Página de inicio » Opiniones » Cuatro años de guerra innecesaria: ¿para qué?

Cuatro años de guerra innecesaria: ¿para qué?

24 de febrero de 2024.

Hace cuatro años, el mundo presenció el inicio de la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania. Una invasión injustificada e ilegal, contraria a los principios de soberanía, integridad territorial y libre determinación de los pueblos, una agresión que sigue desafiando pilares esenciales del orden internacional como la prohibición del uso de la fuerza para resolver disputas entre Estados.

Detrás de los titulares hay historias profundamente humanas: familias separadas, ciudades dañadas, niños y jóvenes que han crecido entre sirenas y refugios en lugar de aulas. El costo humano ha sido devastador, con cientos de miles de víctimas y millones de desplazados. Miles de niños ucranianos han sido deportados ilegalmente, mientras escuelas, hospitales y otras infraestructuras civiles han sido atacados, dejando a millones de personas sin electricidad, calefacción o agua en los inviernos más duros desde 2022. No se trata solo de destrucción material, sino de vidas interrumpidas y generaciones marcadas por la guerra.

Imagínese lo siguiente: es por la noche, está usted durmiendo en su casa, cuando de pronto suena una alarma en la calle. No es la alarma sísmica. Es una alarma de aviso de bombardeos. En poco tiempo, comienza a escuchar las explosiones de decenas de misiles y cientos de drones. Sin tiempo para agarrar un suéter (la temperatura está bajo cero), reúne a su familia y la traslada a toda velocidad a un búnker antiaéreo, donde permanece encerrado con otros vecinos del edificio. Mientras espera, piensa con tristeza que esa realidad de bombas, búnkeres y alarmas se ha convertido en la cotidianidad de su familia. Mira a la familia vecina, que tiene una niña de tres años, y se da cuenta de que la semana que viene se cumplirán cuatro años de aquella guerra brutal y absurda. Esa niña no ha conocido otra realidad.

La alarma termina, cesan las explosiones y regresa a su departamento. Hace un frío horrible e intenta encender la calefacción para que su familia no se congele. En vano. Durante la noche, Rusia ha lanzado 24 misiles y 219 drones contra varios puntos del país, pero sus objetivos no eran soldados, cuarteles o tanques. Eran plantas energéticas civiles, y usted ha tenido la mala fortuna, compartida con otros 3 mil 700 edificios de la ciudad, de quedarse sin energía, sin calor en esta helada noche de invierno ucraniano.

Ya amanece. Viste a sus hijos para ir a la escuela y prepara el desayuno tratando de transmitir calma y seguridad a su familia. Pero ya no aguanta más esta situación. Cuatro años. Cientos de miles de heridos y muertos. Más de 20 mil niños ucranianos secuestrados por las tropas rusas para ser adoctrinados. Millones de hogares destrozados. ¿Para qué?

La invasión de Ucrania por parte de Rusia no solo ha marcado la vida de millones de familias, sino que también ha cuestionado normas fundamentales que, aunque a menudo parecen lejanas, son las que permiten la convivencia pacífica entre naciones. Estos no son no conceptos occidentales o europeos: su respeto es esencial para tu seguridad y la de todos los Estados, grandes y pequeños por igual.

Asomada al abismo con una guerra imperialista iniciada por Rusia, la Unión Europea ha actuado con un doble objetivo: aliviar el sufrimiento humano y defender un orden internacional basado en normas. Hemos brindado apoyo humanitario y financiero a Ucrania, al tiempo que adoptamos medidas para disuadir la continuación de la agresión. Seguimos convencidos de que la guerra podría terminar si cesara la agresión y se respetaran los principios básicos de convivencia entre Estados.

Desde el primer día, la Unión Europea ha sido firme en un principio esencial: la paz no puede imponerse por la fuerza. La seguridad de todos los pueblos —en Europa, en América Latina y en cualquier región— depende del respeto al derecho internacional y a los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. Esta no es una discusión abstracta: es la base de un mundo más estable, justo y previsible.

Cuando estos principios se debilitan en cualquier lugar, las consecuencias se sienten a escala global. La guerra en Ucrania ha incrementado la incertidumbre económica, presionado los precios de la energía y de los alimentos, alterado las cadenas de suministro globales y detraído recursos que podrían haberse destinado al desarrollo y a la cooperación internacional.

Los salvadoreños saben muy bien que es el desgaste y la presión por un conflicto, pero también el fuego de la esperanza, el alma de un pueblo que anhela por encima de todo la paz. La responsabilidad de salvaguardar la paz y estabilidad globales es compartida. Para países como El Salvador, comprometidos con sus propios desafíos y con el respeto al derecho internacional y con los principios de la carta de NNUU, no es algo lejano: es una garantía de estabilidad, confianza para la inversión, comercio seguro y cooperación internacional.

A la fecha, no vemos indicios de que Rusia se esté preparando para la paz. Según la ONU, solo en 2025, al menos 2.500 civiles fueron asesinados y más de 12.000 resultaron heridos, lo que supone un aumento del 34 % en comparación con 2024. Sin un acuerdo justo y sostenible, el conflicto corre el riesgo de prolongarse, con pérdidas humanas crecientes y un impacto económico y social que trasciende a las partes directamente involucradas. El desenlace de esta guerra determinará en gran medida tu futuro y el de estos principios. Si se recompensa o se normaliza la agresión, la soberanía y la integridad territorial corren el riesgo de convertirse en negociables, lo que debilitaría la estabilidad internacional mucho más allá de Europa.

En este cuarto aniversario, la Unión Europea y sus Estados miembros reiteran su compromiso con una paz justa, duradera y basada en la dignidad humana. Recordar lo que está en juego no es un gesto político, sino profundamente humano: defender un mundo en el que ningún país tenga que temer por su soberanía y en el que las futuras generaciones puedan crecer sin el espectro de la guerra, la violencia y la injusticia.

 

Duccio Bandini, Embajador de la Unión Europea en El Salvador

Friedo Sielemann, Embajador de Alemania en El Salvador

Sonia Isabel Álvarez Cibanal, Embajadora de España en El Salvador

Anne Denis-Blanchardon, Embajadora de Francia en El Salvador

Emanuele Paolo Rozo Sordini, Embajador de Italia en El Salvador

Ver también

¿Silencio conveniente, cómplice o cobarde?

Compartir        – Pacífico Chávez En 2015, Microsoft creó el considerado según el Libro Guinness de los …