Saúl Méndez
Colaborador
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advirtió sobre los efectos del fenómeno El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) en la región y planteó una serie de recomendaciones para reducir la vulnerabilidad de los países frente a eventos climáticos extremos y al cambio climático.
De acuerdo con el Informe Especial de la CEPAL N.° 3, en el Istmo Centroamericano y el Caribe se registra una reducción sustancial de las precipitaciones acumuladas, acompañada de un incremento de la temperatura atmosférica. La situación de sequía se concentra especialmente en el denominado Corredor Seco Centroamericano, que atraviesa Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua.
El organismo señaló al Canal de Panamá como un punto de particular relevancia económica debido a su dependencia del agua almacenada en los lagos Gatún y Alhajuela para el funcionamiento de sus esclusas, lo que lo hace vulnerable a los períodos de sequía asociados al fenómeno.
La CEPAL explica que El Niño/Oscilación del Sur es una fluctuación natural del sistema climático caracterizada por variaciones en la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial y cambios en la circulación atmosférica. Aunque tiene su origen en el Pacífico tropical, sus efectos pueden extenderse a diferentes regiones del mundo y modificar los patrones de precipitación, temperatura y circulación atmosférica.
Ante este escenario, la CEPAL plantea que los países latinoamericanos y caribeños deben dejar de abordar El Niño únicamente como una emergencia aislada e incorporar el riesgo climático de manera permanente en la planificación nacional.
Entre las recomendaciones figura el fortalecimiento de la institucionalidad y de la planificación de largo plazo, particularmente en sectores como el energético, hídrico, pesquero y agrícola, para responder tanto a la variabilidad natural como al incremento de fenómenos extremos asociado al calentamiento global.
El organismo también propone invertir en infraestructura resiliente y sistemas de alerta temprana para proteger activos estratégicos, como centrales hidroeléctricas y líneas de transmisión. En el sector agrícola, estos mecanismos permitirían anticipar decisiones como cambios en las fechas de siembra o la distribución de semillas resistentes.
Otra de las medidas planteadas consiste en desarrollar mecanismos financieros y seguros climáticos que permitan transferir parte de los riesgos. La CEPAL señaló que un fenómeno extremo puede provocar una pérdida acumulada equivalente al 2 % del producto interno bruto (PIB) regional y deteriorar las finanzas públicas, por lo que considera importantes los fondos de reserva, bonos catastróficos y seguros climáticos.
La institución también destaca la necesidad de reforzar la resiliencia de las cadenas productivas, los asentamientos humanos y los ecosistemas, con especial atención a zonas como el Corredor Seco Centroamericano y las comunidades pesqueras del Pacífico.
Asimismo, recomienda promover actividades económicas sostenibles y proteger ecosistemas que funcionan como barreras naturales frente a los impactos climáticos; entre ellos, manglares, arrecifes de coral, praderas marinas y bosques de kelp. En el ámbito pesquero, plantea una gestión sostenible mediante medidas como vedas y cuotas adaptadas a las condiciones ambientales.
La cooperación regional constituye otro de los puntos señalados por la CEPAL. La organización considera necesario coordinar acciones para gestionar cuencas hidrográficas transfronterizas y recursos pesqueros compartidos, además de fortalecer la integración energética y los protocolos de respuesta ante incendios y sequías.
En materia de generación eléctrica, el informe recomienda diversificar las fuentes de energía para reducir la dependencia de las lluvias. La CEPAL advierte que varios países de la región dependen en más de un 70 % de la hidroelectricidad, por lo que plantea aprovechar la complementariedad entre fuentes renovables, como la energía solar y eólica.
La gestión integral del agua a escala de cuenca también es considerada prioritaria. Según el organismo, los promedios nacionales pueden ocultar situaciones diferentes dentro de un mismo país, por lo que recomienda monitorear de manera detallada los caudales y niveles de los embalses para priorizar el consumo humano y la generación eléctrica.
El informe incorpora además la dimensión social del fenómeno climático. La CEPAL estima que los efectos de El Niño podrían incrementar la pobreza en hasta 4.8 millones de personas hacia el final de la década debido a la pérdida de ingresos. Por ello, recomienda fortalecer las redes de protección social mediante transferencias monetarias y apoyo directo a los hogares vulnerables para reducir los efectos del aumento de los precios de alimentos y energía.
El organismo también plantea implementar medidas de gestión de la demanda urbana y eficiencia energética ante el incremento de las temperaturas y las olas de calor. Estas condiciones pueden afectar la salud y productividad laboral y, al mismo tiempo, aumentar el consumo de electricidad para climatización durante períodos en que la generación puede verse limitada.
La CEPAL concluyó que para enfrentar los efectos de El Niño se requiere pasar de respuestas principalmente reactivas a políticas permanentes de prevención, adaptación y cooperación regional e incorporar los riesgos climáticos en la planificación de sectores estratégicos y en las políticas destinadas a proteger a las poblaciones más vulnerables.
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