueños, siempre serán los comandantes de sus destinos. Porque la vida es de ustedes y de ustedes el deseo, si así lo quieren.

Descubrirán que el amor y el odio son siameses; descubrirán que no puede haber virtud sin defecto; descubrirán que no hay heridas que no cure a tiempo el tiempo. Abrir ventanas es mejor que cerrar puertas; quitar candados es mejor que poner púas; miércoles de cenizas es mejor que viernes santo; construir puentes es mejor que levantar muros cuando de protegernos se trata. Vivir la vida implica aceptar el reto de morir en el intento; la risa es meritoria en quienes saben llorar y lloran para ver de otra forma las estrellas; a veces poner en guardia el corazón y bajar las manos; desplegar las alas y tener los pies en la tierra; intentarlo siempre para ser autores de sus biografías.

No se detengan, detenerse es morir medio vivos; no se detengan aunque el frío sea un infierno; aunque el miedo sea un perro rabioso desbocado; aunque el sol se niegue a abrir los ojos y caminen a tientas. Más allá de los panteones cada día es un necio comienzo. Siempre es la hora correcta y el lugar preciso cuando estamos preparados para vivir sin miedo a la nostalgia.

La nostalgia es la mejor aliada de la memoria y la historia. La nostalgia es la partera de los labios dulces; de los cielos acongojados de nubes blanquinegras; de las hojarascas de olvidos llenos de recuerdos; de los griteríos silenciosos; de las paciencias interminables con quienes amamos a muerte; de las flores en el viento que están fornicariamente enamoradas de las abejas porque de ellas depende la vida; de las infamias inservibles y las hazañas indispensables; de las fealdades del mercado y las bellezas de las descalzas; de los rocíos como penas inconfesas; de las escopetas de ilusiones; de los perdones mal ganados y las sentencias bien impuestas… pero descubrirán que todo eso es un mínimum vital de la nostalgia, que es apenas un simulacro, porque la única nostalgia válida es la de piel que amamos con locura.

¿El tiempo para que tengan tiempo? Uno tiene que hacerlo y apropiárselo; los derechos y deberes sólo los impone la vida; la vida sin deberes pierde los haberes; los haberes no se pierden con entregarnos; entregarnos no es amar a lo loco; no está prohibido amar hasta volvernos locos; también está permitido odiar para purificar el alma y dividir el mar; pero odiar sólo porque sí abre heridas hondas que se niegan a cerrarse; el corazón es el que debe permanecer abierto; la llave maestra es el amor por los pobres; ese tipo de amor nos define; definirnos así es remar contra la corriente de la injusticia; negar palabras es aceptar distancias; el sexo hace hermosa la vida; la vida parte del sexo no importa la religión… no todas las cosas tienen una causa; no toda causa tiene un efecto, como el amor o la pobreza; la mejor caricia es ser agradecido; la peor soledad es creernos la sal de la tierra; sólo las aves de rapiña quieren comer solas; para no estar solos hay que tener un compromiso social en el que demos y recibamos; para darnos debemos desnudarnos; para recibir debemos merecer pedir; pedir no es mendigar; mendigar es odiarnos psicopatológicamente; para que nos amen debemos tener una historia en la que seamos guionistas y estrellas; ser guionista es poder soñar con otros y que otros nos sueñen; soñar es mantener relaciones piel a piel porque las virtuales son frías.

No se detengan aunque se entretengan besando los pies lindos de una flor, pues detenerse es encogerse; deshonesto no es el que roba sino el que no se da a los demás por placer; el placer es el síntoma inexorable de que estamos vivos; la vida es el primer paso de la muerte y la muerte el último paso de la vida, las estaciones intermedias dependerán de ustedes; somos cuerpo-sentimientos cuando sentimos en estómago propio el hambre ajena; a la fuerza ni la conciencia es buena; al pan: pan, y al vino guerra civil, si la civilización es muda y ha olvidado el sabor del beso de un panda de peluche.

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