Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador
En una escuela del sur de la capital, un profesor realizó junto a sus alumnos un ejercicio para demostrar una tesis expuesta por Maquiavelo hace 500 años: todo actuar es determinado por la manipulación.
Durante un recreo envió al más inquieto de sus alumnos al centro de la cancha, para que mirara al cielo, mientras desde la distancia midió junto al resto de su grado, la respuesta de los estudiantes en su derredor.
Apenas dos minutos después, tuvo a media docena de compañeros rodeándolo, oteando el horizonte buscando lo que el primero aparentaba observar; dos minutos después era el triple, y algunos ya suponían haber encontrado lo que todos buscaban, sin realmente saber qué buscaban. Seis minutos después los juegos se interrumpieron en la cancha, y todos, incluso dos docentes que desconocían del ejercicio y cuidaban la zona, se sumaron a la búsqueda.
En ese punto aquel estudiante inquieto, había ya dejado a todos buscando, y sumado al resto de su grupo, donde todos, incluso, el docente se desternillaba de risa al unísono al observar aquella respuesta, que superó por mucho lo que habían anticipado.
Porque la naturaleza humana es así.
Goebbels llevó esto a su máxima expresión, cuando con propaganda manipuló al pueblo más educado de Europa, el alemán, instrumentalizando sus respuestas a favor de los intereses nazis.
Y todos conocemos los resultados.
La cosa se reduce a la siguiente regla: “…repite 100 veces una mentira como verdad, y será la verdad absoluta…” [Joseph Goebbels, 1932], lo que vemos a diario con afirmaciones que no resisten el más mínimo examen, pero que todos aceptan, porque todos lo repiten.
Así vemos a la mayoría todavía afirmando que los productos chinos son defectuosos, a pesar de que todo, absolutamente todo se fabrica en China, y cumplen con los estándares de calidad que occidente impuso, o a Trump afirmando que Venezuela es la vía por donde se canalizan los embarques de droga a EU y Europa, cuando la DEA y las UN demostraron lo contrario, y ahora, el tribunal que procesa al presidente Maduro lo descalifica como una falacia descarada.
Porque tales afirmaciones son el producto de una narrativa perversa e interesada políticamente.
La razón objetiva: Trump afirmó días antes del ataque terrorista a Caracas, que era todo por apropiarse, entiéndase, robarse, el petróleo venezolano.
Esto movió a muchos a aceptar así nada más, lo afirmado por Trump.
Pero los que llegan a intentar robar el petróleo son los estadounidenses.
Quienes llegaron a destruir un hospital infantil y una distribuidora de agua fueron estadounidenses.
Quienes asesinaron a 100 personas el pasado 3 de enero, y 80 más antes, fueron los estadounidenses.
Quienes secuestraron ilegalmente a un presidente legítimo, fueron los estadounidenses.
El papel de la propaganda es realmente brutal, pues tergiversa hechos y modela opiniones para favorecer un algo que, de otro modo, rechazaremos.
Debemos aprender a diferenciar la verdad de la propaganda.
Debemos aprender a no permitirnos ser instrumentalizados por intereses perversos.
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