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 DE FRENTE A LA GLOBALIDAD, ¿DEBÍAMOS ALCANZAR ESTÁNDARES EDUCATIVOS QUE NOS VUELVAN UNA SOCIEDAD COMPETITIVA?

Luis Arnoldo Colato Hernández

Educador

La modernidad impone a las distintas sociedades una serie de desafíos que obliga a escoger una de dos posibilidades: aceptarlos o quedarse a la saga.

Ambas suponen graves implicaciones para sus futuros.

Aceptar el desafío pasa por aplicarse a reconocer las limitaciones y fortalezas que se tienen como sociedad de cara a esos desafíos, mientras que quedarse a la saga pasa por reducirse a ser apenas el recurso que favorecerá el crecimiento de otros.

Ya sabes, la vieja propuesta de Jobs: “…trabaja por tus sueños, no por construir los de alguien más…”.

En el caso particular de nuestro país, no son el territorio o sus recursos naturales lo que permitirá construir el futuro, sino la gente.

Entonces, el sentido común debía imponer invertir en la gente.

La inversión en la gente se hace desde el estado de varias formas; con seguridad física y jurídica, salud, infraestructura y educación.

El que se hace en materia de educación es el de nuestro interés.

De acuerdo a la OSCE, el organismo suprarregional que reúne a todas las direcciones educativas del orbe, dependiente de las NNUU, desde el decenio de los 50´s, después de amplios escrutinios entre los estados miembros, que implicó además de lo propiamente pedagógico, la apreciación de sociólogos, historiadores y economistas, se estableció que la inversión mínima que los estados debían hacer para poder responder a esos desafíos, era en el orden del 6% del PIB anual, con miras a llevarlo hasta el 7,5%.

Porque educar no solo supone que los educandos pasen por las aulas sin más, lo que en la práctica sólo generó generaciones de analfabetas cognitivos [el caso de las generaciones X, Y y Z], solo capaces de manejar una superficial comprensión de 260 palabras, en proporción a las 16,000 que manejan fluidamente las generaciones previas.

Por supuesto esto es dependiente de variables varias, así como el que no todos los elementos de dichas generaciones lo padecen, nada de eso, pero en general se corresponde con los pobres alcances que el modelo educativo tiene, que son mediocres, y que en consecuencia sólo puede reproducir mediocridad.

Consideremos de nuevo el resultado de la prueba PISA, que anualmente se practica globalmente a todos los sistemas educativos de los estados miembros de la OSCE – 81 – y que el pasado lustro colocó a nuestro país en el puesto 79, con los peores resultados de nuestra historia, y que es consecuente con el modelo que se implementó en el país desde el final del conflicto armado.

Otras naciones con condiciones materiales paralelas a la nuestra decidieron cambiar su situación, el caso de los denominados tigres asiáticos, Finlandia, China, quienes vieron en su gente la llave para su futuro, por lo que decidieron educar, y ya vemos todos los resultados.

No será rápido, ni fácil, pero la cosecha llegará, y comenzará con arar el terreno, lo que será fácil porque el suelo ya es fértil.

Falta asumir el desafío.

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